Yo creo que las novelas juveniles son muy importantes por el público al que están dirigidas. En esa etapa de la vida, los lectores todavía están formando su identidad y su manera de entender el mundo, así que las historias que leen pueden tener un impacto enorme.
Para mí, lo más valioso de la literatura juvenil es cuando refleja la diversidad cultural y sexual. Que los personajes provengan de distintos orígenes y vivan experiencias queer en contextos multiculturales enriquece las narrativas y visibiliza realidades que suelen quedar fuera de lo hegemónico.
Y Hani and Ishu’s Guide to Fake Dating, escrita por Adiba Jaigirdar y publicada originalmente en 2021, es un ejemplo perfecto.
Cuando yo era pequeño, recuerdo lo difícil que era que mis amigos dudaran de mí. Esa desconfianza me dolía profundamente, porque me hacía sentir como si mi identidad necesitara pruebas para ser válida, como si lo que yo decía de mí mismo no fuera suficiente.
Antes de continuar con esta reseña, me gustaría dar una advertencia de SPOILERS, ya que lo que viene contiene detalles importantes de la trama y del desarrollo de los personajes, por lo que recomiendo leer la novela antes de seguir.
Humaira “Hani” Khan es una de las chicas más populares de su escuela; todos la aman, pero cuando sale del clóset como bisexual, sus amigas no le creen. Y es que siempre ha salido con chicos. En un momento de pánico, Hani propone fingir una relación romántica con Ishita “Ishu” Dey, una estudiante aplicada y poco popular a la que sus amigas detestan. Ishu acepta con una condición: que Hani la ayude a volverse más popular para poder ganar la elección de “Head Girl” (jefa de grupo).
Lo que comienza como un acuerdo estratégico pronto se complica cuando ambas empiezan a desarrollar sentimientos reales, mientras la presión social, los celos y el prejuicio amenazan con separarlas.
Desde el principio, Hani sabe quién es. Su bisexualidad no es ambigua ni un misterio por resolver: es explícita y constituye el eje central del conflicto. Ya ha salido del clóset con sus padres y tiene claridad sobre su orientación; el problema no es interno, sino social. Como ella misma explica:
Intenté explicarles que en este momento realmente no quiero salir con chicos… y eso sacó a relucir todo el tema de la bisexualidad… y se pusieron raros al respecto.
La reacción de sus padres, aunque imperfecta, es de apoyo. Su madre reconoce que incluso para ellos fue necesario reajustar expectativas sobre el futuro de su hija: con quién podría estar, cómo reaccionaría la familia extendida, pero nunca pone en duda su identidad: “¿Tal vez solo necesiten más tiempo?… A las personas puede tomarles tiempo procesar las cosas”.
A lo largo de la historia, Hani intenta explicar una y otra vez a sus amigas, Aisling y Dee, que ella sabe quién es, pero sus palabras nunca parecen ser suficientes. Para ellas, su confesión solo puede reducirse a dos opciones: o es lesbiana, o está confundida. Le exigen pruebas, como si besar a alguien fuera un requisito para sentir atracción, y reducen su identidad a una fase pasajera. Cuando Hani afirma que simplemente no quiere salir con nadie en ese momento, la respuesta es dolorosa:
—“Entonces, ¿por qué decir que eres bisexual en lugar de simplemente eso?” —pregunta Aisling.
—“Porque… soy bisexual” —responde Hani.
—“Y además, ahora no quiero salir con nadie”.
La novela retrata con precisión esa lógica bifóbica tan común: la idea de que la bisexualidad solo es válida si se demuestra constantemente. Incluso entonces, sus amigas sugieren que su identidad no es real, sino una influencia externa: “Ishita no me hizo bisexual… así no funciona esto”. Hani deja claro que no les contó antes precisamente por miedo a esta reacción: “Salí del clóset con mis padres hace mucho tiempo. No con ustedes, porque tenía miedo de que reaccionaran exactamente así”.
Estos momentos reflejan una experiencia profundamente reconocible: la sospecha constante de que nuestra identidad es una confusión, una moda o el resultado de otra persona. La bisexualidad de Hani no necesita ser probada, pero el mundo insiste en exigirle evidencia, mostrando el peso de la bifobia cotidiana.
Frente a la negación de sus amigas, también aparecen espacios de afirmación. Ishu cumple un papel fundamental al señalar lo que Hani intenta justificar: que no fue tratada con respeto. Cuando cuestiona por qué sigue siendo amiga de personas que la hacen sentir así, Hani se pone a la defensiva, minimiza lo ocurrido y apela a la complejidad.
El momento de mayor cuidado llega cuando Ishu le recuerda algo esencial: que existen otras personas capaces de quererla sin incomodarse con su identidad. “Habrá otras personas… que podrán decir la palabra ‘bisexual’ sin incomodarse”. En esa frase, la bisexualidad deja de ser solo una etiqueta discutida y se convierte en una palabra digna, pronunciable, cargada de afecto y legitimidad.
El libro insiste en algo poderoso: no es Hani quien necesita cambiar, sino el entorno que se resiste a verla tal como es. Precisamente ahí radica la relevancia de Hani and Ishu’s Guide to Fake Dating para la experiencia bi: presenta la bifobia como algo íntimo, cotidiano y profundamente doloroso. La negación no proviene de antagonistas evidentes, sino de amigas cercanas, de comentarios supuestamente “bienintencionados” y de silencios incómodos.
La novela también aborda una tensión muy común: el miedo a perderlo todo al decir la verdad. Hani no oculta su orientación porque no la entiende, sino porque la entiende demasiado bien y sabe exactamente lo que puede costarle. Su silencio no nace de la confusión, sino de la autoconservación. Este enfoque se relaciona directamente con las declaraciones de Adiba Jaigirdar sobre el origen del libro. La autora ha explicado que la historia surge de su insatisfacción con la representación sáfica y bi actual.
Como novela romántica juvenil, funciona de manera sobresaliente. Para mí fue especialmente significativo encontrar a Hani dueña y consciente de su sexualidad, y reconocer en su experiencia lo familiar que resulta enfrentarse a personas cercanas que cuestionan algo que uno ya tiene claro.