¡Hola, mis hermosos bibliófilos bis! El romance y fantasía, osea, el romantasy, está de regreso y es más popular que nunca, sobre todo desde el éxito arrollador de la serie A Court of Thorns and Roses de Sarah J. Maas. Confieso que he leído varios de estos libros y me han parecido un poco absurdos, escapistas y, por lo general, muy divertidos. Pero, en cuanto a las historias de amor, suelen ser bastante heteronormativas. Entonces un buen amigo no dejaba de recomendarme Guerrero, princesa, assesino, de Brigid Kemmerer. ¿Y por qué estaría hablando de ese libro en esta columna? Sigan leyendo, mis gusanos de biblioteca bis, y lo descubrirán.
Pero antes de empezar, unas cuantas advertencias: este artículo contiene SPOILERS de este romantasy adulto publicado en 2025, el primero de una trilogía. También incluye advertencias de contenido por TEPT relacionado con la guerra, trata sexual, esclavitud y descripciones gráficas de guerra y asesinato. Definitivamente, este libro es para adultos.
¿Listos? Entonces, empecemos.
En Guerrero, princesa, asesino seguimos a tres personajes que encarnan los roles del título: la princesa Marjoriana, o “Jory”, de Astranza; el rey guerrero Maddox “Ky” Kyronan, de la nación vecina de Incendar; y el asesino Asher, amigo de la infancia de Jory, quien fue desterrado de la corte cuando era adolescente y terminó uniéndose al Gremio de Cazadores para sobrevivir como asesino.
Jory ha sido comprometida para casarse con Ky con el fin de sellar una alianza entre sus países: Astranza aportará alimentos, mientras que Incendar ofrecerá el poder del fuego de Ky y su formidable ejército, fortaleciendo así a ambas naciones frente a la aterradora y misteriosa Draegonis. Sin embargo, poco después de conocerse y antes de que Jory acepte formalmente la propuesta de matrimonio, Asher recibe el encargo de una misteriosa entidad de asesinarlos a ambos. Si fracasa, el Gremio de Cazadores seguirá enviando asesinos hasta completar el trabajo. Así comienza una historia llena de aventura, intriga política, romance explícito y magia.
Hasta aquí, parece el típico triángulo amoroso del género. Pero aquí es donde Kemmerer le da un giro interesante. Conforme los tres personajes viajan hacia el reino de Ky mientras intentan escapar de la recompensa que pesa sobre sus cabezas, descubrimos que tanto Ky como Asher son bi… y que, en realidad, los tres están formando una tríada poliamorosa.
Probablemente en este momento estén confundidos por este planteamiento. Yo también lo estuve, sobre todo tratándose de este género. Pero la autora maneja la idea extraordinariamente bien.
Sí, desde los primeros capítulos sabemos que Asher sigue enamorado de Jory y que entre ella y el rey surge una atracción inmediata. Inteligentemente, Kemmerer alterna los capítulos entre narraciones en primera persona, así que vamos entrando, uno tras otro, en las mentes de Jory, Asher y Ky. Esto nos permite acompañar de primera mano cómo Asher y Ky empiezan a admirarse y sentirse atraídos el uno por el otro. Además, al desarrollarse desde su propia narración interna, la bisexualidad que experimentan y exploran resulta completamente incuestionable. Aquí son los propios personajes quienes hablan de sus sentimientos y atracciones, y eso resulta sorprendentemente refrescante en la literatura.
La narración de Ky muestra cómo sus sentimientos por Jory y Asher evolucionan de forma paralela. Ambos le resultan fascinantes; siente la responsabilidad de mantenerlos a salvo y poco a poco comprende que la atracción que siente por uno no es, en esencia, distinta de la que siente por la otra. Además, su preocupación por Asher lo lleva a ser especialmente cuidadoso con sus límites, sobre todo porque sabe que el contacto físico puede generarle ansiedad.
