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Mass Effect

Bi Media

Image/Screenrant

En el universo de los videojuegos, pocas sagas han logrado combinar la emoción de la ciencia ficción con historias humanas tan profundas y diversas como Mass Effect. Creada por BioWare, esta serie de juegos de rol (RPG) con mecánicas de disparos en tercera persona ha conquistado a millones de fans desde el lanzamiento del primer Mass Effect en 2007. Le siguieron Mass Effect 2 (2010) y Mass Effect 3 (2012), y más tarde, en 2021, llegó Mass Effect Legendary Edition, una versión remasterizada con gráficos mejorados y ajustes en la jugabilidad. En 2017, Mass Effect: Andromeda expandió el universo hacia una nueva galaxia, abriendo paso a nuevas especies, nuevos amores y nuevas formas de entender la identidad.

Una de las características más queridas de Mass Effect es su manera de tratar el romance. Desde el principio, BioWare apostó por incluir personajes bisexuales y relaciones diversas sin convertirlas en un tema sensacionalista. El jugador controla al Comandante Shepard, un personaje totalmente personalizable que puede enamorarse de hombres o mujeres a lo largo de la trilogía. Esa libertad, tan poco común en los juegos de su época, marcó un antes y un después en la representación queer dentro de los videojuegos.

Entre los personajes más recordados está Liara T’Soni, una científica asari cuya especie no tiene distinciones de género y que puede tener una relación con Shepard, sin importar si el comandante es hombre o mujer. Otro caso destacado es Kaidan Alenko, un oficial humano que revela su lado más sensible y vulnerable cuando puede ser romanceado por un Shepard masculino en las últimas entregas de la trilogía. También están Kelly Chambers, la asistente del comandante en Mass Effect 2, que ofrece un coqueteo más ligero pero abiertamente bisexual, y la periodista Diana Allers en Mass Effect 3, que suma otra historia de romance sin fronteras de género.

Con Andromeda, BioWare llevó esta diversidad aún más lejos. El nuevo protagonista —Scott o Sara Ryder— es canónicamente bisexual, lo que significa que el jugador puede enamorarse de quien quiera, sin que el juego imponga límites. Entre las opciones amorosas se encuentran Peebee, una exploradora asari con espíritu libre; Jaal Ama Darav, un angara lleno de curiosidad y ternura; Vetra Nyx, una turiana contrabandista con corazón de oro; Reyes Vidal, un humano encantador y ambiguo; y Keri T’Vessa, una periodista turiana con una mirada incisiva sobre el universo. Lo más interesante es que la bisexualidad en Mass Effect no se presenta como una “función extra”, sino como algo natural y cotidiano, una parte más de la vida de sus personajes.

Pero más allá de las historias románticas, Mass Effect también ofrece una narrativa épica. En la trilogía original, Shepard debe unir a diferentes especies —asari, turianos, salarianos, krogans y más— para enfrentar a los temibles Segadores (Reapers), naves sintéticas que cada cierto tiempo destruyen civilizaciones avanzadas. Las decisiones del jugador importan, y mucho: cada elección puede cambiar el destino de personajes queridos o incluso determinar el futuro de toda la galaxia.

Andromeda, por su parte, cambia de escenario. Esta vez la misión es cruzar a otra galaxia en busca de un nuevo hogar para la humanidad. Scott o Sara Ryder asumen el rol de Pionero (Pathfinder), explorando mundos desconocidos, enfrentando conflictos con especies nativas y descubriendo tecnologías misteriosas. Es una historia sobre identidad, pertenencia y legado, que continúa la tradición de Mass Effect de poner el corazón —y la diversidad— en el centro de la aventura.

Hoy, BioWare trabaja en Mass Effect 5, el próximo capítulo de la saga. Aunque aún está en desarrollo, los fans esperan con emoción ver cómo evolucionará el universo que ayudó a redefinir la representación LGBTQ+ en los videojuegos. Porque en Mass Effect, amar a quien quieras no es una opción extra del menú: es parte esencial de lo que significa ser humano… o asari, o turiano.