No cabe duda de que recordar es volver a vivir. Hubo una época en la que yo era un auténtico desastre sentimental: si existiera un manual de “cómo complicarse la vida siendo bi”, yo lo habría escrito bien detallado. Mientras intentaba averiguar qué quería de la vida — y, sobre todo, de mis relaciones — terminé lastimando a personas que me importaban y acumulando errores que hoy me hacen reír y sonrojar a la vez. Por eso, mientras leía la historia de Julia Rosenberg, no podía evitar tener flashbacks de mi propia vida. No porque compartiéramos las mismas vivencias, sino porque reconocí esa sensación de estar intentando descubrir quién eres mientras tropiezas una y otra vez en el camino… y a veces lo haces con estilo.
Cuando escuché por primera vez hablar de Best Woman, la novela debut de Rose Dommu, supe que merecía una reseña en el Club de lectura bi. La obra funciona como una reinterpretación contemporánea de la película noventera La boda de mi mejor amigo y combina humor y drama. Pero la verdadera razón por la que quise reseñarla fue Julia Rosenberg: una mujer trans y bisexual de veintinueve años cuya identidad atraviesa toda la trama y cuya historia se atreve a mostrar en toda su complejidad — caótica, contradictoria y profundamente humana. Una protagonista trans bisexual sigue siendo poco común en la literatura, y por eso merece ser analizada en profundidad.
Antes de continuar, aviso que esta reseña contiene SPOILERS, así que si no quieres enterarte del chisme completo, mejor lee el libro primero.
La novela se desarrolla entre Nueva York y Florida, durante los preparativos de la boda del hermano de Julia. Todo se complica cuando Julia descubre que Kim Cameron, la chica de la que estuvo enamorada en la secundaria, es ahora la dama de honor de la novia. Julia entra en pánico y recurre a una pequeña mentira para ganarse la simpatía y el cariño de Kim: le hace creer que toda su familia está en su contra y que no la acepta del todo desde su transición. Esa mentira pronto se convierte en una bola de nieve que amenaza con arruinar la atracción que empieza a surgir entre ellas y, de paso, complicar aún más su relación con la familia. En ese contexto, debe lidiar con la dinámica de la boda, reencontrarse con Ben Otsuka — un compañero abiertamente pansexual de la infancia y un amigo con beneficios — y enfrentar las tensiones con sus padres divorciados.
Desde el inicio, la bisexualidad de Julia no es un detalle menor. Se establece desde los primeros capítulos y queda claro que tanto sus amistades como las personas más cercanas a ella lo saben desde que era adolescente. El primer momento en que se conoce su orientación ocurre en un recuerdo ambientado trece años antes de los acontecimientos principales. Tras un ensayo escolar, Kim la lleva a casa y, durante el trayecto, asume que Julia es lesbiana. Julia la corrige de inmediato. Cuando Kim se disculpa por la confusión, Julia aclara:
Está bien. Sé que mucha gente cree que es prácticamente lo mismo o que solo estoy… fingiendo que también me gustan las chicas para no tener que ser, ya sabes, realmente gay. […] Pero si fuera gay, habría dicho que soy gay. No me importa lo que piense la gente. Soy bisexual.
La representación de Julia como mujer bi es, en términos generales, positiva. Al mismo tiempo, está lejos de ser una figura idealizada: es impulsiva, comete errores, miente, hiere a las personas que quiere y toma decisiones egoístas. Según ha explicado la autora, uno de sus objetivos era alejarse de la representación tradicional de las personas trans, y esa complejidad también alcanza a la bisexualidad de Julia. Como ella misma señala:
Además, en los medios, las personas trans casi siempre tienen que ser santos, mártires o lo que sea que las personas cis creen que deberíamos ser. Yo quería aportar al canon literario una pesadilla caótica: una persona trans y bisexual.
Un aspecto que podría resultar divisivo es que algunos lectores consideren que ciertos rasgos de Julia refuerzan estereotipos asociados históricamente a la bisexualidad, como la promiscuidad o la indecisión. Sin embargo, la novela reconoce estos prejuicios y los problematiza a través de la voz de la protagonista. En una discusión con Rachel, Julia rechaza que su atracción hacia más de un género implique que vaya a involucrarse con cualquiera, afirmando:
Tampoco soy el típico estereotipo de la persona bisexual caótica que quiere cogerse a todo lo que se mueve.
Usando el humor para evidenciar que conoce esos estereotipos sin aceptarlos como definitorios.
Julia aparece durante la boda de Aiden, cuando Ben Otsuka bromea con que le gustaría conquistar al rabino Hoffman. Julia responde entre risas:
¡Fue importantísimo para mi despertar bisexual!
Al recordar esa etapa con humor y sin vergüenza, presenta su despertar bisexual como parte de su historia de vida.
Para los lectores bi, esta representación puede resultar significativa porque muestra a un personaje cuya bisexualidad nunca necesita ser demostrada o justificada. Julia puede enamorarse de una mujer mientras mantiene una relación cercana con un exnovio; puede cuestionar la monogamia, equivocarse, arrepentirse y crecer emocionalmente sin que nada de eso se presente como consecuencia de ser bi. La novela separa claramente la orientación sexual de los defectos personales, permitiendo que Julia sea imperfecta.
Al mismo tiempo, la obra ofrece un elenco diverso de personajes LGBT, ampliando la representación queer.
En definitiva, se trata de una novela recomendable para lectores bi que busquen personajes complejos y alejados de idealizaciones, para quienes disfrutan de comedias románticas queer con drama familiar, y para quienes quieran ver cómo la bisexualidad y la identidad trans conviven en una misma historia. Y si al principio contaba que yo también tuve mis años de “desastre sentimental”, leer a Julia me recordó que ese caos no es un defecto, sino parte de lo que nos hace humanos. Igual que ella, aprendí que tropezar una y otra vez también puede ser una forma de descubrir quién eres.