¡Bienvenidos de nuevo al Club de Libros Bi! Hace poco tuve la suerte de asistir al estreno del documental Scotty and the Secret History of Hollywood (2017), el cual está centrado en la vida del infante de marina de la Segunda Guerra Mundial, Scotty Bowers.
Scotty se mudó a Hollywood después de la guerra y creó un negocio como estafador, padrote y gigoló en una gasolinera. Pero hay un detalle, prestó sus servicios a los altos mandos de Hollywood, quienes seguían en el clóset, durante la era dorada del cine estadounidense. Estas hazañas incluían no sólo a hombres gays y lesbianas, sino también a personas bi famosas — y Scotty “se ofrecía” a ayudarlos a todos.

El documental se vuelve un poco histérico a ratos, de mal gusto, conmueve y resulta desgarrador también. Me sentí muy agradecida por haber sido invitada, pero también por haber tenido oportunidad de conocer al protagonista, Scotty, ¡quien se veía muy bien a sus 95 años de edad!. Así que cuando me enteré de que la película se basaba en la autobiografía de Scotty, Servicio completo: La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood (2012), supe que tenía que leerlo.
ADVERTENCIA DE SPOILERS: A partir de ahora, esta reseña abordará algunas de las secciones más atrevidas y gráficas de la vida de Scotty, incluyendo abuso sexual.
Algo que me llamó la atención inmediatamente fue el tono de la narración. La escritura de Scotty tiene un estilo que se asemeja a una larga y entretenida conversación donde pasamos de anécdota en anécdota, con una buena copa de vino en la mano, contemplando una hermosa vista panorámica. Para algunos lectores, la falta de una línea narrativa clara puede resultar frustrante, pero si uno se pone en un estado de ánimo tranquilo, la narrativa poco convencional de Bowers resulta bastante agradable. La mayoría de las historias suenan como si él mismo las hubiera dictado, y la trama va saltando entre diversas líneas temporales, así que, prepárate para adaptarte y averiguar de vez en cuando en qué momento ocurre la historia que nos cuenta.
El libro logra abarcar una vida de aquellas. Tan fascinante como es el documental, es meramente un punto de partida hacia un viaje más largo y desenfrenado. Hablaré de los detalles de sus conquistas sexuales más adelante, pero antes menciono que este ex-infante de marina también habla de su paso por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el Pacífico, donde sobrevivió a una experiencia trágica y desgarradora en la batalla de Iwo Jima. No quisiera revelar todos los detalles, pero te advierto que esta sección fue un relato tan horrible, sobre pérdidas e surte que tuve que soltar el libro e ir a caminar para procesar mis emociones. Quizás fuera el relato más humano que haya leído sobre la Segunda Guerra Mundial.
Pero lo que me sorprendió, y lo que realmente pareció establecer la actitud de Scotty para vivir el resto de su vida, fue notar cómo ese dolor y esa pérdida le hicieron aferrarse a la vida, y hacerlo sin juicios ni excusas. Después de leer lo que presenció en aquella playa japonesa, comprendí lo que es vivir una vida sin una pizca de vergüenza (especialmente en lo que se refiere al sexo, algo de lo que la gente no debería avergonzarse de cualquier modo).
Scotty vivió otras aventuras que no tenían que ver directamente con el trabajo sexual. Entre otras cosas, ayudó a Alfred Kinsey a conseguir sujetos de investigación dispuestos a hablar sobre el lesbianismo. También hay una anécdota sobre Scotty mandándole ejemplos de pornografía histórica al instituto Kinsey tan buena que no quiero arruinarles la sorpresa. Basta con decir que este granjero del Medio Oeste de los estados unidos vivió una vida increíble.

Por supuesto, la cosa más interesante del libro son los tiempos osados de Scotty frente de un burdel de hombres queer que puso en una gasolinera del Hollywood Boulevard. Hay demasiadas “escapadas con gente del mismo sexo” como para tratar de enumerarlas, pero Scotty “ayudó” o se orfeció a organizar encuentros para Cary Grant, Randolph Scott, George Cukor, Spencer Tracy y el anterior rey de Inglaterra, por nombrar algunos. La mayoría de estas celebridades no salieron del clóset durante el apogeo de sus carreras debido a una “cláusula moral” incluída en sus contratos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los estudios cinematográficos se dieron cuenta de lo importante y rentable que era transmitir una imagen de éxito y, en Estados Unidos, eso significaba una imagen heteronormativa, conservadora y pulcra. Cualquier desviación de este ideal a mediados de siglo XX en la industria del entretenimiento — incluso en la vida privada de las personas — socavaría este gran esfuerzo. Así que muchos de estos artistas tuvieron que vivir sus mayores deseos en privado. Y ahí es donde Scotty entraba en escena. Las historias de su gasolinera y de sus servicios personales cumplen con creces la promesa de deleitar la curiosidad de todos.
Scotty nunca reclama para sí la etiqueta bi, aunque sus conquistas y orientación lo sugirieran. Pero del mismo modo, no tiene problema con llamar las cosas por su nombre con respecto a otros artistas y personalidades que se cruzaron en su camino. Y honestamente, llega a contar tantísimas historias de personas bi que es fácil perder la cuenta.
Cuando Servicio completo llegó por primera vez a los anaqueles, gente muy puritana se quejó tanto de la veracidad de sus afirmaciones como de que sacara a estos famosos del clóset postumamente. Pero con el paso del tiempo, la mayoría sus familiares confirmaron las preferencias de sus parientes. En tanto a sacarlos del clóset, realmente parece que Scotty esperó hasta que casi todos hubieran muerto y él mismo ya era casi un nonagenario a la hora de contar su historia. Creo que fue el momento apropiado, sobre todo si tomamos en cuenta que el libro aporta datos relevantes sobre una parte importante de la historia de la cultura de Estados Unidos que de otro modo se habría perdido en el tiempo.
Además, como dice el propio Scotty: “No hay nada malo en ser gay o queer.” Todos los actores, directores y jefes de Estado a quienes atendió permanecieron en el clóset sólo debido a las repercusiones personales y profesionales que podrían enfrentar. Si hubieran tenido la oportunidad de salir del clóset como la gente de ahora, la mayoría lo habrían hecho con gusto. Ocultar las cosas a causa de la doble moral de los poderosos de esa época. Y me alegra que Scotty les facilitara las conexiones y encuentros que se merecían.

Por último, está la cuestión del despertar sexual de Scotty, que se produjo en relación directa al abuso infantil que sufrió por parte de vecinos y sacerdotes de su comunidad. Admito que estos pasajes fueron difíciles de leer, sobre todo porque los relata sin darles mucha importancia. Scotty parecería ser una figura de psicología atípica, alguien cuyo deseo primordial por “hacer feliz a la gente” y cuya inusual visión de la vida parecen haberlo llevado a sentirse en paz con lo que le ocurrió. Por supuesto, que la víctima de un crimen atroz haya hecho las paces con él evento no hace que el crimen no sea atroz o un crímen.
Hay tantísimas cosas en Servicio completo que ni siquiera mencioné, pero en mi opinión, así es como debe ser la reseña de un libro. Recomiendo esta autobiografía con algunas reservas, sobre todo si buscas una lectura interesante de un hombre cuya relación liberada con su sexualidad ayudó a otros a vivir sus vidas al máximo, lejos de las luces cenitales.