Como un gran fan desde el comienzo de la saga de videojuegos Dragon Age, previamente analicé las tres primeras entregas — Origins (2009), Dragon Age II (2011) e Inquisition (2014) — para la Escala del Unicornio en Bi.org. La serie siempre ha ofrecido una rica narrativa, personajes complejos y mundos interesantes, lo que la convierte en una de mis sagas favoritas de todos los tiempos. Naturalmente, esperé con impaciencia el estreno de la última entrega, Dragon Age: The Veilguard (2024), que llevaba casi una década en desarrollo.
Un aspecto destacable de la serie de Dragon Age es que cada juego ofrece una experiencia distinta al mismo tiempo que mantiene una constante narrativa. Origins introdujo a los jugadores al mundo fantástico de Thedas con una estructura de juego de rol (RPG) tradicional, Dragon Age II ofreció una historia más concentrada y centrada en los personajes, e Inquisition se expandió a un mundo semi-abierto con vastas zonas por explorar. Veilguard vuelve a un diseño más estructurado que nos recuerda a Origins, lo que ha suscitado un debate entre los fans; algunos aprecian el enfoque de mundo abierto de Inquisition, mientras que otros prefieren los entornos más contenidos de los títulos anteriores. Personalmente, me gustan ambos, y tenía curiosidad por ver cómo Veilguard equilibraba ambos estilos.
Origins siempre me ha parecido la mejor entrega en cuanto a la narrativa (aunque toda la serie tiene historias excelentes). Muchos críticos han incluido Origins en las listas de los mejores juegos de rol, e incluso algunos lo han calificado como el mejor juego de rol de la historia. Parte de lo que lo hace tan atractivo era el desarrollo de los personajes y las decisiones orgánicas y arriesgadas que conducían a múltiples finales posibles, cada camino es dramático y satisfactorio a su manera. Las dos secuelas continuaron esta tradición, pero Origins sigue ocupando un lugar especial por la forma en que equilibra la narración épica con elecciones significativas.
En cuanto a la jugabilidad, yo le daría la ventaja a Dragon Age II, que se inclinaba más por los elementos de acción, ofreciendo una mezcla dinámica de acción y mecánicas de RPG. Inquisition, por su parte, sobresalió en la construcción de su mundo, gracias en parte a su diseño de mundo abierto que hizo que Thedas pareciese una experiencia inmensa, vivida e interconectada — todo un universo por explorar, en lugar de una serie de niveles desconectados.
Dicho esto, todos son juegos excepcionales. Y, lo que es crucial para este análisis es que cada uno de ellos crearon el estándar de la representación bisexual en los videojuegos, mostrando sistemáticamente algunos de los mejores personajes bi que puede ofrecer la industria. Con estas similitudes y diferencias en mente, hablemos sobre Dragon Age: The Veilguard, el cual aporta su propio enfoque sobre estos elementos básicos, pero al mismo tiempo se basa en la estructura original de la serie en cuanto a su representación inclusiva. ¡Atención: habrá SPOILERS a continuación! Si quieres ver la métrica de calificación que usamos, léela aquí.
Lo que me gustó:
Aunque al principio esperaba otra experiencia limitada como muchos la tuvimos en Inquisition, logré apreciar el regreso de Veilguard con un enfoque más clásico. Los diseñadores tomaron una ruta más astuta, creando amplios niveles que se van abriendo a medida que avanzas en el juego, lo que combina lo mejor de ambos mundos: un sistema de progresión estructurado que aún así logra sentirse inmerso y de gran escala.
El combate es una de las características más sobresalientes. De hecho, diría que Veilguard supera a Dragon Age II con el mejor combate de la saga. Gracias a la evolución de la mecánica de juego de rol y acción de DA II y la incorporación de nuevas características y avances, como resultado se convirtió en un juego desafiante — especialmente en los niveles de dificultad más altos — se vuelve emocionante, tanto si juegas como mago, pícaro o guerrero.

