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La ciencia de la bisexualidad en los primates

Image/TheNationalWildlifeFederationBlog

febrero 6, 2026 · por Jamie Paul

Los primates andan haciendo de las suyas. De hecho, de las más de 1,500 especies con comportamientos documentados entre individuos del mismo sexo, los primates están entre los más estudiados. Desde los macacos rhesus hasta los bonobos, los gorilas, los orangutanes y los humanos: los primates son bastante, pero bastante, bi. Y un nuevo estudio está ayudando a esclarecer qué hay detrás de todo este comportamiento bi y qué tan común es en realidad.

Publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature Ecology & Evolution, el estudio “Las presiones ecológicas y sociales impulsan el comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo en primates no humanos”, fue un proyecto de gran alcance. Los investigadores realizaron una revisión sistemática que recopiló datos de 491 especies de primates no humanos a partir de 96 estudios revisados por pares. Descubrieron que un total de 59 especies de primates no humanos presentan comportamientos sexuales entre individuos del mismo sexo, un aumento con respecto a la estimación previa de 51 especies reportada en 2023. Descubrieron que el comportamiento entre individuos del mismo sexo (o sea la bisexualidad, ya que la homosexualidad exclusiva no se ha observado en la naturaleza) está presente en la mayoría de los grandes grupos de primates, incluidos los lémures (y sus parientes cercanos), los monos del Nuevo Mundo, los monos del Viejo Mundo y los simios. Los autores sugieren que la presencia de comportamientos bi en tantas especies de primates apunta a una “raíz evolutiva profunda o a múltiples orígenes evolutivos independientes.”

Para entender mejor el fenómeno, los investigadores profundizaron en los datos y cruzaron la información sobre el comportamiento entre individuos del mismo sexo con 15 variables ambientales, de historia de vida y sociales, con el fin de identificar cuales son las condiciones más asociadas a este comportamiento bi. Encontraron que el comportamiento entre individuos del mismo sexo era más probable en especies que habitan entornos más fríos, secos y con mayor sombra, así como en ambientes con mayor escasez de alimento y presencia de depredadores. Este comportamiento bi también fue más común en especies con mayor esperanza de vida, en aquellas donde la diferencia de tamaño entre machos y hembras es más marcada y en especies con estructuras sociales más complejas. 

Los autores del estudio plantearon además que, en humanos, ciertos genes vinculados al comportamiento homosexual masculino podrían traducirse en ventajas reproductivas en las mujeres. Otras investigaciones sobre la genética de la bisexualidad humana han encontrado que algunos de los genes vinculados con la bisexualidad ofrecen beneficios similares cuando están presentes en personas heterosexuales. Teniendo en cuenta el estrecho parentesco entre todas las especies de primates (incluidos los seres humanos), los investigadores se preguntaron de qué manera esta línea de investigación podría ayudarnos a entendernos mejor a nosotros mismos:

Las generaciones más jóvenes tienden a reportar mayor fluidez sexual y bisexualidad, pero también niveles más altos de estrés y problemas de salud mental. ¿Podrían existir puntos en común entre los primates? En los humanos, tal vez no es la escasez de alimento ni las jerarquías sociales rígidas lo que impulsa estos patrones, sino más bien las presiones de la vida social moderna. ¿Es posible que exista un vínculo, ya sea consecuente, causal o correlacional, quizá mediado por mecanismos […] en los que factores genéticos compartidos influyen en distintos rasgos? Aunque es especulativo, nuestros hallazgos en primates no humanos podrían ofrecer un marco de referencia para futuras hipótesis sobre los humanos.

Es una hipótesis interesante: la bisexualidad como respuesta al estrés. Sin embargo, parece más probable que el estrés no cambie la orientación sexual de una persona, sino que ciertas circunstancias de vida le presenten oportunidades que, de otro modo, quizá nunca habría encontrado ni considerado. Como ha documentado esta columna de Ciencia Bi, contamos con más que suficientes datos, que abarcan países, especies y generaciones, para afirmar con mucha confianza que la bisexualidad es común y natural en todos los sentidos de la palabra. Hay buenas razones para pensar que la mayoría de los seres humanos podrían ser, de hecho, bi, incluso si se ubican más cerca del extremo heterosexual en la escala de Kinsey. Lo que estamos viendo y entendiendo mejor ahora son las muchas condiciones que pueden detonar o despertar la atracción, el comportamiento y la identidad bi en las personas.

Imagen/ImperialCollegeLondon