Sex and the City (1998-2004) es una serie de televisión estadounidense de comedia romántica que se emitió en HBO. Los episodios de media hora seguían a cuatro mujeres adineradas en Nueva York: la columnista sexual Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), la abogada Miranda Hobbes (Cynthia Nixon), la curadora de galería de arte Charlotte York (Kristin Davis) y la agente de relaciones públicas Samantha Jones
(Kim Cattrall). Juntas y por separado, la serie se centraba en sus vidas, encuentros sexuales, relaciones y amistades.
Esta entrada se enfocará en el personaje secundario de Sean (Eddie Cahill) del episodio “Boy, Girl, Boy, Girl” de la tercera temporada y en el desarrollo de Samantha en la cuarta temporada. Sean tiene pelo negro despeinado y usualmente se le ve con equipo de hockey o suéteres holgados y jeans que estaban de moda a finales de los 90 entre hombres jóvenes. Samantha normalmente usa elegantes trajes en el trabajo y conjuntos a la moda cuando está de fiesta (o nada durante sus encuentros sexuales). Sam suele mantener su cabello rubio a la altura de los hombros.
En “Boy, Girl, Boy, Girl”, vemos a Sean, un hombre bi seguro de sí mismo y confiado, salir con Carrie y enseñarle cosas de la bisexualidad, demostrando tener la paciencia bíblica de Job. Es torpe, seguro de sí mismo (¡y usa el término “bi” para describirse! ¡Qué concepto!), además de estar loco por Carrie. Lamentablemente, a pesar de ser una columnista sexual, Carrie (y la mayoría de las chicas) demuestra y disemina bifobia a borbotones cuando habla de su relación. Vale la pena señalar que aunque Samantha lanza algún comentario sarcástico de vez en cuando, parece mucho más abierta sobre la bisexualidad que los otros personajes, especialmente para la época.

Debido a la popularidad e influencia de la serie, esta oportunidad para presentarnos un momento educativo, así como incrementar los tipos de personajes LGBT aceptados en la televisión, terminó siendo nada más que una fuente de chistes trillados acerca de las personas bi, que además se emplearon contra la comunidad bi durante muchos años después. Carrie intenta ser abierta al respecto de Sean, pero finalmente decide que él — y la bisexualidad misma — son demasiado para ella y se marcha. Tristemente, esto marca el fin de cualquier desarrollo subsecuente para Sean.
La siguiente temporada muestra cierto progreso con Samantha. Siempre considerada inteligente, divertida, la menos criticona y la más progresista (o al menos la que tenía actitudes más positivas respecto al sexo), en la cuarta temporada la vemos iniciando su primera relación con alguien del mismo sexo: Maria (interpretada por Sônia Braga), una aclamada pintora brasileña. Aunque suele evitar las relaciones, Samantha reconoce una buena conexión cuando la ve. Así que se adentra en la relación con buena comunicación sobre su limitada experiencia previa con mujeres, y finalmente, aprende y crece a partir de esta experiencia.

Sin embargo, también termina llamándose a sí misma lesbiana, se mencionan viejos clichés sobre las mudanzas, y el guion para Samantha ni siquiera es consistente con temporadas anteriores. De algún modo, debemos creer que una mujer tan experimentada sexualmente como Sam nunca antes hubiera experimentado el squirting, o que sólo hasta ahora aprendiera que hay tres orificios en el suelo pélvico femenino, cuando años antes le había dicho a Charlotte que se mirara la vulva con un espejo. Este episodio nuevamente muestra lo poco solidarias que son sus amigas, con otra letanía de conversaciones bifóbicas a sus espaldas después de que revela su relación con Maria.
Aunque Sex and the City fue innovadora para su época e hizo avances respecto al discurso público sobre las mujeres y el sexo, lamentablemente se quedó muy corta en temas LGBT — y especialmente en bisexualidad. La serie es divertida para ver por nostalgia o como una extraña cápsula del tiempo, pero es mediocre en cuanto a una representación bi sólida en la televisión.