A veces conocemos a las figuras históricas más importantes de las maneras más extrañas. Descubrí al personaje de hoy gracias a una paleta de helado.
Cuando era niño y hacía uno de esos raros días de calor en mi ciudad, a veces nos daban una paleta Otter Pop como premio. Para quienes no las conozcan, son básicamente tubos largos y delgados llenos de hielo raspado con distintos sabores de fruta, y los tubos parecen — sí, lo adivinaste — nutrias marinas. Así que cada sabor tiene una nutria con un juego de palabras relacionado con la fruta. Y eso me llevó a preguntarles a mis papás quién era Alexander the Grape.
No puedo decir mucho sobre la nutria, pero su contraparte humana fue uno de los mayores conquistadores del mundo antiguo: un rey griego cuyo imperio se extendió hasta Egipto por el sur y hasta la actual India por el este, todo antes de morir a los 32 años. Su reinado fue enormemente influyente, pues aumentó la comunicación entre Europa y Asia, y muchas de las ciudades que fundó se convirtieron en importantes centros culturales, algunas de las cuales siguen existiendo hoy. También era bi.
Nacido en el 356 a. C., Alejandro III de Macedonia, mejor conocido como Alejandro Magno, era hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpia, una reina inteligente que estaba convencida de que su hijo podía llegar a ser un gran líder (y nunca dudaba en recordárselo). Alejandro admiraba profundamente las conquistas de su padre, pero también le resentía sus largas ausencias debido a las campañas militares. Entre los trece y los dieciseís años fue educado por Aristóteles, recibiendo una formación excepcional en múltiples disciplinas y desarrollando una especial fascinación por la historia de Aquiles en la Ilíada.
Cuando Alejandro tenía diecinueve años, Filipo fue asesinado por el capitán de su guardia personal durante un banquete de bodas. Pero su ascenso al trono no estuvo exento de sangre: tanto él como Olimpia se encargaron de eliminar a políticos e incluso familiares que podían aspirar a la corona. Tras la muerte de Filipo, varias ciudades se rebelaron, especialmente Tebas. En lugar de negociar, Alejandro y su caballería marcharon hacia la región y masacraron a sus tropas. Esperaba que aquello sirviera de ejemplo y advertencia para las demás ciudades-estado, y tristemente funcionó.
Durante la década del 330 a. C., su imperio avanzó hacia el este, conquistando territorios que hoy corresponden a Turquía e Irak, y proclamándose rey de Persia. No satisfecho con eso, en el 331 a. C. invadió Egipto y fundó la ciudad de Alejandría, que existe hasta nuestros días. Más tarde continuó hacia el este hasta llegar al norte de la India, donde quedó impresionado por el rey Poro y decidió devolverle el trono.

De regreso en Persia, intentó consolidar su dominio promoviendo matrimonios entre sus generales y mujeres persas. Incluso planeó seguir avanzando hacia el río Ganges, pero sus propios soldados se negaron a continuar, obligándolo a regresar hacia el oeste. Para entonces ya había construido uno de los imperios más grandes que el mundo había conocido.
¿Y qué hay de su bisexualidad?
Alejandro se casó tres veces: primero con Roxana por amor y luego con las princesas persas Stateira II y Parysatis II por razones políticas. También tuvo una relación con la noble persa Barsine y al menos dos hijos con Roxana. Sin embargo, la relación más famosa de su vida fue con Hefestión, su amigo de la infancia y compañero de campañas militares.
Hefestión fue, según prácticamente todas las fuentes antiguas, la persona más cercana a Alejandro y con frecuencia se le considera su amante. El historiador Eliano cuenta que, cuando ambos visitaron Troya, Alejandro adornó la tumba de Aquiles y Hefestión la de Patroclo, insinuando así que veía su relación como un reflejo de la de aquellos héroes míticos.
Cuando Hefestión murió repentinamente en el 324 a. C., Alejandro organizó un funeral de una magnificencia difícil de imaginar. El costo equivaldría hoy a cientos de millones de dólares. El propio Alejandro condujo parte del cortejo fúnebre, organizó juegos funerarios con miles de participantes y mandó construir una pira gigantesca de casi sesenta metros de altura.
Ocho meses después, Alejandro enfermó tras una noche de beber vino y murió después de unas dos semanas. Hasta hoy se desconoce la causa exacta de su muerte: algunos creen que fue malaria o fiebre tifoidea; otros sostienen que fue envenenado lentamente. Sigue siendo uno de los grandes misterios de la antigüedad.
Tras su muerte, su enorme imperio se fragmentó rápidamente y muchos pueblos sometidos lucharon por recuperar su independencia.
Más de dos mil años después, el legado de Alejandro sigue presente. Julio César y Napoleón Bonaparte lo admiraban profundamente y lo consideraban una inspiración para sus propias conquistas. Sus campañas militares aún se estudian en academias de todo el mundo.
Sus relaciones con sus esposas y con Hefestión muestran no solo que era bi, sino también que las personas bi han existido desde hace muchísimo tiempo, por más que algunos quieran negarlo. Y seguirán existiendo. Quién sabe, quizá algún día otro de nosotros inspire una nueva paleta de helado.
Y una última cosa: si te dio curiosidad conocer más sobre este famoso conquistador (como el hecho de que fundó más de veinte ciudades con su nombre y hasta una dedicada a su caballo, y que hasta la fecha su encuentro con un filósofo sigue siendo una broma icónica), te recomiendo tomar este texto como apenas una probadita de su vida. Vale mucho la pena seguir explorando la historia de Alejandro Magno en libros, documentales y bibliotecas.