Los sentimientos de Asher avanzan más lentamente. Al principio desconfía de Ky y se siente confundido por la comodidad que encuentra en su actitud protectora, su paciencia y la manera en que pronuncia su nombre. Debido a su trauma, confiar en Ky le resulta aterrador y desconocido, pero esos momentos dejan claro que, bajo toda su resistencia, empiezan a surgir tanto la atracción como el apego emocional.
Ky es fuerte, estratégico, inteligente, observador, protector, compasivo y sorprendentemente amable. Eso no significa que sea perfecto: en una crisis puede entrar demasiado rápido en modo guerrero y asumir que cualquier persona que se acerque es una amenaza. Asher también es un personaje muy completo: increíblemente ágil y rápido, sarcástico, observador al estilo de Jason Bourne — de esos que parecen conocer todas las salidas de cada habitación a la que entran —, inteligente, experto en intrigas políticas gracias a su infancia en la corte de Astranza, hábil para improvisar y profundamente tierno con Jory. Pero también es una persona extremadamente paranoica y traumatizada, debido a los años que pasó en servidumbre y su entrenamiento como asesino, con muros emocionales tan altos como montañas.
Una de las cosas que más me gusta del romance entre Ky y Asher es que nace del respeto mutuo por sus experiencias como hombres marcados por la violencia: la habilidad que requiere su trabajo, el derramamiento de sangre que ambos han vivido y los sacrificios personales que hacen por el bien de los demás. Tiene esa sensación de camaradería entre “compañeros de batalla“. Al mismo tiempo, Ky es plenamente consciente del pasado de Asher en los burdeles de trata sexual a los que hace referencia y jamás lo presiona para hablar del tema ni sobre sus sentimientos. De hecho, demuestra una comprensión muy profunda de su trauma, respetando siempre los límites que Asher expresa, ya sea con palabras o mediante su lenguaje corporal. Es Asher quien marca el ritmo de toda la relación, y queda claro que Kemmerer investigó cuidadosamente sobre la atención informada por el trauma.
Otra cosa que me encanta de Guerrero, princesa, asesino es que la diversidad sexual no es, en absoluto, un concepto nuevo en este mundo. En el capítulo 16, Ky habla sobre algunos soldados bis de su regimiento y sobre cómo cuidan tanto de los demás como de las mujeres que conocen durante sus campañas. Es algo completamente normal y aceptado, al menos en Incendar. De hecho, en el capítulo 14, durante una conversación con Jory, Ky le pregunta amablemente a Asher: “¿Prefiere la compañía de los hombres?”. Además, alrededor del capítulo 20, Ky menciona casualmente que ha tenido amantes tanto hombres como mujeres.
En el caso de Asher, la diversidad sexual tampoco le resulta desconocida, aunque sí representa un despertar personal, ligado a recuperar su propia capacidad de decisión. Trágicamente, fue obligado a mantener relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres durante su cautiverio. Pero no es sino hasta conocer a Ky y vivir el proceso de redescubrimiento que atraviesa a lo largo de la novela cuando su bisexualidad florece de verdad, completamente separada del abuso que sufrió durante su tiempo en servidumbre.
Quizá lo más extraordinario de todo esto es que, al final, el triángulo amoroso realmente se convierte en una tríada, tal como Ky le repite varias veces a Asher cuando hablan de Jory: “No estamos compitiendo”. Y tras una muy esperada consumación entre los tres, queda claro que todos se sienten igualmente atraídos entre sí y ocupan exactamente el mismo lugar dentro de la relación.
Es muy raro encontrar una representación exitosa del poliamor bi en prácticamente cualquier género, y aún más en uno que durante décadas ha estado dominado por romances exclusivamente heterosexuales. Por eso, tanto por el desarrollo cuidadoso y complejo de sus personajes bis masculinos como por lo divertida que resulta la historia, recomiendo ampliamente Guerrero, princesa, asesino. Es escapista, seductora, está llena de aventuras y, sobre todo, es increíblemente, descaradamente bi.