No debes meterte con los humildes gansos. Son capaces de pelearse con peatones, espantan soldados, y pueden derrotar a un gorila mano a mano. Además, se le quedan viendo intensamente a los autos pasar sin parpadear. Pero también aman tan intensamente como pelean y les encantan las triejas bisexuales. Ningún otro ganso representa mejor estas cualidades que el ganso Thomas.

Thomas fue un ganso blanco domesticado que se volvió famoso a principios de los años 90 en la laguna Waimanu de Nueva Zelanda, donde formó una pareja con un cisne negro llamado Henrietta. Duraron entre 18 y 24 años juntos (segun distintas versiones) volviéndose inseparables. Quien intentara acercarse mucho a Henrietta, fuera humano o perro, se enfrentaría a la ira de Thomas. Y entonces, un cisne hembra se unió a la pareja para formar un triángulo amoroso, y poco después pusieron un huevo. Pero el polluelo que nació no fue un ganso cisne (cruza) sino un cisne nada más. Henrietta resultó haber sido un macho (renombrado Henry), y todo lo que creían saber de Thomas tanto guías turísticos como observadores de aves quedó patas arriba. Por casi un cuarto de siglo Thomas había sido pareja de un ave del mismo sexo.
Aunque al principio Thomas se llevaba mal con el recién llegado, una vez que las crías nacieron, ayudó a criar a los cisnes como si fueran suyos — todas las 68 crías que nacieron en un periodo de seis años, a menudo siendo un padre más dedicado que los propios cisnes.

En el año 2009, Henry moriría de viejo y la hembra cisne, a quien también le pusieron Henrietta, tomó su propio camino. Pero después de un tiempo volando, metafóricamente, por su cuenta (los gansos domesticados no vuelan) Thomas conoció a un ganso hembra y tuvieron 10 polluelos. Pero Thomas estaba envejeciendo.
Cuando empezó a fallarle la vista en el 2013, trasladaron a Thomas al Centro de Rehabilitación para Aves de Wellington (WBRT) donde vivió hasta morir en el 2018 a la edad increíblemente avanzada para un ganso de casi 40 años.
Al momento de su muerte, Thomas ya era un ganso ciego bi mundialmente famoso. La BBC cubrió la noticia su muerte, y a su funeral asistieron casi 60 personas quienes le hicieron una procesión con todo y gaitas y lo llevaron a enterrar junto a Henry. Por si fuera poco, la escritora, actriz y dramaturga neozelandesa Pinky Agnew escribió un epitafio muy conmovedor para su tumba.
Pero por sensacional que fuera la vida de Thomas, está lejos de ser una anomalía. De hecho, la bisexualidad es muy común entre las aves.
En su libro Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural, el biólogo Bruce Bagemihl catalogó en 1999 cientos de estudios que demuestran que más de 130 especies de aves tienen comportamientos homosexuales. Otro estudio de 2006, publicado en la revista Behavioral Ecology, analizó 80 especies de aves y encontró comportamientos homosexuales documentados en todas. En 31 especies, el comportamiento ni siquiera era raro. El estudio descubrió que la actividad homosexual era más común entre machos, y que el apareamiento en grupos de tres o más aves era todavía más común. Además, sabemos gracias a investigaciones más amplias sobre el comportamiento animal que la homosexualidad excluyente casi nunca se da en la naturaleza. Considerando esto, la información que tenemos acerca del comportamiento de las aves nos permite tener perspectiva global de lo que individualmente observamos en el caso de Thomas (o en otros casos famosos como el pingüino Silo): la bisexualidad.
Los autores del estudio de Behavioral Ecology piensan que el comportamiento bisexual ayuda a las aves a formar lazos y les permite compartir mejor sus recursos, sobre si consideramos que la bisexualidad de empata con las relaciones de tres o más miembros (parecido a lo que podríamos llamar poliamor entre las personas). Esto es muy congruente desde el punto de vista de la naturaleza. Basta con ver la historia de Thomas. Él ayudó a criar a casi 70 polluelos de sus parejas, dándoles más cuidados de los una sola pareja podría, y todavía fue padre de sus otras diez crías. Desde el punto de vista evolucionario, fue como ganarse la lotería. Después de todo, hay una razón por la que las aves se juntan como pueden: la unión hace la fuerza.
