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Besé a una chica, me descubrí bi y me gusto

Bi Stories

Desde que tengo cinco años recuerdo haber sentido atracción por hombres y mujeres. Jugaba a ser Sailor Moon y no entendía por qué en vez de estar Sailor Mars y Sailor Moon peleando por el amor de Tuxedo Mask, no estaban los tres juntos. Si yo fuese Serena eso hubiera hecho, andar con ambos, porque ambos me gustaban. Sin embargo, yo jamás supe cómo llamar a eso que me llamaba la atención, a eso que yo era pero que sabía que no era lo “normal”, o lo “correcto”.

En mi infancia temprana me críe con mi familia paterna en la Ciudad de México que en la década de 1990 era muy conservadora, nunca tuve un familiar gay, bi, lesbiana, ni mucho menos transexual o transgénero que fuera mi referente hacía lo que yo era; tuve que callar por miedo a ser reprendida. Y me callé por 21 años.

Mi padre falleció hace 10 años, solamente un año antes de que yo conociera a Monica. Nunca le presenté a un novio y mucho menos a una chica. Nunca sabré qué hubiera pensado de mí ahora, pero es un tema que ya no me causa ruido en la vida.

Monica fue mi primer amor bi y gracias a ella, conocí otro mundo. Averigüé lo que yo era, supe nombrarme y sin temor me declaré en mi universidad ante mis amigas y amigos como bi; era el único espacio donde sentía que podía ser yo sin miedo al rechazo.

Una noche llevé a Monica a mi casa, la presente a mi madre como mi “amiga” pero días después, mi mamá me preguntó si mi “amiga” era lesbiana porque “se le notaba”. La conversación no pasó a más.

Desde aquel día en que mi mamá me dijo ese comentario, comencé a tener muchas dudas de que sospechara algo, pero estaba segura de que sí. Por mi mente pasaban las imágenes que mi ansiedad creaba en donde mi mamá nos cachaba a las dos en la calle, en donde alguien le decía la verdad sobre mi. Sobre todo, la imagen que más me aterraba; que una vez que lo supiera me iba a correr de la casa.

Por ello decidí que si debía saberlo iba a ser de mi propia boca y ensaye el discurso muchas veces. Ese día estaba decidida a decirle a mi mamá la verdad, cuando le dije que Monica no era mi amiga, era mi novia y que me gustaba me dijo: “Yo soy tu madre, siempre te voy a amar como seas, pero sé que esta es una etapa, está bien, experimenta, solamente te pido que no la vuelvas a traer porque no me cayó bien. Te pido también que no le digas esto a tu abuela ni a nadie de la familia porque te van a rechazar y no quiero eso.”

Yo sabía que no era una fase, yo era así, bi. Y a pesar de haber “salido del clóset” con mi mamá, ella me volvía encerrar en él. Podría ser libre en mi círculo social, pero en el familiar materno y paterno no.

Los años pasaron, otras chicas y otros chicos vinieron, no sé cuántos, ya perdí la cuenta, olvidé a la mayoría y solo unos cuantos permanecen en mi corazón. Todos, pero absolutamente todos, sabían de mi bisexualidad.

La abuela falleció en 2018, nunca supo de mi verdadero yo.

A raíz de su muerte sabía que ese era el mejor momento para volver a hablar con mi mamá sobre el tema, ya que si volvía a tener novia no quería estarme escondiendo; le externé que me seguían gustando las chicas, que siempre me habían gustado y que nunca me iban a dejar de gustar, que no era una fase pero que también me gustaban los hombres. Le mencioné que la abuela ya había partido a un lugar mejor, que ya no había nadie por quién me tuviera que ocultar. Aclarando que desde ese día ante ella y mis familias iba ser abiertamente bi, que no importa si estaba con una chica o chico yo los iba a presentar por igual.

Le dije que la amaba y le agradecía el apoyo, pero que esa era yo y que tenía dos opciones: aceptarme y formar parte de mi vida o rechazarme y, con el dolor de mi alma, que cada quien hiciera su vida por su lado y que se arriesgaría a perderse mi vida y la familia que pudiera formar o no con alguien.

Me dijo que “aceptaba ser parte de mi vida y que me amaba”. A los meses le pedí que me hiciera una bandera bi para ondearla orgullosa en la marcha del orgullo LGBT en Tuxtla Gutiérrez. Y no me hizo una… me hizo dos banderas. Las cuales salen a ondear en cada ocasión posible. Ese pequeño pero significativo acto para mí fue la cúspide final de la aceptación de mi mamá a mi ser bi.

Ser bi en un mundo heteronormado no es fácil. Tampoco en un círculo diverso donde constantemente te someten a cuestionamientos sobre tu ser e incluso tratan de forzarte a decidir por alguno de los dos bandos; o te “alesbianas” o te decides por la heteronorma porque en su mente no puede existir el hecho de que ambos sexos nos gusten.

He vivido bifobia muchas veces, compañeras lesbianas me han tratado de “alesbianar”, me han dicho que “no valgo”, que “no existo” e incluso “que doy asco por acostarme con el opresor”, y estas son personas con maestrías, doctorados, personas académicas, pero son el claro ejemplo de que la academia y los títulos no te quitan lo retrógrado.

Yo no doy asco, yo existo y resisto y a pesar de las malas experiencias en los últimos años he logrado encontrar una red de amigas, compañeras y activistas bi que me han abrazado fuertemente y con las cuales he logrado existir en plenitud.

No sé con quién terminaré mis días, si con un hombre o con una chica, pero en mi mundo eso no importa. Solo sé que desde que besé a una chica, me descubrí bi y me encantó. La canción de Katy Perry “I Kissed a Girl” de su álbum One of the Boys (2008) se hizo realidad en mi vida y no pude volver a atrás y no quiero volver atrás.

No sé qué me deparará el destino, por hoy soy una mujer bi y activista feliz. Sé que aquella niña pequeña que jugaba a ser Sailor Moon estaría muy orgullosa de mí y de saber que al final si pudo decidir y pudo andar con muchos Tuxedo Mask y Sailor Mars en su vida de manera libre y visible. Por hoy decido resistir y existir bi y orgullosa.

A todas y todos los bisexuales del mundo allá afuera les digo que no están solos, cada vez somos más bi-sibles y cada vez hacemos mayor comunidad. No permitas que nadie jamás te diga lo contrario.

Con amor bi infinito, Pato.

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