¡Hola unicornios! ¿Les ha pasado que van a ver una película con una expectativa pero resulta que termina siendo otra? Pues esto es lo que me sucedió con Huesera. La crítica en general alabó este trabajo, por lo que pensé que tal vez sería buena idea darle una oportunidad.
Así que fui al cine, con la idea de ver una película de terror y apoyar el cine mexicano. Y sí, en cuanto al suspenso que genera la historia, no hay falla. Logran mantener al espectador al borde del asiento, pero dentro de la trama surge un tema que no esperaba: la orientación sexual de la protagonista. Y de esto es sobre lo que quiero hablar.
Pero antes de continuar, hay que hacer algunas advertencias. Primero, la reseña contendrá algunos SPOILERS, por lo que tal vez quieras ver primero la película antes de leer para poder comprender mejor. Segundo, aunque usaré un lenguaje dentro de la categoría PG-13, se hará referencia a temas sensibles como sexo explícito y descripción de escenas de terror. Y si no estás familiarizado con nuestra escala, puedes consultar la métrica aquí. También puedes encontrar una entrada sobre esta serie en nuestra nueva sección Bi Media. Ahora sí, ¡listos para pasar un momento de terror!
Huesera es la ópera prima de la directora mexicana Michelle Garza Cervera y se estrenó en 2023. La historia busca retratar las dificultades de la maternidad, aunadas a la presión social por cumplir los roles de género impuestos desde la familia. Es a través de Valeria (Natalia Solián) que nos adentramos en el viaje de una madre primeriza, quien en apariencia vive en un matrimonio perfecto. Aunque poco a poco como espectadores, veremos que esta familia está construyéndose en una base poco estable.

Esta película de terror destaca por no usar a su protagonista femenina como la compañera del protagonista hombre o como la poseedora de una maldición irrevocable. Más bien, vemos a una mujer común que por un lado está feliz con la decisión de ser madre, algo que además buscaba desde hacía un tiempo, pero conforme los meses pasan, se cuestiona si realmente tomó la mejor decisión.
En su adolescencia, se imaginaba otro tipo de vida, una donde su amiga y primer amor, Octavia (Mayra Batalla), estuviera presente. Quizá es por esto que a pesar de tener un esposo que la apoya en todo, hay algo que no termina de encajar. En realidad, desde el momento en que necesita reubicar su taller de muebles para que sea el cuarto del bebé, las cosas no van bien.
Y es después de esto cuando las alucinaciones comienzan, pero una es la que más se repite: la sensación de que su cuerpo es como de gelatina y puede contorsionarse y romperse los huesos a voluntad. Pero aunado a esto, tiene otras experiencias que la hacen dudar de su realidad, como cuando Valeria se queda a cargo de sus sobrinos porque el resto de la familia va a una fiesta y ella escucha claramente que alguien entra a la casa. Pero tal parece que eso nunca ocurrió y sólo amanece muerto el perro guardián de la casa. Y así suceden otras escenas donde el nivel de violencia aumenta un poco más.
A raíz de tantos miedos y dudas sin resolver, Valeria termina pasando más tiempo en casa de sus padres donde se reencuentra con Octavia. Desde su primer saludo se entiende que quedaron cosas sin resolver. Y descubrimos qué sucedió: Valeria y Octavia solían ser punks y se escapaban de casa para pasar el rato. Sin embargo, el hermano de Valeria muere, quien era la esperanza familiar de un futuro mejor. Y es por ello que Valeria se siente con la responsabilidad de cambiar de vida, así que eso significará alejarse de Octavia, pues para este momento ambas estaban conscientes de que se gustaban, pero nunca formalizaron una relación.
Es esto lo que hace sentir a Valeria que tiene una cuenta pendiente con Octavia, y poco a poco van acercándose de nuevo hasta que un día tienen un encuentro sexual, dejándonos ver por completo que Valeria sí es bi, aunque nunca se menciona la palabra como tal.
Lo que me gustó:
Me gustó que se abordara el tema del embarazo, algo que no suele ser muy retratado desde la perspectiva realista de una mujer que, a pesar de estar feliz, no puede evitar sentir miedo a fracasar y a que sus asuntos no resueltos del pasado o sus “fantasmas” la alcancen y, por ello, no ser una buena madre.

También me gustó que hubiera algo de representación de la diversidad sexual y sobre todo, no justificar los errores de la protagonista con esto. Al contrario, Valeria tomó responsabilidad por la infidelidad, lo cual acabó con su matrimonio y aunque es algo que la entristeció, decidió alejarse, para que tanto ella como su ahora exesposo, tuvieran una vida mejor. Muchos podrían considerar controversial dejar a la bebé con el padre, pero si poco a poco logramos quitarle la carga social a este tipo de decisiones, también podríamos ser promotores de que los padres participen más en la crianza y no solo como proveedores.
Además, como película de terror es muy recomendable porque no es tan predecible. Hay momentos impactantes que dejan al público preguntándose si está ocurriendo algo sobrenatural o si el protagonista es responsable de lo que sucede. Esta sensación de duda continúa a lo largo de la película.
Lo que no me gustó:
Suena quizá contradictorio, pero fue justamente esta representación de la diversidad sexual lo que no terminó de convencerme, empezando porque nunca se menciona de manera directa si Valeria es bi. La directora de la película deja entrever que Valeria realmente es lesbiana y que su matrimonio fue sólo una fachada, pero estoy completamente en contra. Es cierto que la primera vez que sintió atracción física por alguien fue por una mujer, pero eso no significa que se casara a la fuerza con su esposo. Al contrario, ella estaba feliz, ambos se apoyaban y disfrutaban del proceso para lograr el embarazo. Es decir, Valeria sí sentía atracción física y tenía cercanía emocional con él, lo cual demuestra que Valeria en realidad es bi.
Aunque en la parte de desmitificar el embarazo logra hacer un buen trabajo, considero que esta parte de representación de la diversidad sexual pudo haber sobrado. O bien, hacer a Valeria completamente lesbiana. Y en este caso, lo que no se dijo, pero se insinuó, es parte de los estereotipos que nos perjudican como personas bi: que un matrimonio con una persona del sexo opuesto es el remedio para volvernos heterosexuales (como si ser bi fuera algo “curable”) o que ser bi es una etapa de negación previa a admitirse como homosexual. Huesera parece ser más un ejemplo de lo segundo, lo cual espero ver cada vez menos en películas o series.

La calificación:
Si estuviera calificando la película por el género que representa, le daría la calificación más alta, porque, como película de terror, sin duda logra su cometido. Pero en cuanto a la representación bi, le daría dos de cuatro unicornios.
El personaje femenino principal logra tener desarrollo, pero por momentos el tema de su orientación sexual parece algo más para crear controversia y tener ciertas escenas subidas de tono. Al final la audiencia queda con la sensación de que Valeria fue una mentirosa porque en realidad era lesbiana, como si solamente hubiera dos orientaciones válidas.
Huesera es un intento increíble de mostrar más mujeres en pantalla, pero hace falta trabajar para no seguir invisibilizando a las personas bi. Pues aunque probablemente seamos el grupo más grande en cuanto a diversidad sexual se refiere, tenemos pocos contenidos que reflejen sobre cómo vivimos nuestras relaciones amorosas, entre otros aspectos fundamentales de nuestras vidas.
