Soy demasiado ansiosa para ver películas de terror. Casi nunca las veo; vi algunas en la universidad para algunas tareas y otras que amigos me obligaron a ver. Pero si se trata de elegir qué película ver, jamás elijo una de terror. Me ponen muy ansiosa y me ponen los nervios de punta. Pero cuando vi que las icónicas bi Hannah Einbinder (quien interpretó a Ava, mi absoluto crush de Hacks, y uno de los personajes con los que más me he identificado en una serie) y Gillian Anderson protagonizaron una película slasher queer, no lo pensé dos veces antes de correr a verla en el cine. Y vaya que Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma, es una JOYA del cine y de la representación queer.
Primero que nada, este artículo contendrá SPOILERS importantes de Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma, incluyendo su final. La película está clasificada como R en Estados Unidos por violencia sangrienta, gore, contenido sexual, desnudez gráfica, uso de drogas y lenguaje. También aborda temas de agresión sexual, trauma, sexualidad y deseo. En esta reseña hablaremos de la representación bi de la película. Si quieres un pequeño recordatorio de cómo calificamos, te recomiendo que revises este enlace. También puedes ver nuestra entrada de Medios Bi sobre la película aquí.
Escrita y dirigida por Jane Schoenbrun, Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma sigue a Kris (Hannah Einbinder), una cineasta queer contratada para revivir la longeva franquicia de terror Camp Miasma, una serie de películas sobre un campamento de adolescentes atormentado por Little Death (Jack Haven), quien es el fantasma de un adolescente que supuestamente fue criado como niño y niña por sus padres. Tras ser ahogado por campistas llenos de odio, Little Death emerge periódicamente del lago que bordea el Campamento Miasma y usa una lanza para masacrar a todo aquel que encuentra. Aunque las entregas originales tuvieron éxito, fueron perdiendo calidad y envejeciendo mal, lo que llevó a la franquicia a quedar en el limbo. Kris ha estado obsesionada con las películas desde niña, pero siente una fascinación particular por Billy Presley (Gillian Anderson), la actriz que interpretó a la chica final de la cinta original y que desapareció de la vida pública poco después.
Kris viaja al campamento abandonado donde se filmaron las películas y encuentra a Billy viviendo ahí. Lo que comienza como una reunión profesional rápidamente se convierte en algo mucho más íntimo cuando ambas conectan a través de Camp Miasma, el sexo, las fantasías y las complicadas emociones que la franquicia despierta en ellas.
Lo que me gustó:
La película es muchas cosas a la vez: un slasher, una historia de amor, una sátira del fandom del terror, una exploración del trauma y, sobre todo, una película profundamente queer sobre el deseo. Y debajo de todo eso hay una pregunta particularmente interesante desde una perspectiva bi: ¿Qué pasa cuando el deseo importa más que el género?
¿Qué hace bien en cuanto a la representación bi?
Kris está en una relación poliamorosa con Mari (Jasmin Savoy Brown), quien es bi y también sale con Thor (Aren Buchholz), un hombre que se identifica explícitamente como bi. Eso hace que la bisexualidad sea particularmente visible desde el principio. La película no tiene ningún problema en usar la palabra “bi” cuando habla de ellos. Pero Kris nunca utiliza esa etiqueta. Billy tampoco.
Kris se identifica abiertamente como queer, y su relación con Mari forma parte de una dinámica poliamorosa establecida. Habla de sus relaciones y de sus dificultades para navegar el sexo sin definir su atracción alrededor de un género específico. Su historia no consiste en descubrir si le gustan las mujeres, sino en aprender a experimentar el deseo en lugar de analizarlo desde una distancia segura.
En la película original de Camp Miasma, tiene sexo con un hombre, pero esa experiencia termina vinculándose a su fascinación por Little Death. El personaje habla de fantasear con la sensación de ser asesinada por Little Death, un personaje bastante andrógino (que es, a propósito, una muy mala representación de una persona trans).
Años después, cuando Billy y Kris finalmente tienen sexo, esa misma fantasía regresa. La presencia de Little Death se convierte en parte de su experiencia erótica y transforma la conexión recurrente entre sexo, miedo, muerte y placer.
Ninguna de las dos necesita decir: “Soy bi”. Pero ambas pueden leerse cómodamente dentro del paraguas bi. La película no revela en secreto que Kris y Billy son bi mientras se niega a decir la palabra. En cambio, presenta a personajes queer cuyas atracciones no están organizadas alrededor de una regla rígida basada en el género. Su sexualidad puede existir sin que tengan que explicarla por completo. Y aquí es donde Camp Miasma se vuelve especialmente fascinante desde una perspectiva bi. La película les pide constantemente a sus personajes que dejen de intelectualizar el deseo y simplemente lo experimenten. Kris pasa gran parte de la película intentando entender el sexo, el género, el terror y las fantasías a través de la teoría. Billy la empuja en la dirección opuesta, a sentirlo, a vivirlo, a permitirse desear sin saber el significado de ese deseo. Little Death se convierte en la máxima representación de esta idea. Su nombre proviene de la petite mort, la expresión francesa asociada al orgasmo, y Schoenbrun ha descrito al personaje como una especie de “encarnación eterna del deseo”.
