A menudo nos preguntan por qué bi.org tiende a usar la palabra más corta y menos formal “bi” en vez de “bisexual”. Esto no es por accidente, sino el resultado de una cuidadosa consideración.
La bisexualidad es un término que fue creado en la segunda mitad del siglo XIX, en la época en que los pioneros del movimiento LGBT básicamente inventaron el campo de la ciencia del sexo en la búsqueda de establecer una base legal para la despenalización de la intimidad sexual entre los hombres. Antes de ese tiempo, la sociedad occidental generalmente veía la actividad entre dos personas del mismo sexo simplemente como un acto ilícito, a menudo condenado como un fallo moral o un crimen punible con pena de cárcel o peor.
En la década de 1860, los primeros activistas LGBT como Karl Heinrich Ulrichs propusieron la idea de que la homosexualidad no era algo fuera de la naturaleza; que había una base biológica de atracción y que algunas personas eran “creadas” diferentes y que tenían patrones definidos de atracción y de identidad de género. Él argumentaba que los hombres que han tenido relaciones sexuales con otros hombres no eran moralmente imperfectos, sino que simplemente actuaban de acuerdo con su naturaleza inherente. En 1868, Karl Maria Kerbeny, otra de las primeras activistas de los derechos LGBT, escribió una carta a Ulrichs, en la cual inventó los términos heterosexual y homosexual. Continuó usando los términos para argumentar en contra de las leyes contra la sodomía y otras formas de la discriminación legal contra lo que ahora llamamos personas LGBT.
Aunque tomó más de un siglo en conseguir la aceptación universal, los científicos lentamente han llegado a estar de acuerdo con los activistas; la idea de que las personas tienen una orientación sexual innata fue útil para explicar las observaciones que se habían hecho en el mundo real. Richard von Krafft-Ebing, uno de los primeros científicos sobre el sexo, hizo populares los términos de Kertbeny. En 1892, después de encontrarse una y otra vez con personas que no pertenecían a las categorías heterosexual u homosexual, von Krafft-Ebing expandió el léxico al crear el término bisexual para describir a las personas que mostraban atracciones tanto por el mismo como por el diferente sexo. Mientras que lingüísticamente esto fue un paso adelante, von Krafft-Ebing y sus compañeros médicos continuaron siendo un producto de su tiempo. A pesar de su deseo de querer ayudar a las personas no heterosexuales a deshacer los estigmas morales, ellos generalmente continuaban estigmatizando a cualquier tipo de sexo que no fuera heterosexual, involucrando un pene y una vagina (incluyendo la masturbación y el sexo oral) como tipos de sexo que no crearían embarazos, y de esa manera algo poco productivo y poco saludable.
Durante el siglo pasado, el campo de la sexología ha avanzado mucho. Ahora sabemos que las actividades no procreadoras, como la masturbación, no causan locura ni la pérdida de la vitalidad y, en cambio, pueden ser una parte importante de una vida sexual saludable.[1] También hemos aprendido que el sexo cumple funciones importantes que no tienen nada que ver con la reproducción, tales como facilitar la conexión entre las personas, ayudar a reconciliarse después de un conflicto y reducir las tensiones sociales, tanto en las sociedades de humanos como en las de primates.[2] Nuestra apreciación por las muchas causas y funciones de lo que no es heterosexual continúa evolucionando. Incluso el mismo campo de la sexología ha cambiado; en vez de simplemente ser sujetos de investigación, las personas queer ahora son fuertemente representadas en las disciplinas que ahora consideran el amplio espectro de heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad y asexualidad[3] como parte de un mosaico lleno de colores igual que la humanidad lo es.
Aunque la investigación y el activismo sexual han sido una fuerza importante para apoyar nuestra comprensión de la sexualidad humana, eso no significa que la terminología se adapte bien al lenguaje cotidiano. La palabra “homosexual” es útil debido a que tiene un significado preciso, pero en la conversación diaria puede sonar algo vieja, médica y hasta deshumanizante. Cada vez más, los hablantes respetuosos de los idiomas inglés y español han evitado el uso de términos de orientación sexual como sustantivos. Los extremistas anti-LGBT, por el otro lado, les gusta usar la palabra “homosexuales” para referirse a lesbianas, gays e incluso bis porque suena clínico y contribuye a la percepción de que somos enfermos, anormales o personas cuyas vidas son definidas por nuestra orientación sexual.
Durante el siglo pasado, a medida que nuestra sociedad ha llegado a comprender que no todos están “programados” para ser heterosexuales, nuestro concepto cultural de la sexualidad ha evolucionado de algo que la gente hace aparte de su identidad y su sentido de sí mismo. Esa conciencia nos ha dado términos como gay, lesbiana y queer. Mientras que es común que las personas y organizaciones se refieran a grupos de personas bi como “bisexuales”, creemos que ha llegado el momento de dejar esta práctica. Por lo tanto, hemos elegido usar el término coloquial “bi” cuando es más apropiado un lenguaje más informal y cotidiano. Usamos “bisexual” como un término preciso para la orientación sexual y bi como una identidad sexual.