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Adam Groff

Personajes Bi

Imagen/Netflix

Adam Groff (Connor Swindells) es uno de los personajes centrales en la serie de Netflix Sex Education. Se presenta inicialmente como el clásico bully escolar — el puño cerrado de masculinidad reprimida. Sin embargo, bajo esa fachada agresiva yace una exploración matizada de la identidad queer, haciendo que su evolución de acosador a un muchacho bi de corazón tierno sea una de las tramas más fascinantes de la serie.

La transformación de Adam sucede gracias a su inesperada conexión con Eric Effiong (Ncuti Gatwa), el mismo compañero al que antes acosaba por ser abiertamente gay. Su beso al final de la primera temporada — un acto a partes iguales impulsivo e inevitable — marca la primera grieta en la fachada cuidadosamente construida de la identidad de Adam. Lo que sigue es un cortejo titubeante pero sincero, donde la inquebrantable seguridad de Eric se convierte tanto en espejo como en salvavidas para poder interpretar la atracción reprimida que siente Adam. El clímax de este viaje sucede al final de la segunda temporada, cuando Adam interrumpe una obra escolar para declarar su amor públicamente: “Quiero ser tu novio”. Este momento — desgarrador, incómodo y asombrosamente valiente — destroza la imagen de hipermasculinidad que había heredado sin cuestionamiento alguno de su padre.

La tercera temporada complica el progreso que tanto le costó a Adam lograr, pues su incapacidad para salir del clóset ante sus padres reaviva viejas inseguridades, las cuales se manifiestan en forma de agresiones hacia compañeros de la escuela. Esta regresión es especialmente dolorosa para Eric, quien reconoce el trauma de su dinámica pasada. La eventual ruptura de la pareja no se nos presenta como un fracaso, sino como un paso necesario en el proceso de crecimiento de Adam — un recordatorio de que la autoaceptación no es lineal en absoluto.

La serie sobresale al retratar la sexualidad de Adam de manera imparcial y desgarradora. Su confusión no se usa como chiste; su atracción hacia las mujeres (como su relación anterior con Aimee) no se borra después de que confiese sus sentimientos por Eric. En cambio, la serie normaliza la bisexualidad como un espectro — uno donde la actitud hosca de Adam y sus limitaciones emocionales coexisten con su capacidad para albergar una gran ternura.

Crucialmente, la historia de Adam desafía el cliché del “bi confundido”. Su viaje — desde el extremo de la homofobia internalizada hasta un orgullo tentativo — refleja los conflictos del mundo real, sin reducirlo a una suerte de moraleja. Cuando finalmente asume su identidad, no lo hace con bombo y platillo, sino con el alivio de alguien que se libera de un peso que había cargado durante demasiado tiempo. Al final de la serie, Adam emerge como la figura inesperadamente más conmovedora de Sex Education: prueba de que la vulnerabilidad puede ser el acto de valentía más grande de todos.