Eso vuelve especialmente importante la secuencia final entre Kris y Billy. Little Death siempre ha representado algo aterrador y fascinante para Kris: la posibilidad de experimentar algo tan intenso que los límites entre miedo, muerte, fantasía, sexo y placer desaparezcan. De niña, Kris no podía entender por qué ver a la chica final de Camp Miasma enfrentarse a la muerte le provocaba una reacción tan profunda. De adulta, tampoco consigue recrear esa sensación a través del sexo convencional, hasta que Billy la ayuda. Cuando Kris y Billy tienen sexo mientras imaginan que Little Death se acerca a ellas, la película no está simplemente convirtiendo la violencia en un espectáculo erótico. Está completando su metáfora central: Kris finalmente se permite experimentar el deseo sin observarse desde fuera ni analizar lo que ese deseo dice sobre ella. Las dos no se preguntan si su atracción es aceptable, a qué categoría pertenece o qué dice sobre su identidad. Simplemente la experimentan. Y esa lectura puede ser profundamente resonante con la bisexualidad. Históricamente, la bisexualidad ha sido obligada a existir dentro de un marco que exige elegir entre categorías aparentemente opuestas: heterosexual o gay, hombres o mujeres, un lado o el otro. Camp Miasma se interesa por lo que ocurre cuando rechazamos ese marco por completo.
Esta interpretación también funciona porque la película está profundamente conectada con la historia queer del terror. Schoenbrun ha hablado sobre crecer viendo películas de terror que presentaban a personajes trans o queer como monstruos, haciendo referencia específicamente a películas como Psycho, The Silence of the Lambs y Sleepaway Camp. Camp Miasma toma esa historia y la pone de cabeza. En lugar de simplemente rechazar esas películas, pregunta por qué las personas queer se sintieron tan fascinadas por ellas en primer lugar, incluso cuando les ofrecían representaciones profundamente dañinas de sí mismas.
Como señala The Conversation, la película se aleja de simplemente psicoanalizar el terror y se acerca a los placeres de la experiencia queer como espectador: las maneras en las que las audiencias LGBTQ pueden encontrar significado, deseo, identificación e incluso libertad en géneros que históricamente intentaron convertir lo diferente en algo monstruoso.
Eso es particularmente importante para Kris. Su fascinación infantil por Camp Miasma no es algo que tenga que superar. Tiene que entender qué intentaba decirle esa fascinación.
La ausencia de la definición de una etiqueta específicamente bi con las protagonistas resulta reconocible dentro de una cultura queer más joven, donde “queer” puede funcionar como una identidad deliberadamente amplia y donde algunas personas simplemente deciden no utilizar una etiqueta más específica. Y eso no significa que esas personas no estén bajo el paraguas bi. La película no dice que las etiquetas sean malas. De hecho, no tiene ningún problema en llamar bi a Thor. Lo que sugiere es que una etiqueta no tiene que ser el destino de todos los personajes queer. Su atracción simplemente puede existir.
“Carne y fluidos.”
Para mí, lo más emocionante de Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma es que su representación no depende completamente de que un personaje diga la palabra “bi”. No toda la buena representación bi tiene que ser tan explícita como Nick Nelson en Heartstopper, o la propia Ava Daniels de Hacks. Sin embargo, tenemos muchísima representación muy buena en esta película. Y tener a dos icónicas bis en el elenco, interpretando a dos personajes queer dentro del paraguas bi es absolutamente bello. Hannah Einbinder incluso habló de lo mucho que se identificó con el recorrido emocional de Kris. En una entrevista con The Independent, Einbinder describió el viaje de Kris, de la incomodidad a la vergüenza y, finalmente, a la liberación, como algo con lo que se identificó enormemente.
Kris y Billy no necesitan detenerse a definir exactamente qué son. Y eso también puede ser una experiencia bi. Camp Miasma trata fundamentalmente de escapar de la idea de que cada deseo tiene que ser explicado, categorizado o justificado antes de poder disfrutarse.
Lo que no me gustó:
Si pudiera pedir algo más, sería un poco más de bisexualidad explícita por parte de Kris o Billy. La película claramente no le teme a la palabra; Thor es explícitamente bi, y Mari también lo es. Entonces, es válido preguntarse por qué ese lenguaje nunca llega a sus dos protagonistas.
Al mismo tiempo, no estoy convencida de que Camp Miasma sería necesariamente mejor si se detuviera a explicarlo. De hecho, creo que la ausencia de la etiqueta es parte de lo que hace que la película sea tan interesante y que tantas personas queer la hayan amado. Esta es una película sobre el deseo que constantemente les pide a sus personajes que dejen de explicarse. Exigir que Kris o Billy dijera una etiqueta que podrían no querer usar podría incluso ir en contra de la idea central de la película. Y el personaje de Kris sí habla sobre ser queer, y si bien la palabra queer no define únicamente a las personas bajo el paraguas bi, también las incluye.
La calificación:
Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma es una película extraordinariamente queer, y su representación bi es mucho más complicada de lo que estamos acostumbrados a ver en el cine.
Tenemos personajes explícitamente bi. Tenemos una relación poliamorosa que incluye atracción entre personas de diferentes géneros. Tenemos a dos protagonistas queer cuyas atracciones no se presentan como dependientes del género. Tenemos un romance central entre dos mujeres cuyo despertar sexual está ligado a dejar atrás las reglas que ellas mismas se han impuesto. Y tenemos una encarnación genderqueer del deseo literalmente esperando bajo la superficie.
Sobre todo, la película se niega a tratar el deseo como algo que deba encajar perfectamente en una categoría. Para las personas bi, eso puede resultar increíblemente familiar.
A veces la atracción no consiste en elegir entre dos puertas. A veces hay más puertas. A veces ni siquiera hay una puerta. A veces simplemente sigues lo que sientes y deseas.

