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La Escala del Unicornio: El Vampiro Lestat

agosto 21, 2026 · por Faby Mota

No lo puedo ocultar, me encantan los vampiros. Sí, fui la adolescente obsesionada con Crepúsculo… y ahora la adulta obsesionada con Lestat. Cuando vi la adaptación de AMC de Entrevista con el Vampiro, comprobé mi bisexualidad. Efectivamente estaba enamorada de un hombre (¡ay no, qué cringe!). Ustedes no miden el FOMO que me dio no haber estado en el concierto de Lestat, que sí, ¡sucedió en la vida real! Y como fan y creadora de contenido, lo obsesionada que estaba con todas las maravillosas campañas de marketing que me tuvieron en la expectativa de esta serie.

Y tengo que decir que a veces una serie te da representación bi y otras veces te la avienta a la cara cubierta de glitter. El Vampiro Lestat pertenece definitivamente a la segunda categoría. 

Antes de continuar, tengo que advertir que esta reseña contendrá SPOILERS de la serie El Vampiro Lestat y, por consiguiente, de Entrevista con el Vampiro. Si no estás familiarizado con La Escala del Unicornio, te recomiendo que le eches un ojo a la manera en la que esta reseña calificará la representación bi aquí. Y también puedes revisar nuestra entrada de Media Bi sobre esta serie aquí.

En fin… continuemos: “Lestat, Lestat, Lestat, Lestat, Lestat, Lestat…”

Después de dos temporadas contadas principalmente desde la perspectiva de Louis, Entrevista con el Vampiro cambia de nombre, protagonista y tono para convertirse en El Vampiro Lestat. Basada en la segunda novela de Anne Rice, esta temporada sigue a Lestat de Lioncourt (Sam Reid) mientras reconstruye su vida antes y después de conocer a Louis, desde su juventud en Francia hasta su transformación en una estrella de rock inmortal. En el presente, Lestat convierte su necesidad de contar su propia versión de los hechos relatados en el popular libro que surge tras la entrevista de Louis en una gira musical llena de sangre, sexo, glitter y, por supuesto, muchísimo drama vampírico.

El cambio es enorme. La serie pasa de la intimidad melancólica de las primeras temporadas a algo mucho más glam, camp y rockero. La temporada toma inspiración del glam rock y de figuras como David Bowie e Iggy Pop para construir una versión de Lestat que parece existir completamente fuera de las reglas humanas. Y, en muchos sentidos, eso también se refleja en la representación bi de la serie.

Lo que me gustó:

Lo que más me gustó de esta temporada es, sencillamente, lo poco que le teme a la bisexualidad.

Desde el primer episodio, Lestat deja clarísimo que su sexualidad no está limitada por el género. En una de las primeras escenas bromea diciendo: “Drenar un poco, en ambos sentidos”, un juego de palabras que funciona tanto por su condición de vampiro rockero (hablando de sangre y vodka) como por su sexualidad. Poco después, lo vemos besar a un hombre y a una mujer al entrar al camión de su tour, y la serie presenta encuentros sexuales con personas de distintos géneros sin convertir ninguno de ellos en un acontecimiento especial.

Imagen/AMC

Y eso es precisamente lo que me encanta: nadie parece necesitar una explicación. En el mundo de El Vampiro Lestat, la fluidez sexual de los vampiros es tan normal que ni siquiera parece ser un tema de discusión. Lestat puede estar con hombres y mujeres; Daniel puede tener relaciones con personas de distintos géneros y los personajes simplemente continúan con sus vidas. No hay un momento de “¿Qué significa esto sobre ti?”, ni una crisis sobre si Lestat es “realmente” atraído por ambos sexos. Su sexualidad existe de la misma manera que cualquier otra característica del personaje.

Incluso cuando la serie no utiliza la palabra “bi”, sí habla de la fluidez sexual de Lestat. Me parece importante reconocer que la temporada no trata la bisexualidad como una fase, una confusión o una revelación dramática. Lestat y la mayor parte de los vampiros de este universo simplemente son así.

También me parece imposible no hablar de la construcción visual del personaje. Esta versión de Lestat rockero es una auténtica fantasía bi: glitter, maquillaje, cabello de colores, ropa extravagante, luces bi y una masculinidad que juega constantemente con lo femenino. Sam Reid interpreta a Lestat como una estrella de rock glamorosa, seductora y exagerada, y la serie nunca parece interesada en hacerlo menos queer para hacerlo más aceptable. The Guardian incluso ha descrito esta nueva versión como un “dandi del inframundo”, destacando la influencia de David Bowie en su presencia escénica.

Imagen/AMC

Para mí, eso es representación bi también. No solamente porque Lestat sienta atracción por más de un género, sino porque la serie permite que un hombre bi sea sensual, extravagante, femenino, masculino, sexual y completamente seguro de sí mismo al mismo tiempo.