En cuanto a la narrativa, aunque Veilguard no supera necesariamente a Origins (juego que considero que está en la cima de esta saga), está sin duda a la misma altura. Al igual que Origins, Veilguard le ofrece a cada personaje una rica historia matizada y con un desarrollo significativo, en el que las decisiones del jugador llevan a resultados satisfactorios y variados para cada personaje. Sin querer revelar nada, digamos que la gama de posibles destinos va de lo trágico a lo conmovedor y hermoso. Esta complejidad narrativa, combinada con las decisiones que pueden tomar los jugadores, otorga al juego un valor de rejugabilidad excepcionalmente alto. Y, como en Origins, los jugadores pueden elegir entre una gran variedad de personajes, cada uno con su propia historia, que afecta a todos los diálogos y a las opciones narrativas a lo largo del juego. Esta vez, sin embargo, los jugadores no tienen que jugar con estas historias de forma interactiva. En su lugar, nos proporcionan un rico contexto que se mezcla con la historia a medida que se desenvuelve la acción.
En general, Veilguard parece una mezcla bien pensada de lo que hizo únicos a los títulos anteriores. Los diseñadores parecen haber balanceado con cuidado los puntos fuertes y débiles de cada entrega, creando un equilibrio que resulta refrescante y fiel a las raíces de la serie.
La serie Dragon Age siempre ha sobresalido por su dirección artística y su banda sonora, y cada juego da vida a la rica mitología de Thedas a través de detallados efectos visuales y cautivantes ambientes sonoros y musicales. Veilguard lleva este legado a nuevas alturas. Aunque la dirección artística está a la altura de los juegos anteriores, se beneficia enormemente de las capacidades mejoradas de la tecnología moderna, lo que permite darle unas texturas asombrosamente detalladas y unos paisajes vibrantes que hacen que el mundo parezca aún más vivo. La banda sonora, compuesta por el legendario Hans Zimmer — conocido por bandas sonoras icónicas como la de Gladiador (2000), El caballero de la noche (2008) y El origen (2010) — es la más épica y convincente de la serie hasta la fecha. La orquestación de Zimmer fusiona a la perfección el estilo neoclásico con géneros modernos como el heavy metal y el dubstep, creando una obra maestra posmoderna a la altura de la grandeza de la historia de Veilguard. Esta banda sonora eleva cada momento, haciendo que la experiencia sea aún más inolvidable.

Ahora hablemos de la impresionante representación bisexual en Veilguard, incluso para los estándares de Dragon Age. Las entregas anteriores de la serie le presentaron a los jugadores personajes bi notables como la devota bardo Leliana, el asesino hedonista Zevran, el problemático desertor Anders, el esclavo fugitivo Fenris, la capitana pirata Isabela, la maga de sangre Merrill, la brillante diplomática Josephine y el espía qunari Iron Bull, cada uno de estos personajes aportó sus propias perspectivas y personalidades. Veilguard crea el estándar con la cifra récord de ocho personajes bi, incluyendo al protagonista, Rook. Entre los acompañantes — Scout Harding, quien era un personaje secundario en Inquisition sin opción de poder tener un romance con ella, se revela que es bi, ya que los jugadores pueden tener un romance con ella independientemente del sexo de su personaje. Este nivel de inclusión en el reparto añade una capa más a la narrativa del juego y convierte a Veilguard en el título de Dragon Age más inclusivo hasta la fecha.
En Veilguard, los personajes me cautivaron tanto como en los anteriores juegos de Dragon Age. La exploradora Lace Harding, quien regresa en esta entrega como una de las favoritas de los fans de Inquisition, debió haber simpatizado mucho a los fans porque ha sido convertida en un personaje principal. Harding se une a Rook desde el principio de la aventura, junto a otro favorito, Varric, aunque Varric no es un personaje con el que puedes jugar en esta ocasión.
