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Los unicornios del mar

Cuanto más escribo para esta columna de Viernes de Ciencia Bi, más me convenzo de que la bisexualidad está tan extendida en la naturaleza que prácticamente podría considerarse universal. Del mar al cielo, pasando por los bosques, las selvas, las llanuras e incluso las regiones polares, el comportamiento bisexual está por todas partes. Dime qué especie de vertebrado no tiene casos documentados de comportamiento sexual con individuos de su mismo sexo y te diré que, probablemente, todavía no se ha estudiado lo suficiente. Un ejemplo perfecto son las ballenas. En junio de 2025, hablamos del comportamiento bi de las ballenas y los cetáceos en general. (Los delfines tuvieron su propio artículo el mes anterior). Entre las especies que mencionamos estaban las ballenas jorobadas, las belugas y las orcas, pero nos faltaron los narvales, una especie de ballena dentada relativamente pequeña, famosa por su impresionante colmillo en espiral (que, técnicamente, es un diente canino extraordinariamente alargado, parecido a un cuerno). En ese momento, no había evidencia de comportamiento sexual entre narvales del mismo sexo. Pero una investigación reveladora publicada más adelante ese mismo año cambió el panorama y le dio un nuevo sentido a su apodo: “los unicornios del mar”.

Publicado en noviembre de 2025 en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology, el estudio, titulado “Same-sex socio-sexual interactions among male narwhals” (“Interacciones sociosexuales entre narvales machos”), presentó lo que los investigadores describieron como “el primer caso documentado de comportamiento entre individuos del mismo sexo” en estos fascinantes mamíferos marinos. De hecho, se sabía tan poco sobre el apareamiento de los narvales que el comportamiento heterosexual solo se había documentado una vez en la literatura científica, en 1950. ¿Por qué hay tan pocos registros? Los propios autores lo explican: “El comportamiento sexual de los narvales, de cualquier tipo, no se ha estudiado a fondo debido a lo remoto de su hábitat y a las dificultades logísticas que implica investigarlo”. Los narvales habitan algunas de las zonas más remotas del Ártico. Para colmo, recorren enormes distancias y pasan la mayor parte del tiempo bajo el agua, donde pueden sumergirse hasta 1,500 metros. ¡Con razón cuesta tanto estudiarlos!

Imagen/World Wildlife Fund

Aunque el estudio se publicó en 2025, la investigación se basa en imágenes poco comunes de estos cetáceos escurridizos, tomadas en 2017. Mientras sobrevolaban con drones la costa norte de la isla de Baffin, en el extremo norte de Canadá, los investigadores se toparon con un grupo de ocho narvales machos en la superficie del agua y lograron grabar más de ocho minutos de video. Supieron que eran machos por sus colmillos y lo que captaron fue, sin lugar a dudas, algún tipo de encuentro sexual grupal. Según los autores, los ocho estaban muy juntos, enredados físicamente y mostraban la parte inferior del cuerpo a por lo menos otro narval del grupo. Cinco tenían erecciones visibles y cuatro frotaban sus genitales contra los de otros machos. Incluso parecía que uno intentaba penetrar a otro. Hay algo bastante revelador en el hecho de que, de las únicas dos ocasiones en que se ha documentado actividad sexual entre narvales, una involucrara a individuos de sexos distintos y la otra fuera, básicamente, una orgía entre machos. Si llevas tiempo investigando el comportamiento sexual de los animales, esto deja de sorprenderte y empieza a parecer lo más normal.

Wikimedia/Dr. Kristin Laidre/NOAA

Lo más interesante del estudio es que las circunstancias observadas permiten descartar muchas de las explicaciones habituales que se usan para restarle importancia al comportamiento sexual entre animales del mismo sexo o para argumentar que no tiene una motivación sexual. Una explicación frecuente es que se trate de demostraciones de dominancia. Sin embargo, los investigadores “no observaron contacto agresivo ni enfrentamientos entre colmillos, ni parecía haber ‘dominancia’ en el sentido de que un macho montara a otro o ‘forzara la sumisión’ de un macho subordinado”. Otra explicación común es que los animales jóvenes se comportan así mientras “practican” para el apareamiento, como parte de sus juegos. Pero, además de que esos juegos también pueden tener un componente sexual bastante claro, todos los narvales que aparecen en el video eran adultos. Tampoco se trataba de machos sin acceso a hembras, ya que también se observaron hembras en los alrededores.

Al final, los autores no ofrecen una explicación definitiva de por qué los narvales tienen estos encuentros homoeróticos. Solo plantean que podrían ayudar a fortalecer los vínculos sociales, una explicación bastante común entre los zoólogos, sobre todo cuando no encuentran una respuesta más concreta. Pero, si ampliamos la perspectiva y consideramos todo lo que sabemos sobre el comportamiento animal, la respuesta podría ser mucho más sencilla. Tal vez la bisexualidad sea la norma en la naturaleza no porque exista una razón evolutiva de peso para que los animales (incluidos los humanos) se comporten así, sino porque no hay ninguna razón de peso para que no lo hagan.