Como escritora de ficción convertida en periodista, paso mucho tiempo leyendo ensayos personales. Algunos de ellos son fantásticos, otros no me cautivan tanto. Cuando se trata de la colección de ensayos de Melissa Faliveno, Tomboyland, lamento no haberla encontrado antes.
Tomboyland se centra en la pertenencia e identidad de Faliveno, detallando su crecimiento y su salida del clóset a través de ocho ensayos. Tomboyland abarca temas como fiestas fetichistas, softbol, la cultura de armas y los tornados. Aunque los ocho ensayos están muy bien escritos, esta reseña se centrará principalmente en uno titulado “Tomboy”, por su exploración de la bisexualidad. Para discutir mejor esta pieza, habrá algunos SPOILERS sobre este ensayo en particular, aunque he intentado no dar demasiados.

Tomboyland no proporciona advertencias de contenido, pero el siguiente material aborda o alude, especificamente en “Tomboy”: la bifobia y la homofobia, interna y externa; disforia de género y transfobia; amenazas de violencia; problemas corporales y suicidio. La colección completa de ensayos también aborda el abuso del alcohol, la depresión, la violación, la autolesión y la violencia armada, entre otros temas.
Con todo esto: Tomboyland no huye de presentar material pesado. En la discusión de Faliveno sobre la bifobia, en particular, esta forma directa de hablar sobre las cosas me pareció refrescante. Hay tan pocos autores que escriben memorias bi o ficción y aún menos que miran las formas complejas, y a veces feas, en la que la bisexualidad es calumniada, tanto por la sociedad en general como por la propia comunidad LGBT. Leer esta colección de ensayos como una persona bi recién salida del clóset, me ayudó a validar algunos de mis miedos y confusión — y reconocer esas cosas fue el primer paso para abordarlas en mi vida diaria.
“Tomboy” comienza con una discusión sobre el género y la sexualidad. Se entrelazan y entran en conflicto para Faliveno. Ella lucha por sentirse cómoda en su identidad. Lidia con la feminidad y el tomboyismo. Lucha con la forma en la que su apariencia más masculina, que ella describe como ligeramente marimacha, causa que los demás asuman que solo le gustan las mujeres.
“Bisexual”, escribe, es un término que solo usa a veces. A ella no le gustan las etiquetas.
Hay algunas razones para esto. Por un lado, no siente que pertenezca completamente a la comunidad queer. Esto se debe en parte a su relación estable con un hombre.
Aunque por supuesto esa relación no la “descalifica” de llamarse a sí misma bi, complica sus sentimientos sobre la etiqueta. La deja preguntando: ¿Qué significa sentirse cómoda en tu cuerpo y con tu identidad? ¿Qué significa sentirse “lo suficientemente queer”?
Entrelazando su propia vida con investigaciones sobre Virginia Woolf, Edna St. Vincent Millay y un resumen histórico de los términos “androginia” y “marimacha”, Faliveno se despreocupa sobre el cómo quiere vestirse, actuar y ser de acuerdo a lo que la sociedad le ha dicho que es aceptable para un cuerpo como el suyo.
Uno de mis pasajes favoritos se encuentra casi a la mitad de “Tomboy”. En él, Faliveno identifica las formas en que ha experimentado la bifobia tanto de amigos heterosexuales (que sugieren que la gente bi puede tener conductas desviadas o que están experimentando) como de la comunidad LGBT (que le ha dicho que la bisexualidad es simplemente una represión).
Incluso Google tenía algo que decir al respecto. Cuando Faliveno buscó la palabra bisexualidad, “la cuarta opción en el menú de búsqueda fue esta: La bisexualidad no existe.”
Estas experiencias de bifobia han dejado a Faliveno ansiosa. La obligan a esconder su sexualidad de nuevos amigos independientemente de su género o identidades sexuales. “Tan pronto como revele que estoy en una relación con un hombre”, escribe, teme que su sexualidad “será cuestionada o invalidada o ambas cosas”.
Ese miedo resulta especialmente cierto para mí. Al igual que Faliveno, también estoy en una relación a largo plazo con el sexo opuesto. La mía se muestra como hetero y a veces puede hacerme sentir como si mi bisexualidad fuera obvia o invisible.
Puede sonar obvio, pero saber que otras personas bi luchan con la bifobia, la invalidación y la invisibilidad bi, me ayuda a normalizar mi propia incomodidad.
Otra poderosa sección de “Tomboy” lleva estas preguntas sobre la identidad aún más lejos: ¿Quién, exactamente, decide nuestras identidades?, ¿podemos perderlas?, ¿cómo podemos estar seguros de escoger una etiqueta cuando nuestras identidades pueden cambiar con el tiempo?
Faliveno aborda ese potencial de la fluidez: “El lenguaje”, escribe, “proporciona un número limitado de opciones”, y puede que nunca cubra toda la extensión de nuestras experiencias.
Eso también resonó conmigo; de hecho, se sintió casi revelador. No me di cuenta de que era bi hasta los 25 años, pasé años agonizando por lo “tarde” y “atrasada” que me sentía. No sabía cómo llamarme a mí misma ni cómo describir mis experiencias, porque “hetero” se había sentido demasiado simplista, incluso antes de que supiera que era bi. Una vez que lo supe, también “bi” se sentía demasiado limitante.
El trabajo de Faliveno me recordó que está bien sentirse en medio.
Concretamente, “Tomboy” señala la importancia de “decir las cosas en voz alta” a pesar de los límites del lenguaje. Tal vez no haya respuestas fáciles cuando se trata de etiquetas o cualquier otra cosa. Quizás eso está bien.
Encontré la colección de ensayos de Faliveno a principios del 2022, cuando estaba devorando libros queer en un intento por sentirme más cerca de la comunidad LGBT. Los ensayos de Faliveno abordaron directamente la vergüenza por la que estaba cruzando, incluiyendo mi relación con el sexo opuesto, mi larga historia con el tomboyismo y, lo más importante, la continua sensación de que no era “lo suficientemente queer”.
En un momento en que no sabía lo que necesitaba para sentirme mejor, el trabajo de Faliveno me puso en la tierra, y me dio la oportunidad de leer la experiencia de la bisexualidad de otra persona. Me hizo sentir mucho menos sola.
Aunque recomendaría Tomboyland, y “Tomboy” en particular, a cualquiera que esté interesado en la exploración de su identidad, Tomboyland fue especialmente adecuado para mí, en las primeras etapas de mi salida del clóset — cuando aún no sabía que lo que necesitaba era sentirme identificada.