Diabólica tentación (2009) es una comedia de terror que subvierte los estereotipos de las películas de chicas adolescentes para explorar una historia violenta y erótica sobre el despertar bi de sus protagonistas. La película sigue la dinámica tóxica entre la animadora popular Jennifer Check
(Megan Fox) y su mejor amiga Anita “Needy” Lesnicki (Amanda Seyfried).
La historia comienza con la voz de Needy alabando la aparente perfección de Jennifer. Su dinámica se vuelve inmediatamente queer cuando una compañera de clase se burla de Needy por ser “lesbi-gay” por Jennifer, pero este momento también resalta un desequilibrio de poder entre ambas. Poco después, las dos amigas vivirán una noche fatídica cuando el bar local al que asistieron se incendie, y Jennifer decida irse en la camioneta de una banda de rock indie a pesar de las protestas de Needy. Jennifer termina trágicamente siendo el sacrificio de un ritual satánico fallido por no ser virgen, volviendo a la vida como una súcubo, condenada a alimentarse de carne humana para mantener su fuerza y belleza.

Después de su primera víctima, Jennifer regresa a la casa de Needy cubierta de sangre, comportándose de manera errática y vomitando bilis negra, pero se va después de conmocionar a su amiga y casi devorarla. A partir de entonces, exhibe un comportamiento extraño, alternando entre agresión sexual y frialdad emocional. También aparece físicamente revitalizada, radiante y de buena salud, a pesar de todo.
A medida que Jennifer va matando chicos adolescentes en el pueblo, Needy empieza a sospechar y a sentirse aterrada, especialmente debido al fuerte vínculo que ambas comparten, el cual le permite experimentar destellos psíquicos y precognición en momentos cruciales. La película entrelaza escenas de tensión sexual y terror, con Jennifer seduciendo y luego devorando a jóvenes, mientras Needy lidia con sentimientos de deseo, traición e impotencia. Su vínculo se vuelve más obviamente romántico (y codificado como bi) a medida que avanza la película, culminando en un beso tenso y emocional que complica su relación.
La violencia escala una vez que Jennifer se obsesiona con Chip, el novio de Needy. A pesar de los desesperados intentos de Needy por advertirle del peligro en que se encuentra y de protegerlo, Jennifer lleva a Chip con engaños a una piscina abandonada cuando iba de camino al baile escolar. Needy llega justo a tiempo para presenciar cómo Jennifer empieza a drenar la vida de Chip, pero es demasiado tarde para salvarlo, ya que Jennifer logra recuperarse de las heridas que ellos le causan y logra escaparse.

Needy decide terminar con la pesadilla. Irrumpe en el dormitorio de Jennifer y se enfrenta a ella en una última pelea que resulta ser íntima y mortal. Su lucha está llena de significados: se trata de reclamar su agencia y de confrontar su propia identidad. Al final, Needy mata a Jennifer, apuñalándola en el corazón con un cutter después de arrancarle su collar de amistad, terminando simbólicamente con la amenaza sobrenatural y con sus lazos codependientes.
En última instancia, la película se niega a desinfectar su conexión de las chicas o a disculparse por el caos, más bien, se deleita de presentarnos lo incontrolable del anhelo queer, donde las dinámicas de poder cambian y la devoción puede tener un sabor a sangre. Al enmarcar la bisexualidad a través de la lente del terror — con colmillos y horrores — la película refleja la experiencia del despertar queer: acompañado de belleza y brutalidad, por partes iguales, aterrador y trascendente. Needy no solo mata a Jennifer al final, sino que hereda su hambre, frustraciones y poder, y está plenamente decidida a vengarla, yendo a perseguir a la banda de rock que comenzó todo. No se trata de una historia de amor perfecta, pero sí de una historia sobre transformación y aceptación del rechazo, así como de las traiciones a uno mismo, presentada de manera auténtica, aunque incluso resulte sumamente inquietante.