La serie de Netflix Besos, Kitty (2023-), vuelve con una segunda temporada llena de intriga, celos y con drama bi más jugoso que en la primera. La serie es una derivada de la popular franquicia A todos los chicos de los que me enamoré (2018-2021), pero antes de entrar en detalles — si aún no has visto la primera temporada (¿en serio no?) — debo advertirte que habrá SPOILERS importantes. Prosigue bajo tu propio riesgo. Además, si no estás familiarizado con la Escala del Unicornio, puedes consultar nuestra métrica aquí o leer nuestra entrada en la sección de Media Bi sobre la serie si buscas un resumen rápido.

La primera temporada trata sobre Kitty, la hermana menor de la familia Song-Covey que viaja a Corea del Sur. Kitty logra conseguir una beca para estudiar en una prestigiosa preparatoria privada en Seúl, para tratar de reunirse con su novio Dae, con quien tiene una relación a larga distancia, y para conocer mejor su historia familiar, pues su madre estudió en la misma escuela. Sin embargo, al llegar, se encuentra con la sorprendente noticia de que Dae tiene una novia. Se trata de Yuri, la “reina de KISS” (acrónimo de la escuela coreana, Korean Independent School of Seoul).
Aunque al principio Kitty estaba decidida a recuperar a Dae, sus sentimientos comienzan a cambiar cuando se acerca más a Yuri. Al descubrir que Yuri en realidad nunca amó a Dae — y que solo fingía una relación con él para ocultar su sexualidad — Kitty empieza a sentirse muy atraída por ella. A medida que su amistad se profundiza, Kitty se cuestiona todo lo que creía saber sobre sí misma, incluso sus sentimientos por Dae, quien para entonces ya es su novio.
En el episodio final, las emociones de Kitty llegan a un punto crítico. Durante una videollamada con su padre, le confiesa que se peleó con Dae porque siente algo por Yuri, saliendo del clóset ante él en ese momento. ¿Cuál fue su reacción?
Kitty: Me peleé con Dae porque siento algo por mi amiga Yuri, que es una chica.
Papá: ¡Oh! ¡Vaya, gracias a dios!
Kitty: ¿Gracias a dios que soy bi? ¿O pansexual? ¿O de genero fluido?
Papá: Sea pansexual o fluida, gracias a dios que estás sana y salva.
Kitty: Estoy sana y salva, pero también estoy triste, papá. Y estoy muy, muy confundida.
Papá: […] Siento mucho oírte tan deprimida, Kitty. Pero eres una de las personas más fuertes que conozco […] igual que tu mamá.
El final de temporada fue como una montaña rusa de emociones. Tras una agridulce ruptura con Dae, Kitty se ve incapaz de confesarle sus sentimientos a Yuri cuando la exnovia de Yuri, Juliana, aparece inesperadamente, y Kitty decide marcharse. Para complicar todavía más las cosas, Min Ho, amigo de Dae, confiesa sus sentimientos por Kitty en el avión de regreso a casa, lo que me dejó muy ansioso por saber lo que pasará en la siguiente temporada.
Lo que me gustó:

En la segunda temporada, Kitty sigue explorando su recién descubierta bisexualidad desde el primer episodio. Mientras que la atracción inicial de Kitty por Yuri fue una sorpresa en la primera temporada, en esta ocasión asume plenamente su identidad. En lugar de reducir su atracción por Yuri a una mera “fase” o curiosidad pasajera, la serie permite que sus sentimientos se desarrollen de forma natural, dándoles el mismo peso emocional que a sus anteriores relaciones con hombres. Ni se obsesiona con las etiquetas ni lucha contra ningún tipo de bifobia interiorizada: simplemente le gusta quien le gusta, ya sea Yuri o su nuevo interés amoroso, Praveena. Esta aceptación resulta casual y emocionante.
Un ejemplo perfecto de esto sucede al final del primer episodio, cuando Yuri confronta a Kitty por su repentino distanciamiento desde que volvió a la escuela. En lugar de esquivar la pregunta, Kitty directamente le explica que durante las vacaciones se dio cuenta de que es bi. Yuri reacciona con alegría y apoyo, diciéndole a Kitty lo feliz que se siente por ella y también preguntándole, con un poco de esperanza y curiosidad, si ella tuvo algo que ver con la revelación. Kitty afirma que Yuri tuvo algo que ver, y la escena termina con Yuri asegurándole que ella siempre estará ahí para apoyarla, y que ella también necesita el mismo apoyo de parte de Kitty.
También es reveladora la manera en que Besos, Kitty incorpora la diversidad queer en su narrativa. Es diferente a otras series que se basan en el subtexto o en narraciones ambiguas; Besos, Kitty deja en claro que Kitty tiene una atracción genuina. Al incluir a varios personajes queer, la serie asegura que el descubrimiento de Kitty no se sienta como algo aislado, sino que forma parte de una conversación más amplia sobre el amor y la identidad.
Otro ejemplo del primer episodio es la forma en que sus amigos hablan de la bisexualidad de Kitty. Por ejemplo, Q le da consejos sencillos pero significativos:
Creo que es una pena renunciar al amor justo después de descubrir que eres bi.
O cómo Yuri reconoce casualmente la bisexualidad de Kitty en una conversación:
Ya que has tenido tu gran despertar bi, te quería preguntar si quieres venir a este sitio llamado Sugar Bar con nosotros esta noche.

