Convertí mi infancia abusiva en una cruzada de por vida para ayudar a los niños
Bi StoriesRecuerdo que de niña me ponía a ver los catálogos de Victoria’s Secret. Al hojear las páginas y ver a las modelos, me gustaba lo que veía. Pero, ¿qué significaba eso? ¿Simplemente admiraba la belleza femenina? Con el tiempo, cuando empecé a fantasear con tener relaciones sexuales y románticas con otras mujeres, me di cuenta de que era mucho más que eso. Esto sólo trajo más confusión. Mi educación católica en Long Island me inculcó que a las chicas les gustaban los chicos y a los chicos les gustaban las chicas. ¿Acaso esto significaba esto que yo era un chico?
Mientras crecía, siempre tuve el presentimiento de que era bi, pero debido al entorno en el que vivía, me resultaba difícil admitirlo. A veces me costaba mucho pasar los días. Había momentos en los que luchaba en contra de mí misma — incluso hubo momentos en los que no quería vivir.
Decir que mi familia era abusiva sería quedarse corto. Mi padre me maltrataba físicamente, mi madre me maltrataba emocionalmente y mi padre y uno de mis hermanos me maltrataban sexualmente. Incluso sufrí abusos económicos, ya que mi padre, debido a sus problemas con el alcohol, me obligó a pagar la hipoteca durante un tiempo con el dinero que había ahorrado trabajando en una tienda de bagels para que pudiera ir a la universidad. Cuando no sufría malos tratos, no recibía ningún tipo de atención.
Me fui de mi casa para nunca regresar cuando tenía 18 años después de que mi padre me agrediera físicamente. Con poco más que la ropa que llevaba puesta y 200 dólares en mi cuenta bancaria gracias a una beca de lacrosse, tuve que reconstruir mi vida desde cero. Por suerte, no estaba sola. Mi pareja, un hombre maravilloso con el que sigo estando, me apoyó en todo momento. Juntos no solo construimos una nueva y mejor vida, sino que también me ayudó a salir de mis limitaciones. Cuando le dije que me gustaban tanto las mujeres como los hombres, fue él quien me sugirió que podría ser bi — y, lo que es más importante, que eso estaba bien.
Una vez que acepté mi bisexualidad, todo comenzó a moverse. Se lo conté a mis amigos, tuve mi primer flechazo plenamente reconocido con una mujer y me uní al club LGBT de la universidad, y esto fue algo que me permitió conocer a otras personas bi y empezar a construir una comunidad queer para mí. La primera vez que me bese a una persona de mi mismo sexo selló las cosas. Supe que era lo correcto — que ésta era yo. (Mi pareja y yo también nos dimos cuenta de que éramos poliamorosos.) Lo siguiente que supe es que estaba saliendo del clóset en todas partes — algo que como persona bi, tienes que hacer. La gente tiende a asumir que soy heterosexual por mi relación, o que en realidad soy lesbiana porque también me atraen las mujeres.
Tras escapar de mi familia abusiva, dediqué mi vida a ayudar a otros niños en situaciones con los mismos problemas. Me hice trabajadora social académica y terapeuta clínica. En mi trabajo, ser bi es una ventaja que me facilita ayudar a otras personas queer. Muchos de los estudiantes con los que trabajo son LGBT — de hecho, hay muchos más jóvenes LGBT de lo que creo que la mayoría de la gente probablemente esperaría. Todo el mundo sabe lo progresista que es la ciudad de Nueva York, pero Long Island puede ser muy conservadora socialmente, y se juzga mucho a las personas queer. Incluso con mi propia experiencia, nunca me di cuenta de lo malo que era hasta que empecé a trabajar como trabajadora social en el sistema académico. Al mismo tiempo, también he sido testigo de un claro cambio a lo largo de los años, en el que los jóvenes se sienten cada vez más cómodos siendo abiertamente LGBT, en comparación a cómo eran las cosas en mis tiempos.
Ahora tengo 29 años. Hace mucho tiempo que no me pongo en contacto con mis padres, pero hace poco me he reencontrado con uno de mis hermanos, que por fin está empezando a reconocer lo disfuncional que era nuestra familia. Una lección que he aprendido es que hay que apoyarse en las relaciones. La gente piensa que la “resiliencia” es algo individual, pero tener relaciones sólidas, personas a las que puedes recurrir, es una forma muy poderosa de resiliencia y fortaleza. Nadie debería pensar que tiene que hacer todo solo. También he aprendido cuánta fuerza y poder hay en encontrar el propósito de ayudar a los demás. A veces me sorprende lo que he pasado y de cómo he salido intacta, pero convertir mi pasado traumático en ayudar a otros a construir un futuro mejor hace que todo valga la pena.
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