La televisión de realidad a menudo refleja las mismas contradicciones que vemos en la sociedad: un espacio donde la visibilidad puede resaltarse, pero también estar en peligro. En la temporada 2025 de Grande Fratello (2000-), la versión italiana del programa estadounidense Big Brother (2000-), Zeudi Di Palma, una joven abiertamente bisexual, vivió en carne propia esta paradoja. Lo que siguió fue una lección magistral sobre el poder y los peligros de la representación.
Zeudi, una estudiante de sociología de Nápoles entró en la casa viviendo tranquilamente su verdad. Sin convertir su bisexualidad en un espectáculo, se volvió un símbolo para aquellos que rara vez se ven reflejados en la televisión nacional, especialmente en países donde ser queer es algo que sigue estigmatizado. Sin embargo, su historia también es un recordatorio de que ser visible, sin apoyo institucional, puede tener un alto costo.
Dentro de la casa, otra concursante inició una relación con Zeudi tan solo para tratar de desacreditarla públicamente después. El cambio de actitud de la concursante — pasar de la intimidad a las acusaciones de que Zeudi estaba “manipulándola” a través de su bisexualidad — desencadenó un efecto dominó. Varios compañeros de la casa hicieron eco a este sentir, conduciendo al aislamiento social de Zeudi.
La narrativa fue clara: Zeudi fue retratada como una persona “confundida” o “performática”, reflejando un patrón muy doloroso y conocido para las personas bisexuales en todo el mundo. Sin embargo, la producción no intervino para corregir esta situación. En cambio, permitieron que se invisibilizara su sexualidad y que se hiciera eco a estereotipos nocivos sin siquiera cuestionarlos, enmarcando todas las respuestas emocionales de Zeudi como parte del juego.
Lo que se desarrolló fue un ambiente donde el borrado bi se normalizó, y una mujer bi fue dejada a su suerte dentro de la casa.

Para muchos en la comunidad bi, especialmente los espectadores de más de 130 países que apoyaron a Zeudi, esto fue un golpe muy duro. Fue una repetición de las formas en que las personas bi a menudo son prejuzgadas, marginadas, desacreditadas o vistas como poco confiables basándose en estereotipos dañinos y falsos.
La historia de Zeudi habla del problema más amplio del borrado bi: cómo la bisexualidad a menudo es difamada en espacios que pretenden ser inclusivos. El trato que recibió Zeudi en Grande Fratello reflejó, en miniatura, lo que muchas personas LGBT en partes menos tolerantes del mundo tienen que soportar en su vida cotidiana.
Frente a esto, las audiencias internacionales se movilizaron. Los espectadores, especialmente jóvenes bi, defendieron ferozmente a Zeudi. Su madre, Maria Rosaria, emergió como una voz fundamental, compartiendo públicamente la historia de salida del clóset de Zeudi y defendiendo a los jóvenes queer de Italia.
La efusiva demostración de solidaridad dejó ver cuán poderosa puede ser una comunidad, incluso cuando las estructuras mediáticas nos fallan. La resiliencia de Zeudi y sus seguidores transformaron una experiencia dolorosa en un movimiento de visibilidad y desafío.
El viaje de Zeudi Di Palma en Grande Fratello es tan inspirador como aleccionador. Expone lo fácil que puede ser denigrar a las personas bi cuando las personas en posiciones de poder no defienden su dignidad de forma igualitaria. Pero también destaca silenciosa la fuerza necesaria para mantenerse visible.
Aunque el programa se quedó corto, Zeudi no lo hizo; y su historia es un llamado a la acción para proteger y elevar las voces bisexuales dondequiera que surjan.
