Billy Presley (Gillian Anderson) es uno de los personajes principales de Adolescencia, sexo y muerte en Camp Miasma, una comedia de terror queer de 2026 escrita y dirigida por Jane Schoenbrun. Ella es la chica final original de la ficticia franquicia de terror Camp Miasma. Después de protagonizar la primera película cuando era adolescente, Billy se negó a regresar para las secuelas y desapareció de la vida pública. Décadas después, vive aislada en el remoto campamento donde se filmó la película original, rodeada de los recuerdos del papel que la hizo famosa. Si quieres leer más sobre la película, checa nuestra entrada de Media Bi aquí.
Kris Williams (Hannah Einbinder), una cineasta queer contratada para relanzar la franquicia de Camp Miasma, localiza a Billy mientras investiga la película original. Al principio, Kris se acerca a ella como una pieza importante de la historia del cine de terror, pero su relación rápidamente se vuelve mucho más personal. Su conexión se transforma en una relación romántica y sexual, lo que convierte a Billy tanto en el objeto de la obsesión cinematográfica de Kris como en una parte importante de su propio despertar sexual.
Billy tiene una relación complicada con la película original de Camp Miasma. Ve una y otra vez una copia en 35 mm de la película que protagonizó y vive en el lugar abandonado donde se filmó, lo que sugiere que nunca ha logrado separarse por completo del personaje ni de la experiencia de haberla filmado. Cuando Kris ve la película con ella, señala que el origen de la historia de Little Death dentro de la franquicia es transfóbico. La respuesta de Billy deja claro que, aunque entiende la oscuridad que rodea a la película, sigue profundamente ligada al mundo que esta creó.
Su relación con la sexualidad es igual de complicada. En la película original, el personaje de Billy tiene un encuentro sexual con un hombre, pero más adelante Billy le explica a Kris que aprendió a experimentar placer incorporando a Little Death en sus fantasías. El personaje que debía representar el terror termina entrelazándose con su manera de entender el deseo, creando una conexión entre el sexo, el miedo, la fantasía y la muerte que continúa décadas después.
Esto adquiere especial importancia cuando Billy y Kris tienen un encuentro íntimo. Billy anima a Kris a dejar de intelectualizar su sexualidad y, en cambio, permitirse experimentar sus fantasías. Su relación sexual termina formando parte de la exploración más amplia que hace la película del deseo y la liberación queer, mientras que la presencia de Little Death desdibuja los límites entre el terror y la fantasía erótica.
Billy nunca recibe una etiqueta específica para su sexualidad. Sin embargo, su atracción y sus fantasías no se presentan como limitadas a un solo género, lo que la ubica bajo el paraguas bi. Su relación con un hombre en la película original, su experiencia del placer a través de Little Death y su posterior relación romántica y sexual con Kris forman parte de una sexualidad que la película deliberadamente se niega a definir con mayor especificidad.
Esa falta de una etiqueta encaja con el papel de Billy en la película. Representa a alguien que ya dejó de preocuparse por si el deseo necesita ser explicado o clasificado. Gillian Anderson describió a Billy como un personaje que existe entre la fortaleza y la vulnerabilidad, lo que refleja su capacidad para mostrarse completamente segura de sí misma mientras carga con las secuelas de sus experiencias como chica final adolescente. Al compartir sus recuerdos, fantasías y su relación con Kris, puede recuperar partes de una experiencia que alguna vez la definió.
En Adolescencia, sexo y muerte en Camp Miasma, Billy es un personaje que ha aprendido a encontrar placer en las mismas imágenes que alguna vez la asustaron. Su relación con Kris transforma el arquetipo de la chica final en algo más íntimo, queer y bajo sus propios términos, mientras que su sexualidad abierta a distintas posibilidades refuerza la idea central de la película: el deseo no siempre necesita una etiqueta para ser real.
