Me escondí de mí misma por décadas, ahora estoy lista para que me vean
Bi StoriesEstoy segura de que esto debe sonar como la historia de origen bi más cliché de los Gen Z, pero obtuve mi primer indicio de que era bi cuando tenía siete años viendo Piratas del Caribe en la década de los 2000. Estaba absolutamente enamorada de Kiera Knightly y Orlando Bloom. Cuando intentaba hablar con mis amigas o con otras chicas, no podía entender cómo no compartían mis sentimientos. ¿Cómo no puedes pensar que Elizabeth Swann (Knightly) está buena? Esa fue la primera vez que me di cuenta que había algo diferente en mi.
En la secundaria, era alta para mi edad y me gustaban mucho los deportes. Eso no significa nada en sí mismo, por supuesto, pero los niños repiten los estereotipos que oyen de los adultos. Como era alta y deportista, mis compañeros se burlaban de mí diciendo que seguro era gay. Recuerdo que tenía mucho miedo de que tuvieran razón. Llevé esa inseguridad conmigo durante toda la preparatoria y la proyecté en una chica de mi clase a la que juraba odiar. Aunque suene horrible, la consideraba casi mi enemiga mortal. Estábamos en constante competencia, tanto académica como deportiva, pero ahora, en retrospectiva, está tan claro que me gustaba demasiado esa rivalidad. La verdad es que ella me parecía atractiva, un hecho que intenté negar, al más puro estilo adolescente, convirtiéndola en mi archienemiga.
Estaba en la universidad cuando finalmente salí del closet como bi. Mi familia fue maravillosa. Mi madre, que me crió como madre soltera y mi tío, que salió del clóset como gay en plena crisis del sida, fueron mis mayores apoyos. Mis abuelos tardaron un poco en adaptarse, pero también lo hicieron.
En esos primeros días después de que salí del clóset, cuando todo me parecía tan nuevo y emocionante, tenía la necesidad de “cuantificar” mi bisexualidad. ¿Mis atracciones se dividían “50/50” entre hombres y mujeres? ¿Acaso eran más 60/40? Después de varias conversaciones con mi madre — que siempre me ha apoyado en todo momento — me di cuenta de que esta mentalidad no era una vía productiva. Para mí, ser bi es algo flexible y fluido que pierde un poco su valor y se presta a ser malinterpretado si intentas explicarlo con números y proporciones.
Como escritora, educadora y artista de teatro que vive en Memphis, Tennessee, ser bi influye en todo lo que hago. Incluso cuando lo que escribo no contiene temas abiertamente bi, siempre exploran la identidad queer en un sentido más amplio: ese sentimiento de otredad y de ser diferente que creo que muchos individuos queer poseen y con el que se identifican.
He encontrado plena aceptación en mi lugar de trabajo, pero no siempre ha sido así. Durante un tiempo trabajé como profesora de inglés de séptimo grado en una escuela pública. En las escuelas públicas de los Estados Unidos hay todo tipo de normas sobre lo que puedes y no puedes decir como profesor en relación a tu vida personal, y en los últimos años esto se ha sometido a un mayor escrutinio. Pero, por supuesto, esas normas sólo parecen aplicarse a la gente queer. Muchos de los profesores heterosexuales de la escuela tenían fotos de sus maridos o esposas en sus mesas. Yo no podía tener nada. En ese entonces yo estaba saliendo con una mujer y tenía que ser totalmente en secreto. No podía haber pruebas de que tenía una vida romántica fuera de mi trabajo.
Yo tenía una pequeña bandera del Pride en mi salón de clase y de verdad que provocaba conflicto. Era la única señal que tenía para que los alumnos supieran que si necesitaban hablar conmigo, yo estaba ahí para ellos. Los alumnos no tenían ningún problema, pero recibí muchas críticas de los administradores y de otros profesores. La situación se hizo insostenible. Siempre es un gran privilegio poder ayudar a los niños, pero como lugar de trabajo era un ambiente tóxico del que me alegro de haber salido. Ahora tengo un trabajo en el que todas mis partes son aceptadas y valoradas. Trabajo para una organización sin fines lucro y también soy escritora — escribo obras de teatro, poesía, periodismo y artículos para revistas académicas. También dirijo talleres de escritura dramática y teatral.
He salido con hombres, mujeres y personas que se identifican como no binarias. Algo a lo que me he enfrentado, como muchas personas bi, es que tu sexualidad es juzgada por la pareja con la que estés en ese momento. Mi pareja actual es un hombre y en situaciones sociales, incluso con mis amigos queer, me veo obligada a reafirmar que de verdad soy bi. Incluso la gente que me conoce bien me considera heterosexual o en cierto sentido no me consideran auténticamente queer cuando me ven con un hombre. Más de una vez, cuando la gente se entera por primera vez de que soy bi, me preguntan: “¿Pero has salido con mujeres?” La respuesta es sí, lo he hecho, pero eso no me haría menos bi si no lo hubiera hecho.
Es curioso. Me pasé las dos primeras décadas de mi vida huyendo de quién era. Mi lucha ya no es conmigo misma, ahora es intentar que los demás vean mi verdadero yo. He aprendido que, al fin y al cabo, no puedes controlar a los demás, pero sí puedes controlarte a ti misma. Y yo estoy fuera de ese clóset, libre y siendo un ejemplo de lo quiero.
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