Arthur’s Whisky es una comedia fantástica británica que sigue a tres mujeres — Joan (Patricia Hodge), una viuda reciente, Linda (Diane Keaton), una estadounidense a la que le gusta desquitarse, y Susan (Lulu), un espíritu libre que nunca se casó — quienes descubren un elixir milagroso inventado por el difunto esposo de Joan, que las lleva a vivir aventuras en sus versiones juveniles recuperadas temporalmente. Ambientada en un tranquilo pueblo inglés, la película comienza mostrando la vida retirada de Joan y Arthur: ella cuidando su jardín mientras él trastea inventos en su cobertizo. Cuando Arthur perfecciona su fórmula rejuvenecedora infusionada con whisky, su celebración triunfal se trunca abruptamente — un rayo lo alcanza en el jardín momentos después, dejando a Joan viuda y en posesión de su extraordinario invento.
Tras el funeral, Joan comparte el elixir con Linda y Susan. Despiertan convertidas en sus versiones veinteañeras (interpretadas por Esme Lonsdale, Genevieve Gaunt y Hannah Howland), reaccionando con una mezcla de horror y deleite. Al darse cuenta de que la transformación dura solo seis horas, se entregan al absurdo: Linda prueba repetidamente su movilidad sin dolor levantándose de una silla, Susan coquetea con un atractivo dueño de un food truck, y Linda va molestar a su exmarido durante su cumpleaños numero 70. Sus aventuras culminan en un viaje a Vegas con drag queens y un tributo a Boy George antes de que la magia se desvanezca.
Aunque una reseña inicial de The Guardian calificó la película como “agresivamente anodina pero no del todo desabrida“, su enfoque amable sobre la trama familiar de cambios corporales prospera gracias a la extraordinaria química de su talentoso reparto. Mientras algunos roles secundarios parecen escogidos apresuradamente, el carisma del trío central sostiene la historia.
En cuanto a representación bisexual, esta película sobresale también. La bisexualidad de Joan se revela orgánicamente durante una conversación sobre matrimonio. Cuando Linda bromea diciendo que al menos Joan se casó con un buen hombre, ella responde con sencillez:
Sí quería a Arthur… pero si la vida hubiera sido diferente, habría elegido a una mujer.
Esta confesión discreta refleja toda una vida de anhelo silencioso, presentado sin melodrama, y afortunadamente la película tampoco reduce a Joan a su sexualidad.

Bajo su superficie ligera, el filme aborda el envejecimiento y la autonomía. El arco de Joan — su matrimonio feliz-pero-incompleto, su melancólico “qué hubiera pasado” — contrasta con la soltería sin complejos de Susan y la rebeldía de Linda. Los críticos estuvieron divididos: algunos aplaudieron el timing cómico de Lulu y la imitación perfecta de Keaton por Gaunt, mientras otros encontraron la trama demasiado superficial. Las reglas arbitrarias del elixir y los antecedentes vagos del trío requieren suspender la incredulidad, pero la moderación de la película juega a su favor — especialmente en su manejo matizado de la sexualidad de Joan.
En un género repleto de tropos heteronormativos trillados, es refrescante ver una historia donde mujeres mayores son más que clichés sobre arrepentimientos y lo desagradable que puede ser envejecer. Además, la bisexualidad de Joan no es ni una bromita ni una tragedia; es una verdad que se había callado y finalmente la expresa. Para espectadores que buscan una comedia ligera con un toque de reflexiones profundas, esta película es como un encantador brindis a las segundas oportunidades.