Además, las actuaciones — especialmente las de Anna Cathcart (Kitty) y Gia Kim (Yuri) — realmente le dan vida a sus historias. Su química es palpable, lo que hace que los conflictos internos de Kitty y la tensión romántica sean realistas. La serie también evita caer en la tragedia o el melodrama innecesariamente, permitiendo que el desarrollo de Kitty hacia la madurez sea alegre, incómodo y sincero, ¡exactamente como debería ser en un romance adolescente!
Lo que no me gustó:
Aunque la segunda temporada sigue siendo encantadora y entretenida, hay ciertos elementos que le quitan la narrativa y se sienten fuera de lugar dado el tono de la serie.
Uno de los aspectos más frustrantes es el excesivo protagonismo del padre de Min Ho. Descrito como “el Kris Jenner de Corea”, este magnate del talento irrumpe en la historia con su programa de reality y su abrumadora presencia, dando la sensación de forzar más energía K-Pop en la serie. Aunque la música coreana es una parte integral de la cultura y la identidad de muchos personajes, la forma en que se introduce este personaje lo hace artificial y distrae de las historias que realmente importan: la identidad de Kitty, sus relaciones y su conexión con su herencia coreana.
En lugar de dedicar tanto tiempo a este personaje secundario, la serie podría haber explorado más a fondo la historia familiar de Kitty. Su conexión con su madre y sus raíces coreanas ofrecen una rica oportunidad narrativa para explorar temas de querer pertenecer y su legado, pero estos elementos se ven opacados por la historia exagerada del padre de Min Ho.
Además, la introducción de un “villano” en esta temporada parece una elección narrativa poco original e innecesaria. Besos, Kitty siempre se ha tratado de conflictos leves, basados en malentendidos y falta de comunicación, más que en la maldad. Introducir un personaje cuyo principal objetivo es causar daño resulta complicado e interrumpe la atmósfera de “familia encontrada” que la primera temporada construyó tan bien.
La calificación:
A pesar de algunas decisiones narrativas cuestionables, la segunda temporada de Besos, Kitty conserva el encanto que nos hizo enamorarnos de ella en primer lugar. La torpeza, honestidad y vulnerabilidad de Kitty siguen siendo el centro vital de la serie, y su viaje de autodescubrimiento resuena con cualquiera que está explorando su propia identidad y emociones.
En resumen, la segunda temporada de Besos, Kitty sacrifica un poco la profundidad y autenticidad en favor de elementos superficiales que no agregan gran valor a la trama. El uso excesivo del padre de Min Ho, la falta de exploración de la historia familiar de Kitty son quizá los puntos más débiles de esta temporada.
Sin embargo, sus interacciones con Dae, Yuri, Praveena y Min Ho, así como su amistad con Q, proporcionan momentos genuinos y reconfortantes que nos recuerdan la importancia de la amistad, el amor y aceptarse a uno mismo.
La serie también merece ser reconocida por su representación bi. El término “bi” se menciona con frecuencia y se discute abiertamente, lo cual permite a Kitty expresar su identidad con claridad y libertad. Es refrescante ver una serie para adolescentes que normaliza la bisexualidad y retrata a una protagonista que se siente cómoda y segura de sí misma.
Por estas razones, a pesar de mis críticas, le daré a la segunda temporada de Besos, Kitty, ¡una calificación de cuatro unicornios!
