Incontrolables es una miniserie de misterio de Netflix creada por Mae Martin. Ambientada en 2003, la historia se desarrolla en el pueblo ficticio y ominoso de Tall Pines, Vermont, donde dos adolescentes, atrapados en un internado para jóvenes problemáticos, se alían con el nuevo policía del pueblo para descubrir la verdad sobre el pueblo y la escuela.
¿Internado para niños incontrolables… o secta? Después de que dos jóvenes de Toronto terminan en la Academia Tall Pines, se dan cuenta de que las cosas no son lo que parecen. Su misión original es escapar para quedar libres, pero, poco a poco, se transforma en sobrevivir y evitar que les laven el cerebro y los destruyan. Pero ¿qué está pasando realmente para dejar a estos chicos con el cerebro hecho papilla? Para ayudarlos a resolver el misterio, trabajan con el nuevo detective que acaba de mudarse a Tall Pines con su esposa embarazada y que, casualmente, es exalumna de la Academia Tall Pines y claramente oculta algo grande y siniestro de su pasado.
Esta serie, aunque se centra en una mujer desquiciada que dirige una secta demente (Evelyn) y provoca trauma en todo un pueblo hasta someterlo a su voluntad, también se las arregla para mandarle un enorme dedo medio al borrado bi, sin convertirlo en una gran trama ni en un escándalo (no más escandaloso que cualquier otra subtrama romántica adolescente). Lo vemos a través de la protagonista, Leila.

Leila es el ejemplo perfecto de una adolescente problemática. Si hay una decisión equivocada que tomar, ella la va a tomar. Desde el primer episodio, la vemos con un novio mucho mayor que ella, con quien no debería estar por más razones de las que caben. Así que sabemos que definitivamente le gustan los hombres. Más adelante, cuando está atrapada en los juegos de confesiones grupales, alguien intenta insultarla llamándola lesbiana, a lo que ella responde que es bi, lo cual invalida el insulto. Esto vuelve a surgir más adelante en la serie y Leila aclara que es bi. Es refrescante ver a un personaje decirlo sin vergüenza y, además, identificarse como bi de manera tan clara y sin dudarlo.
Esta serie es única porque nos ofrece mucha visibilidad queer, pero la mayor parte de la atención se centra en que el personaje de Mae Martin es trans, en lugar de que la protagonista sea bi. Esto ha hecho que la bisexualidad pase más desapercibida, ya que tiene menos peso como representación en la serie.
Sin embargo, la bisexualidad está ahí, sin lugar a dudas. Y se muestra a través de la protagonista, lo cual es increíble, ya que los medios suelen dejar que el público haga suposiciones o escarbe entre las migajas para confirmar que un personaje es bi. Si bien nadie necesita tener un historial activo para demostrar sus credenciales bi, resulta más fácil para el público saberlo cuando la prueba está lista y disponible en pantalla.
Los guionistas también aportaron otra forma de confirmación al hacer que la protagonista, Leila, dijera en voz alta que es específicamente bisexual. Esto es importante porque el enfoque más común de la bisexualidad en los medios consiste en hacer que el personaje diga, de manera medio tramposa, que no le gustan las etiquetas… ¡si es que siquiera hablan del tema! Es poco común que el contenido bi sea llamado y nombrado directamente por lo que es. O, dependiendo del contexto, la bisexualidad es secuestrada por otra etiqueta de identidad, se gay-washea o incluso se define incorrectamente.
Tenemos otra confirmación de la bisexualidad más adelante en la serie, cuando Leila y su compañera de cuarto se escapan para besarse en la oficina del director del reclusorio durante el motín. No es que alguien tenga que demostrar a fuerzas un historial de relaciones con un hombre y una mujer para ganarse oficialmente el estatus de bi; aun así, fue agradable ver que estaba abierta a algo con una chica, a pesar de que era una pésima decisión y una idea increíblemente mala.
…Y Netflix lo menciona en su guía de personajes de la serie.
Cabe destacar la explicación de Netflix, que se tomó la molestia de mencionar la orientación sexual de Leila. La mención está colocada de tal manera que contrasta fuertemente con el resto de su biografía, lo que la hace parecer inestable debido a su pasado complicado y a su condición de adolescente rebelde que simplemente lucha contra el mundo. Se enfocan en la única parte de ella de la que está segura: su bisexualidad. Este es un aspecto de ella que los guionistas quisieron poner a la luz, algo bastante poco común en los medios actuales. Es difícil presentar de manera rápida y casual la sexualidad de un personaje sin darle un arco dramático o una subtrama. Esta serie la incorporó de manera despreocupada y logró conectar claramente con el público.
Otro desafío de la representación bi en los medios es incluirla sin descarrilar la trama ni convertirla en un dramático triángulo amoroso, en el que el personaje bi termina pagando los platos rotos porque los guionistas hicieron un desastre con la historia y no supieron cómo mostrar que era bi sin dedicarle toda una escena. La otra opción es que tengamos una pausa eterna en la que los personajes se pongan en modo spot gubernamental y nos expliquen la definición de la orientación sexual a todos. Con demasiada frecuencia, tenemos opciones muy limitadas para una representación decente en pantalla sin que parezca un especial educativo del colegio en el que nos dan una lección o una telenovela completa.
La serie fue creada y escrita por Mae Martin, quien también interpretó al subcomisario, un hombre trans. Mae es bi y no binarie. Mae lleva muchos años hablando abiertamente sobre su identidad queer y consideró que valía la pena contar esta historia. Se inspiraron en un amigo de la preparatoria que había sido enviado a una escuela similar y que siempre contaba “historias loquísimas” sobre el trato poco convencional y agresivo que recibía allí. El amigo de Martin incluso asesoró en la serie.
A pesar de que esta historia está basada en una secta bastante perturbadora, esta es bastante tolerante o, al menos, igual de tolerante con las relaciones queer. Muchas sectas buscan fortalecer su rebaño mediante discursos intolerantes y, por lo menos, esta secta increíblemente tóxica y cuestionable no está propagando odio contra las personas bi ni contra la comunidad queer en general. Vemos un ejemplo de esto con Evelyn (la directora del internado) cuando la acusan, casualmente, de hacer algo por razones homofóbicas, y ella rápidamente lo descarta con desdén para revelar sus verdaderas razones e intenciones.
La única verdadera muestra de bifobia aparece cuando los chicos intentan usar lo queer como insulto, ante lo cual Leila simplemente se encoge de hombros y los corrige: no es lesbiana, sino bi. En general, a nadie en Tall Pines le importa por quién sienten atracción sus alumnos. A la academia solo le interesa lavarles el cerebro a los chicos y hacer que se ajusten al pensamiento grupal y al adoctrinamiento que exige la misión de la secta. Tienen cosas mucho más importantes de las que preocuparse que esas ideas anticuadas e intolerantes.
Esta serie hace un excelente trabajo al exponer la bifobia común y, acto seguido, darle una buena bofetada al borrado bi con un poco de esa actitud adolescente descarada de toda la vida.