También me gustó que la temporada continuara expandiendo la fluidez sexual de otros personajes. Daniel Molloy y Armand finalmente avanzan hacia la relación que los lectores de Las Crónicas Vampíricas conocen como el Esbirro del Diablo. Aunque realmente no vimos su romance en pantalla (solo se menciona que Daniel está saliendo con alguien, y posteriormente se revela que Armand y él se volvieron compañeros), es una confirmación importante para Daniel, especialmente después de que lo conocemos como un hombre que tuvo un matrimonio con una mujer pero que acudía a bares gays en su juventud. La serie no presenta su sexualidad como una contradicción: simplemente forma parte de su historia.

En ese sentido, El Vampiro Lestat presenta un mundo donde la bisexualidad no solamente es aceptada: es sexy. Y después de décadas en las que los personajes bi han tenido que justificar su orientación, eso resulta refrescante.

Lo que no me gustó:

Pero tengo una queja bastante grande: ¿por qué nadie dice la palabra “bisexual”? Entiendo que la serie viene de una época y de una obra en las que los personajes no necesariamente utilizan etiquetas modernas para describir su sexualidad. También entiendo que Lestat se describe en la primera temporada, que transcurre entre 1910 y 1940, como “no discriminatorio” y que la idea de que los vampiros trascienden las categorías humanas es central en la obra de Anne Rice. Pero esta temporada transcurre en su mayor parte en la época moderna, es decir, 2025-2026. Está llena de referencias a la cultura contemporánea; los personajes usan frases como “devorar” o mencionan TikTok e incluso Labubus. Habría sido maravilloso que en algún momento alguien dijera simplemente: “Lestat es bi” o se refiriera a su sexualidad como tal.

No porque necesitemos una etiqueta para validar algo que ya es evidente, sino porque nombrar la bisexualidad también importa.

Imagen/AMC

Hay, además, algunas decisiones que me resultaron mucho más incómodas desde una perspectiva bi. La relación entre Lestat y Gabriella, su madre, es obviamente un elemento heredado de los libros, y la serie la presenta como profundamente tóxica. Es difícil separar esa historia de ciertos estereotipos particularmente desagradables sobre la bisexualidad: la idea de que las personas bi tienen deseos indiscriminados, no pueden controlar sus impulsos o están dispuestas a cruzar cualquier límite sexual.

Gabriella también tiene un breve momento con otra mujer cuando besa a una stripper, pero la escena parece estar principalmente construida para provocar a Lestat. Después de eso, la serie no desarrolla realmente una línea argumental queer, pero sí la vemos teniendo mucho sexo con hombres. Resulta bastante decepcionante usar el recurso del beso con otra mujer como una incitación a Lestat, especialmente en un universo repleto de vampiros canónicamente bi.

También existe una conversación interesante sobre cuánto espacio visual le dio la temporada a la sexualidad queer. Algunos espectadores han señalado que las escenas hetero son más explícitas que algunas de las escenas queer y que la intimidad entre Lestat y personajes masculinos como Nicolas está filmada de una manera más contenida.

No estoy completamente convencida de que esto sea censura. Creo que buena parte de la diferencia puede explicarse por las decisiones narrativas y estilísticas de la temporada: no todas las relaciones cuentan la misma historia, y algunas escenas sexuales están diseñadas para resultar incómodas en lugar de ser eróticas. Aun así, la comparación es válida, especialmente porque las primeras dos temporadas de Entrevista con el Vampiro demostraron que la serie no tenía miedo de mostrar la sexualidad queer de manera explícita. Pero justamente porque la serie ha establecido un estándar tan alto en su representación queer, es comprensible que algunos espectadores hayan notado la diferencia.

La calificación:

Le doy a El Vampiro Lestat: 3 de 4 unicornios.

Esta temporada hace algo que todavía resulta sorprendentemente raro: presenta a un hombre bi como alguien que puede ser abiertamente sexual, extravagante, romántico, poderoso y completamente cómodo con su sexualidad. No necesita “descubrir” que es bi ni justificarlo ante nadie. Su bisexualidad simplemente existe y el mundo que lo rodea parece tener muy pocos problemas con ella. Su bisexualidad es una característica completamente integrada en la forma en que vive, ama, desea y se presenta ante el mundo.

Transcurriendo en una época contemporánea, me hubiera gustado que la serie utilizara la palabra “bi” de manera explícita, que no hubiera utilizado el recuerdo del beso de Gabriella con una chica y que hubiera desarrollado más algunas de las relaciones queer — especialmente la de Daniel y Armand; supongo que veremos más a fondo esa relación en las siguientes temporadas.

Pero incluso con esas reservas, es difícil no celebrar lo que El Vampiro Lestat está haciendo. Lestat puede aparecer en el escenario cubierto de glitter, besar a hombres y mujeres, jugar con su género y su sexualidad, cantar sobre sexo y deseo y simplemente ser. No es una crisis. No es una fase. No es una revelación.

Es Lestat.

Y honestamente, ¿qué podría ser más bi que eso?