George Washington Carver fue un científico agrícola e inventor estadounidense que dejó una huella duradera en la industria agrícola. Conocido como el “Hombre del Cacahuate”, a Carver se le atribuye la creación y el desarrollo de cientos de productos a partir de cacahuates, camotes y soya.
Carver nació en la esclavitud hacia el final de la Guerra Civil estadounidense, en 1864, en Diamond Grove, Missouri. Una semana después de su nacimiento, fue secuestrado junto con su madre y su hermana de la plantación donde estaban esclavizados por unos saqueadores nocturnos provenientes de Arkansas. Moses Carver, quien era dueño de la plantación, logró negociar el regreso de George, pero no el de su madre ni el de su hermana, a quienes nunca volvió a ver. Después de la guerra y del fin de la esclavitud, Moses y su esposa decidieron criar al pequeño Carver como si fuera su propio hijo y, más adelante, le enseñaron a leer y escribir. Desde niño, Carver quedó fascinado por las plantas y pronto se ganó la fama de poder salvar plantas que estaban muriendo. Los habitantes de la zona llegaban desde comunidades cercanas para llevarle sus plantas enfermas al “doctor de las plantas”, incluso antes de que George supiera qué era la botánica.
Como a las personas negras no se les permitía asistir a la escuela pública local de Diamond Grove, George tenía que caminar tres horas hasta una escuela para niños negros. Más adelante, fue aceptado en Highland University, en Kansas, pero cuando llegó, la escuela se negó a permitirle estudiar ahí debido a su raza. En 1890, Carver estudió en Simpson College, en Iowa, y uno de sus profesores lo animó a dedicarse a la botánica después de reconocer su talento. En 1891, ingresó a Iowa State Agricultural College como su primer estudiante negro y posteriormente obtuvo una licenciatura y una maestría. Después de consolidarse como un botánico respetado, regresó para dar clases como el primer profesor negro de Iowa State.
En 1896, Booker T. Washington invitó a Carver a dirigir el departamento de agricultura del Tuskegee Institute (hoy Tuskegee University), donde enseñó durante casi cinco décadas. Ahí instruyó a generaciones de estudiantes negros sobre agricultura para lograr la autosuficiencia, la importancia de la rotación de cultivos y otras técnicas agrícolas que todavía se utilizan en la actualidad.
Mientras era profesor en el Tuskegee Institute, Carver desarrolló técnicas para mejorar los suelos agotados por la siembra repetida de algodón. Quería que los agricultores pobres cultivaran otros productos, como cacahuates y camotes, tanto para producir sus propios alimentos como para mejorar su calidad de vida.
Consciente de que muchos de estos aparceros y agricultores podían tener un bajo nivel de alfabetización o no podían trasladarse hasta el instituto, Carver inventó el Jesup wagon, un salón de clases móvil que podía ir de granja en granja para enseñar sobre distintos cultivos y muestras de suelo. Para facilitar todavía más el acceso, también se aseguró de ofrecer clases nocturnas y conferencias agrícolas más breves durante las temporadas de menor actividad.
Carver no solo enseñaba y difundía esta información, sino que también era incomparable a la hora de encontrar nuevos usos para muchos de estos cultivos. En particular, encontró más de 300 usos para los cacahuates, así como más de cien usos para los camotes. Irónicamente, el invento con el que más se relaciona a Carver es uno que no creó: la crema de cacahuate. El “Hombre del Cacahuate” encontró cientos de usos para estas legumbres parecidas a nueces, pero la crema de cacahuate no fue uno de ellos.
Los descubrimientos de Carver y sus esfuerzos educativos fueron especialmente útiles para evitar la hambruna y la ruina económica durante el Dust Bowl. Y no solo fueron importantes sus inventos, sino también los consejos y las recetas que desarrolló y puso fácilmente al alcance de todos (Carver rara vez buscaba obtener patentes, tanto porque era un proceso complicado como porque quería que sus descubrimientos estuvieran disponibles gratuitamente).
El trabajo de Carver no pasó desapercibido. A lo largo de su carrera, se convirtió en un científico muy respetado y reconocido, al que consultaban por igual presidentes, miembros del Congreso e industriales. Fue uno de los pocos estadounidenses de su época en ser admitido en la Royal Society of Arts de Inglaterra.

En 1990, Carver ingresó al National Inventors Hall of Fame. En 2005, sus investigaciones en el Tuskegee Institute fueron declaradas National Historic Chemical Landmark por la American Chemical Society. Además, numerosos museos, jardines y escuelas llevan su nombre.

Carver fue soltero toda su vida: nunca se casó ni tuvo hijos. En Tuskegee, rechazó los intentos de sus amigos por conseguirle pareja, aunque mantuvo una vida amorosa en sus propios términos. A los 40 años, Carver tuvo una relación de tres años con la maestra Sarah L. Hunt, pero terminó cuando ella se mudó a California. También entabló una serie de amistades duraderas con sus estudiantes hombres, a quienes les escribió cartas muy afectuosas (aunque no sexualmente explícitas), y tuvo varias relaciones cercanas con otros hombres que la biógrafa Christina Vella, en George Washington Carver: A Life, describió como auténticos amores románticos y como evidencia de su bisexualidad.
Más adelante en su vida, Carver se volvió muy cercano al científico Austin W. Curtis Jr. De 1934 hasta la muerte de Carver en 1943, los dos fueron inseparables y a menudo se les veía caminando de la mano por el campus de Tuskegee mientras se dirigían a revisar sus experimentos. Cuando murió, Carver dejó todos sus bienes a Curtis.