Skip to content

La felicidad y la autoaceptación no me encontraron — yo tuve que encontrarlas

Bi Stories

Nunca llegó ese momento en el que me di cuenta de que era bi. Para mí, las atracciones hacia el mismo sexo surgieron junto con las heterosexuales durante la pubertad. En una clase de salud que tuve, nos enseñaron que todo esto era perfectamente normal, pero lo presentaron como una especie de fase, algo causado por la sobrecarga de hormonas en cerebros jóvenes y aún en formación. Pero a medida que pasaban los años y yo nunca “superaba” esa fase, me enterraba más y más en una profunda negación, esperando que mis sentimientos bi desaparecieran, esperando ser solo una persona que floreció tardíamente y se quedó atrapada en esa “fase”. Cada vez que tenía un encuentro sexual con otro hombre cuando era adolescente o adulto joven, me decía a mí mismo que esa sería la última vez, que después de eso ya no lo volvería a hacer.

Estuve muy confundido por mucho tiempo. Nadie sabía sobre mi sexualidad. No tenía amigos LGBT. Mi familia es maravillosa, pero con una mentalidad anticuada — no es religiosa, pero sí una familia canadiense con costumbres conservativas — y sentía que no podía hablar con ellos sobre mi sexualidad. Como era de esperar, comencé a entrar en la depresión. Pasó un año de terapia antes de que me atreviera a hablar con mi terapeuta. Aunque señaló que ser queer no se había considerado un “trastorno” durante décadas, sugirió que yo había “cultivado” mis atracciones bisexuales. Esa fue la palabra que utilizó. Esto no hizo más que intensificar mi negación y confusión, enviándome a investigar sobre las causas de la atracción hacia personas del mismo sexo. Se convirtió en una obsesión. ¿Era la genética o las hormonas, la naturaleza o la manera en la que fui criado? Me sentía tan desesperadamente solo y tan atrapado en mi propia mente que parecía que nunca volvería a ser feliz.

Este estado mental duró muchos años. Demasiados años. Salía con chicos y me sentía culpable. Temía decirles a las mujeres con las que salía o en las que estaba interesado que era bi por miedo al rechazo y la discriminación. Entonces, un día, a finales de mis treintas, un chico que conocí en una cita me habló de la aceptación personal — de ser más amable conmigo mismo. Algo en la forma en que lo dijo terminó por calmarme. Acabamos convirtiéndonos en mejores amigos más que en pareja. Él es una persona muy social (yo no), y me presentó a un grupo de amigos suyos — personas gay, hetero, bi, una verdadera muestra representativa de todo tipo de gente — y por primera vez en mi vida, entré en un círculo social en el que no se me consideraba un bicho raro. Un lugar donde podía ser yo mismo sin necesidad de esconderme. Como hombre bisexual, tenía la sensación de no pertenecer a ningún sitio.

Encontré un nuevo terapeuta y empecé a ir a terapia, lo que me ayudó enormemente. También sentí que el hecho de que fuera una mujer me facilitaba hablar con ella. Por fin aprendí a aceptarme. Parece un cliché, pero me di cuenta de que lo importante no era cómo o por qué era bi, sino cómo vivía mi vida y trataba a los demás. Eso me dio una base mucho más sana y el valor para salir del clóset.

Me había unido a un grupo de personas medio hippie en Ontario. Durante una de sus excursiones de acampamento, hubo una especie de sesión en donde podíamos hablar en grupo y en la que aproveché para salir del clóset. Era la primera vez que salía del clóset ante un grupo de gente. Los rostros de los asistentes tenían una mezcla de sonrisas radiantes y lágrimas de alegría. Sentí una oleada de amor que se reflejaba en mí. Nunca lo olvidaré. Me había quitado un gran peso de encima. Después salí del clóset con mis compañeros de trabajo (trabajo en un almacén de distribución) y todo fue igual de bien. No podía pedir un entorno de trabajo que me apoyara más. Una por una, fui hablando con todas las personas de mi vida sobre mi sexualidad.

A pesar de lo maravilloso que fue vivir por fin como un hombre abiertamente bi, me di cuenta de que haber estado en el clóset durante tanto tiempo me había protegido de mucha bifobia. He tenido mi buena porción de hombres gays en aplicaciones de citas criticándome por ser bi. Me han dicho que en realidad no soy bi, sino gay y que debo vivir una vida triste e ilusa. Son cosas sorprendentemente crueles. Puedo soportar que un extraño haga un comentario, pero duele más cuando viene de gente de tu propia supuesta “comunidad”. Es una de las razones por las que creo que nunca me he integrado en ningún tipo de “escena” o “comunidad” LGBT. Mis amigos son mi comunidad. También me encontré con muchas mujeres que decían abiertamente de que nunca saldrían con un hombre bi porque pensaban que las engañaría, que no estaría satisfecho o que sería demasiado afeminado.

Pero la cosa mejoró. Mi círculo de amigos creció. Aprendí a qué tipo de gente tengo que evitar. Conocí a mujeres increíbles que me aceptaron como un hombre bi. Ahora tengo 46 años y estoy en un buen momento de mi vida. Un lugar lleno de optimismo. Ojalá hubiera podido decirle a mi yo más joven que dejara de analizar tanto las cosas y de darle tantas vueltas a todo — simplemente tienes que ser tú mismo. Puede que no le caigas bien a algunas personas y no pasa nada, porque te llevarás bien con otras personas. Tardé mucho en aceptarlo.

Hay mucha gente cariñosa en el mundo, pero no todo el mundo tiene la suerte de estar automáticamente rodeado de ellos o de cruzar por su camino. Hay que salir a buscarlas. La felicidad, la paz y la aceptación personal no me encontraron a mí, tuve que salir a buscarlas. Y me alegro de haberlo hecho.

Si deseas compartir tu propia historia bi, envíanos un correo electrónico a [email protected].