El papel de Scout Harding en Veilguard es fundamental, y su viaje da un giro sorprendente cuando adquiere inesperadamente poderes mágicos. Sin darles muchos spoilers, la cuestión es si estas habilidades son una bendición o una maldición, dándonos un romance lleno de drama si decides perseguir esta misión. Harding también representa a la Inquisición en la historia de Rook para construir alianzas, añadiendo peso a sus interacciones y decisiones mientras une fuerzas para enfrentarse al enemigo, ya que dos dioses elfos (Elgar’nan y Ghilan’nain) son accidentalmente desatados al principio del juego.
Otros dos personajes icónicos de la serie de Dragon Age regresan a Veilguard: Morrigan, la enigmática Bruja de las Tierras Salvajes que ha estado con nosotros desde el primer juego, ella aparece como una guía con sabiduría, ofreciendo su característico ingenio y perspicacia. Además, los jugadores tienen la opción de recrear al Inquisidor de Inquisition, lo que proporciona una maravillosa sensación de continuidad para los fans de toda la vida. Solas, el Lobo Feroz, que sirvió como compañero en el juego anterior, toma protagonismo como fuerza motriz de la historia de Veilguard. El arco complementario de su complejo personaje — cuyos motivos y verdadera naturaleza sólo se insinuaron en Inquisition — se muestra en esta nueva entrega con toda su fuerza. Para los fans de los tres primeros juegos, estos personajes que regresan y las capas que aportan proporcionan aún más complejidad al mundo de Thedas, haciendo de Veilguard una gratificante continuación de la serie. Incluso Isabela, la capitana pirata de Dragon Age II, y Dorian, el sarcástico mago de Inquisition, vuelven a hacer apariciones notables.
Los seis nuevos compañeros introducidos en Dragon Age: Veilguard son todos personajes con los que puedes tener un romance, independientemente del sexo o la identidad de género del personaje del jugador. Entre ellos se encuentran Bella Lutare, maga elfa y Saltadora del Velo; Neve Gallus, maga humana y Dragón de las Sombras; Lucanis Dellamorte, pícaro humano y asesino de los Cuervos de Antivan; Davrin, guerrera elfa y Guardián Gris; Taash, guerrere qunari aliade de los Señores de la Fortuna; y Emmrich Volkarin, nigromante humano que trabaja para la Guardia de Mourne.
Cada uno de estos nuevos compañeros aporta sus propias peculiaridades y cualidades entrañables en Veilguard. Bella, por ejemplo, siente fascinación por la antigua tecnología élfica, con la que juega obsesivamente, aunque a veces su curiosidad sobrepasa sus precauciones sobre los riesgos que puede enfrentar. Neve es un personaje de carácter fuerte y ferozmente leal que se toma su tiempo para simpatizar con nuevos aliados, pero una vez que lo hace, es inquebrantable. Lucanis, que fue encarcelado y torturado junto a un demonio que ahora lo posee, tiene una complicada historia familiar como nieto de la madrina de los Cuervos de Antivan. Sus complejas conexiones familiares abren muchas oportunidades para una narración intensa y dramática.
Davrin, un dedicado Guardián Gris, es acompañado por una mascota única, un joven grifo llamado Assan, y quien está decidido a proteger la especie en peligro de extinción de los grifos. Incluso está dispuesto a volverse rebelde cuando el Primer Guardián no quiera tomar acción. Taash, el primer personaje no binario de la serie, es un personaje feroz que escupe fuego y es increíble de cualquier manera que lo veas. Por último, Emmrich, inspirado en Vincent Price, es un excéntrico profesor de nigromancia con una personalidad memorable y tiene un divertidísimo mayordomo muerto viviente llamado Manfred, que añade un toque de humor negro al juego.
