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La Escala del Unicornio: Letterkenny

Image/WildBrain Distribution

septiembre 26, 2022 · por Liam Lambert

¿Qué te parece tu ciudad natal? Apuesto a que si vienes de una gran ciudad como Nueva York, Chicago, Toronto o de algún lugar que tenga un poco de mitología detrás, es muy diferente a cómo nos sentimos aquellos de nosotros que venimos de pueblos pequeños.

Entonces, ¿qué pasa cuando uno se topa con una serie ambientada en una ciudad que no es específicamente en la que creció, pero que está lo suficientemente cerca como para ser una simulación casi espeluznante? Imagina nuestra sorpresa cuando resulta ser no solo hilarante, dándonos tanto comedia física y chistes verbalmente hábiles e intrincados, sino que también es la serie más inclusiva, incisiva y de mente abierta en la televisión canadiense desde los días de gloria de SCTV.

Bienvenido a Letterkenny, exploremos sus problemas. Ten en cuenta que hay SPOILERS por delante y echa un vistazo a nuestro sistema de calificación en el artículo original si no están familiarizados con la Escala del Unicornio.

Letterkenny es la creación del actor/escritor Jared Kesso y su co-escritor, Jacob Tierney. Se ocupa de las debilidades de los diversos residentes de Letterkenny, una pequeña ciudad al noroeste de Ontario. Se pueden dividir en tres grupos esenciales, los Hicks, con Kesso personificando a Wayne, sus amigos Derry (Nathan Dales) y Squirrelly Dan (Trevor K. Wilson) y su hermana bi Katy (Robyn Michelle Mylett).

Katy, al comienzo de la serie, está saliendo con dos jugadores de hockey, Jonesy (Andrew Herr) y Reilly (Dylan Playfair), deportistas idiotas que a lo largo de la serie,se vuelven más profundos e interesantes. Lo mismo ocurre con los Skids, los fanáticos del EDM consumidos por las drogas como Stuart (Tyler Johnston) y Roald (Evan Stern) y la traficante de drogas Gae (Sarah Gadon). La ciudad está llena de fascinantes personajes de pueblos pequeños como Glen, el predicador potencialmente gay pero definitivamente queer, interpretado por Tierney; Gail (Lisa Codrington), la bartender hipersexual; la pareja swinger, los McMurrays; y su hermana Bonnie (Kamilla Kowal), que es un objeto del interés sexual de toda la ciudad para hombres y mujeres.

Imagen/WildBrain Distribution

Lo que me gustó:

Lo principal de esta serie es que, a pesar de lo fácil que sería convertir a estos personajes en ridículos estereotipos, estos son personajes genuinos con arcos y sentimientos, que crecen y cambian, y se acercan al espectador de varias maneras. La subversión de los estereotipos y las expectativas es realmente algo hermoso de contemplar. Por ejemplo, Dan. Dan es un gran y barbudo yeti vestido con una franela roja y botas grandes, que pluraliza innecesariamente varias de sus palabras, pero también es un feminista dedicado, tomando clases de Estudios de las Mujeres impartidas por la rara vez vista pero profundamente sabia profesora Tricia (Nazneen Contractor), quien le enseña sobre adversidades hacia la igualdad que las mujeres han enfrentado durante generaciones. También es notablemente aventurero con su sexualidad para alguien escrito como un pueblerino.

O Jonesy y Reilly, quienes comienzan la serie como los juguetes sexuales de Katy, cabezas vacías que hablan de “praccie” (práctica de hockey) y “takedowns” (tener relaciones sexuales con varias y diversas chicas obsesionadas con el hockey), pero desarrollan amistades con dos gays en el gimnasio después de que les coquetearan, mostrando una cantidad inusual de sensibilidad y cuidado por personas quienes tiene el mismo grado de interés en los “takedowns” pero del otro lado del espectro sexual.

Entre los Skids, tienes al bi Stuart y a su mejor amigo gay Roald. Ninguna de estas cosas es necesariamente importante para los personajes y son tratadas como un tema más en la vida de los personajes. Es mucho más importante el consumo de drogas, los planes de estafas para hacerse ricos de manera rápida y el comportamiento casi ilegal, en el mejor de los casos, lo que en realidad hace que se preocupen el uno por el otro y no en quién estén interesados sexualmente.

Mientras que en una serie “popular” se habría abordado más en sus intereses sexuales, el cómo y el por qué; aquí es solo una parte de quiénes son y todos lo toman con calma y lo aceptan sin mucho alboroto. Por ejemplo, McMurray no está impresionado porque no es uno de ellos. Son buenos chicos, pueden tomar una cerveza pero eso es todo, porque él no es uno de ellos. Pero es un gran paso adelante el simplemente burlarse de este tipo de actitud (muy frecuente en una ciudad como esta), en lugar de convertirla en un punto de la trama, o estar de acuerdo o en desacuerdo con cualquier lado de esta. Todo el mundo es igual de ridículo, independientemente de con quién quieran acostarse. Como debería de ser.

Imagen/WildBrain Distribution

Lo que no me gustó:

Honestamente, parte del material es demasiado específico del área de donde proviene, así que siento que me estoy perdiendo algunos chistes. Y las temporadas son cortas. Ojalá hubiera algo de lo que pudiera quejarme más sustancialmente, pero en realidad no lo hay.

Aquí está la parte de divulgación completa de esta revisión. Crecí en el suroeste de Ontario, a unas dos horas de donde se ambienta este programa. Conozco a este tipo de personas, viví con ellos, eran mis amigos y los amigos de mis padres. El show muestra muy bien el tipo de actitudes de los pueblos pequeños que ejemplifican la vida en la ciudad de puerto fronteriza en la que crecí. Literalmente fui a la escuela preparatoria con uno de los directores y escritores del programa, lo que podría explicar lo resonantes que encuentro tantos elementos de la narración y los ritmos de los personajes.

Imagen/WildBrain Distribution

Desde el enamoramiento del pastor Glen, hilarante pero sin ser correspondido por Wayne, hasta Katy (y todos los demás) que detiene lo que sea que están haciendo para murmurar “Bonnie McMurray” cada vez que el personaje aparece en la pantalla, generalmente para coquetearle a Wayne, que parece no notar y ser inmune a sus encantos, la serie se esfuerza por ser realista, con un trato honesto e igualitario en sus personajes, sin importar su preferencia sexual o su clase social. Esta es su fortaleza y es una de las razones por las que debería ser un clásico perdurable de la comedia social canadiense, siempre que tenga la audiencia que se merece.

La calificación:

Entre sus representaciones acertadas de las debilidades de las relaciones, caricaturas realistas pero hilarantes de las pequeñas ciudades y la aceptación general del hecho básico de que todo el mundo tiene algo que los hace extraños, independientemente de con quién se acuesten o por qué, este espectáculo se encuentra entre los mejores tanto en representación como en comedia de calidad general desde Schitt’s Creek. Sí, lo dije. Cuatro unicornios.

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