El tiempo que tenemos es un drama romántico del 2024 dirigido por John Crowley y escrito por Nick Payne, protagonizado por Florence Pugh como Almut Brühl y Andrew Garfield como Tobias Durand. Estructurada a través de una narrativa no lineal, la historia recorre una década de la relación de la pareja, pasando por su impulsivo primer encuentro, los años en los que construyen una vida en común y el periodo posterior al diagnóstico terminal de Almut. La película combina el realismo doméstico con una exploración reflexiva del tiempo, la memoria y la arquitectura emocional de las relaciones a largo plazo.
La historia comienza con el encuentro inesperado de Almut y Tobias cuando ella lo atropella accidentalmente con su coche mientras él cruza la calle, después de buscar una pluma para firmar los papeles de su divorcio. Su conexión se desarrolla rápidamente y la película salta con fluidez entre diferentes momentos de su relación, mientras navegan por la intimidad, las ambiciones profesionales, la paternidad y las consecuencias de las decisiones tomadas anteriormente en sus vidas. Almut se presenta como una chef bien establecida cuya determinación e inquietud marcan muchas de sus decisiones, mientras que Tobias se presenta como una persona estable, cálida y cada vez más dedicada a su hija a medida que crece la carrera culinaria de Almut. El uso de la fragmentación temporal permite que la narrativa de la película revele momentos un tanto complicados como: sus primeras citas, su eventual relación, el nacimiento de su hija en una gasolinera y la tensión emocional de sus divergentes trayectorias profesionales.
La representación bisexual aparece a través de la historia de Almut, que incluye una importante relación pasada con una mujer llamada Adrienne Duval. La película trata esta relación como una parte importante de la vida de Almut, en lugar de un breve experimento o un detalle ambiguo. En una conversación con Tobias, ella explica que ella y Adrienne terminaron su relación porque Adrienne quería tener hijos, algo que Almut no podía imaginar para sí misma en ese momento en su vida. El diálogo se presenta con sencillez, sin hacer ningún énfasis en el género de su antigua pareja como fuente de tensión o sorpresa, y Tobias responde a la información con naturalidad y genuina curiosidad. Más adelante en la película, Almut relata un breve encuentro con Adrienne años después de su ruptura, lo que sugiere que su conexión siguió siendo cálida incluso después de que terminara su relación romántica. Esta inclusión posiciona a Almut como bisexual canónica y enmarca su relación pasada con una mujer como significativa en lugar de incidental.

A medida que la enfermedad de Almut se convierte en el eje central de la narrativa, la película yuxtapone momentos de alegría e intimidad doméstica con escenas que representan el impacto emocional y físico de su diagnóstico. Tobias se convierte en su principal cuidador, y su hogar se adapta a las exigencias de los tratamientos, el cansancio y la conciencia de que su tiempo juntos llegará a terminar. Los saltos temporales amplifican el peso emocional de estas escenas, situando los recuerdos de la felicidad inicial junto a la realidad de sus circunstancias. A través de esto, la película presenta un retrato coherente de cómo evoluciona su amor a través de circunstancias cambiantes y la inevitabilidad de la pérdida.
El tiempo que tenemos enfatiza la multiplicidad de una sola vida, destacando las relaciones, ambiciones y decisiones que se acumulan para dar forma a la identidad de una persona. La bisexualidad de Almut se retrata como uno de estos elementos esenciales, perfectamente integrados en su historia sin convertirse en el punto central de la narrativa. El rechazo de la película a tratar como una sensación su sexualidad contribuye a una representación que se siente fundamentada y madura, en consonancia con sus temas más amplios de complejidad emocional y la importancia de reconocer las muchas vidas que una persona vive a lo largo del tiempo.