Mientras que Dragon Age: Inquisition introdujo el primer personaje trans de la serie — un hombre trans llamado Krem, miembro del escuadrón de Iron Bull — Veilguard marca un logro al convertir a Taash en el primer personaje trans que sirve de aliado principal. La historia de Taash está repleta de momentos memorables, entre los que destaca una escena en la que su bienintencionada pero autoritaria madre menciona a Rook que “no es habitual que [Taash] sienta atracción por los hombres.” Esto añade una capa de representación bi científicamente literaria, esencialmente mostrando a Taash como alguien que obtendría un 5 en la Escala de Kinsey, un modelo desarrollado por el investigador Alfred Kinsey en la década de 1940 en el que 0 representa la heterosexualidad exclusiva y 6 representa la homosexualidad exclusiva. Todo lo que está en medio (del 1 al 5) se califica científicamente como bisexualidad — no es necesario tener un 3 para considerarse bi. Esta representación que Taash nos da es significativa porque amplía la comprensión general de la sexualidad humana que no sólo tiene más matices entre ser “gay” o “hetero”, sino que la bisexualidad en sí misma también abarca una serie de variadas experiencias. Esto convierte al personaje de Taash en un ejemplo emblemático de la representación bi, que desafía ciertas suposiciones y da luz a la diversidad dentro de la bisexualidad.

Además, Veilguard reconoce la coexistencia de la sexualidad y el género como aspectos armoniosos de la identidad. Aunque el sexo es una construcción biológica y el género cultural, ambos interactúan de forma natural y sin tener que oponerse. Esta complejidad está cuidadosamente representada en Veilguard, ya que los jugadores tienen la opción de elegir o descubrir la identidad de género de su personaje a lo largo del viaje. Esta característica hace que el juego pueda tener representaciones más complejas sobre la sexualidad y las relaciones humanas.
Lo que no me gustó:
En las anteriores entregas de Dragon Age, tus aliados incluían personajes hetero y gay quienes declinaban amablemente si el personaje del jugador, de otro sexo, intentaba tener un romance con ellos. Personalmente, echo de menos este detalle pues le añadía un elemento realista con un toque romántico y tenía un valor educativo al familiarizar a los jugadores con diferentes tipos de sexualidades. No le vas a gustar a todo el mundo, y eso es perfectamente natural. Esta pequeña pero significativa característica era una que se extraña en Veilguard.
Algunos diálogos pueden parecer un poco forzados, sobre todo si se comparan con otros juegos contemporáneos, aunque quizás no sean muy diferentes a las primeras entregas de la serie Dragon Age. Sin embargo, algunas frases sobre el sexo y el género resultan a veces demasiado instructivas y entran a un terreno que resultaría demasiado didáctico para algunos. Aunque estas conversaciones sean bienintencionadas, pueden dar la sensación de estar en una clase en la escuela, lo que podría desanimar a jugadores que, de otra manera, serían muy receptivos a estas conversaciones. Esto resulta un poco sorprendente, pues no recuerdo que los juegos anteriores dieran esta sensación. Aunque, para ser justos algunos jugadores podrían haber considerado que esas conversaciones eran progresistas “para ese entonces”.
Otro cambio que vale la pena mencionar es la reducción del número de miembros en tu grupo. En juegos anteriores, los jugadores podían llevar hasta tres compañeros que formaban contigo un grupo de cuatro, mientras que en Veilguard estás limitado a contar con dos aliados para formar grupos de sólo tres. Se echa de menos la gran variedad de dinámicas de equipo permitidas en los juegos anteriores. Además, Veilguard carece de una opción para cambiar de compañero durante las misiones, lo que significa que siempre controlarás a tu personaje principal, Rook. Ello limita en parte la flexibilidad de combate y exploración que había en los juegos anteriores.
También eché de menos la función práctica de buscar a tu alrededor que existía en Inquisition y permitía a los jugadores localizar rápidamente tesoros cercanos y objetos ocultos. Era una mecánica sencilla pero útil que agilizaba el juego y la exploración, y su ausencia deja un vacío que muchos fans notarán. Aunque Veilguard sigue ofreciendo una experiencia muy atractiva, estos cambios suponen un enfoque ligeramente distinto al respecto de la jugabilidad al que tendrás que acostumbrarte.

