Futbolista es la novela de Jonny Garza Villa que sigue la vida de Gabriel Piña, conocido como Gabi, un joven portero universitario iniciando el primer semestre en la universidad de Texas A&M en Corpus Christi con un futuro muy claro: destacar en el fútbol colegial, mantener su reputación intacta y acercarse cada vez más a su sueño de jugar profesionalmente en la Liga MX, la MLS (la liga de fútbol estadounidense) o incluso representar a El Tri. Gabi cree saber exactamente quién es: disciplinado, enfocado, orgullosamente mexicano y, sobre todo, heterosexual. Su identidad parece ser tan definida como su trayectoria deportiva, y desviarse de ese camino no es una opción. Durante los primeros capítulos queda bastante claro que la atracción de Gabi hacia las mujeres forma parte de su identidad.
Sin embargo, esa certeza comienza a tambalearse cuando Vale, un compañero de su clase de filosofía, se ofrece a ayudarlo como tutor. Vale no es un desconocido: ambos comparten el recuerdo incómodo de una fiesta, donde en un momento fugaz se besaron durante un juego de retos.
Aunque para el lector esto puede resultar revelador, se muestra cómo Gabi racionaliza el episodio más que aceptarlo como parte de su deseo.
No veo a ninguno de mis compañeros de cuarto, aunque tampoco sería lo peor del mundo si me vieran besando a un chico. Probablemente se burlarían de mí, pero supongo que también respetan lo suficiente las reglas de los juegos para beber como para saber que solo estoy ayudando.
Este razonamiento revela cómo necesita situar el acto dentro de una lógica externa — la presión del grupo, la dinámica social — para no cuestionar su identidad. Para él, besar a un chico no es un problema, pero lo presenta como algo neutral, casi técnico, sin implicaciones emocionales: un gesto de “aliado” más que de deseo. El incidente se archivó como un hecho aislado, sin significado real.
No tengo que demostrarle qué tan cómodo me siento ni contarle mi historial personal de besos para asegurarle que eligió a un aliado.
No es hasta tener una conversación íntima en el gimnasio con su amiga Kat que intenta abrir un espacio de confianza, cuando surge el tema de Vale. Kat le señala con delicadeza que hay una cercanía y tensión emocional que parecen ir más allá de la amistad: cómo lo mira, cómo busca impresionarlo, el contacto físico entre ambos. Gabi lo niega con rapidez, reafirma que es heterosexual y que solo son amigos, aunque su incomodidad revela lo contrario.
El fragmento muestra el contraste entre lo que dice y lo que piensa. Mientras insiste en que no hay nada, internamente reconoce una atracción intensa y recurrente hacia Vale. Esa contradicción lo lleva a cuestionar su identidad, atrapado entre la negación y la aceptación. La tensión se refleja en su vida diaria: se distrae en clases, rinde peor en los entrenamientos y pasa gran parte del tiempo imaginando escenarios íntimos con él.
Finalmente admite para sí mismo que es bi. Ya no como una posibilidad abstracta, sino como una verdad que logra nombrar al afirmar:
Soy tan bi.
A diferencia de momentos anteriores, donde racionalizaba sus sentimientos como curiosidad, aquí reconoce que su deseo por Vale es real y profundo. Sin embargo, esta aceptación ocurre solo en el plano íntimo y está atravesada por el miedo: anticipa la homofobia, el rechazo de sus compañeros y la amenaza de perder su futuro deportivo. Garza Villa ha declarado que Futbolista nació de su interés por explorar la cultura masculina que rodea al fútbol, especialmente desde una perspectiva latina y mexicana.
Según el autor, aunque este deporte suele ser símbolo de orgullo cultural, comunidad y aspiración, también puede funcionar como un espacio excluyente para quienes desafían sus normas tradicionales de género y sexualidad. Asimismo, señaló que quiso presentar a Gabriel Piña como un protagonista seguro de sí mismo, orgulloso de su masculinidad y de su talento en la cancha, pero que, aun así, sigue cuestionándose sobre su pertenencia, representación y aceptación.