La calificación:
Aunque el número de miembros en tu equipo se haya reducido de cuatro a tres, Veilguard mantiene las bromas ingeniosas y las interacciones entre personajes que tanto han gustado a los fans de los juegos anteriores. Los aliados que elijas para acompañarte seguirán ofreciendo opciones de diálogo, opciones de historias adicionales y específicas al contexto, lo que aumenta la complejidad de cada misión. Pese a la reducción de tamaño del grupo y de no haber control directo sobre tus aliados, la mecánica de combate ha mejorado enormemente y no resulta afectada. Rook sigue siendo capaz de dar órdenes a sus aliados y la opción de que los miembros del grupo colaboren con otros para realizar habilidades complejas hacen que el juego sea muy divertido. Estos cambios también significan que hay más cosas por descubrir en términos de la jugabilidad en partidas subsecuentes al utilizar una clase de personaje diferente. Y aunque se eche de menos la función de escuchar alertas de tesoros como en Inquisition, a final de cuentas, es una omisión positiva. Dado que el diseño por niveles es más estructurado aquí, el descubrimiento automático de tesoros ocultos reduciría el desafío y la satisfacción de la exploración. Al fin y al cabo, esta función era más adecuada para el diseño de mundo abierto tipo “sandbox” de Inquisition.
En esta ocasión no diré nada de que en Veilguard todos los aliados que puedas tener sean bisexuales. Como jugador bisexual, fue muy divertido tener la libertad de enamorar a cualquier personaje de mi equipo. Además, los jugadores que quieran interpretar a un personaje con una orientación monosexual — gay o heterosexual — podrán hacerlo con facilidad y experimentar el mismo nivel de profundidad y conexión emocional.
Mientras que las entregas anteriores retrataban la sexualidad de una forma más variada y “realista” incluyendo personajes con inclinaciones románticas específicas, la decisión de hacer que todos los compañeros sean bisexuales/pansexuales permite a los jugadores de cualquier orientación disfrutar de una experiencia completamente inmersiva. Este enfoque da prioridad a la libertad del jugador, lo que en última instancia resulta adecuado para un juego de fantasía que invita a los jugadores a crear y explorar un mundo como las personas que son. Es difícil culpar a Veilguard por tratar de maximizar la satisfacción e inclusión para el jugador.
Con todo esto, el juego mantiene un grado considerable de realismo y complejidad emocional. Los jugadores se enfrentan seguido a decisiones difíciles que implican sacrificios importantes, y habrá momentos en los que cualquier opción a elegir tendrá el riesgo de decepcionar a uno u otro personaje del equipo. Dichas decisiones pueden causar tensiones entre los personajes y Rook, lo cual, en algunos caminos de la historia incluso resultará en un desgarrador rechazo del personaje que el jugador trataba de enamorar. Realmente hay un nivel increíble de realismo en lo emocional y en las relaciones interpersonales dentro del juego.
En cuanto a los diálogos que a veces llegan a ser demasiado didácticos, no voy a juzgar mucho a esta entrega. Estos momentos son raros, y aunque quizás serían más fluidos con un poco más de sutileza a la hora de escribirlos, no le quitan mucho a la calidad narrativa que generalmente esperamos de Dragon Age. La narrativa sigue siendo firme y atractiva en todo momento, y para una nueva generación de jugadores, este enfoque podría ser relevante y refrescante en lugar de parecer un sermón.
Algunos querrán tachar al juego de ser “woke”, pero yo lo veo más como un reflejo del público actualmente, muy probablemente conformado por jóvenes millennials y jugadores de la Generación Z quienes posiblemente están explorando Dragon Age por primera vez. Veilguard se siente en sintonía con los intereses y sensibilidades de estos jugadores, pero al mismo tiempo honra el legado de incluir a la bisexualidad por el que es reconocida esta serie.
Así que, por todas estas razones, combinadas con el hecho de que Veilguard ofrece más representación bisexual que cualquier otra entrega anterior, le doy la calificación de cuatro unicornios.

