Bienvenidos de nuevo a la Escala del Unicornio. Esta reseña se trata de la segunda temporada de Heartstopper, una serie que, como pronto veremos, merece tener reseñas de cada una de sus temporadas ya que nunca hemos visto una representación bi como ésta. Los personajes y los actores que los interpretan se han convertido en parte de la cultura de los memes y tendencias, a veces controversiales, en la comunidad bi y más allá. A pesar de no ser militantemente queer, la serie evita reforzar los estereotipos de la representación LGBT, como el de ”enterrar a los gays” y los tropos de la miseria queer, e incluso rompe muchas expectativas de los dramas adolescentes en su totalidad. Si te interesa, puedes ver nuestra reseña de la primera temporada aquí, que incluye información sobre la serie de Heartstopper y cómo llegó a ser creada. Si eres nuevo por estos rumbos, quizá quieras echarle un vistazo a la métrica de La Escala del Unicornio. Bueno, ahora que ya nos hemos quitado eso de encima, terminemos con las formalidades con una rápida ADVERTENCIA DE SPOILERS. Es posible que se revelen ciertos puntos de la trama de la serie, aunque esta serie no depende de tener plot twists y es fiel a los cómics en la que está basada, que llevan años publicándose.
La segunda temporada comienza inmediatamente donde termina la segunda: la estrella de rugby de la preparatoria Nick Nelson (Kit Connor), y Charlie Spring el chico abiertamente gay de la escuela, son oficialmente novios y Nick sale del clóset con su madre. El estreno de la segunda temporada, titulado simplemente “Out”, comienza al día siguiente. Nick y Charlie se envían mensajes de amor, disfrutando de la novedad de ser novios oficiales. Con su relación consolidada, Nick lucha con el proceso de salir del clóset, temeroso de ser acosado, avergonzado y excluido, pero también con demasiada integridad como para esconderse o mentir sobre su relación con Charlie. Esto establece la premisa de la temporada entera.
Lo que me gustó:
Al igual que la primera temporada, la segunda sigue siendo refrescantemente positiva. También es progresista sin ser sermoneadora, dogmática o artificial y forzada como muchas series en los últimos años. Cosa que ha mejorado en comparación con la primera temporada es que nos centramos mucho más en los personajes más allá de Nick y Charlie, una progresión natural que hace que el mundo en el que todos existen parezca ser más real. Trata con algunos temas serios como la anorexia, las relaciones abusivas y los padres ausentes, y los mezcla con momentos más ligeros y neutros que ayudan a la serie a no tratarse solo sobre traumas. La serie sigue siendo un soplo de aire fresco, que nos permite residir, episodio a episodio, en un mundo ficticio que es en gran medida realista y con el que te puedes identificar, hablando sobre las luchas a las que nos enfrentamos, pero que también encarna muchas de las esperanzas y aspiraciones de pertenencia que las personas LGBT poseemos.
Al igual que en la primera temporada, la representación bi en los ocho episodios de la segunda temporada, es de primera clase en todos los sentidos y consigue ser apropiada para la edad de su público joven. Lo que más me impresionó fue cómo Heartstopper se las arregla para explorar el concepto de mantener nuestra identidad — el trabajo extra que las personas bi tenemos que hacer para, bueno, mantener nuestra identidad en una sociedad que asume que la bisexualidad es inestable, temporal e incluso falsa. Por muy difícil que sea para los gays y las lesbianas salir del clóset, al menos la gente tiende a creerles y no les exige un proceso interminable de reafirmación de su identidad varias veces al año.
A lo largo de la temporada, Nick tiene que lidiar repetidamente con la invisibilidad bi cuando la gente asume o incluso insiste en que es realmente gay. Pero fiel a la forma de Heartstopper, la serie no se pone a gritar ni nos sermonea sobre los males de la invisibilidad bi y la bifobia. En lugar de eso, Nick afronta esas situaciones con un “En realidad, soy bi.” Es refrescante ver una serie que no se basa en el sufrimiento y el drama innecesario para conducir la narración.
Lo que no me gustó:
La primera temporada terminó con Nick abandonando dramáticamente el campo en medio de un partido de rugby frente a toda la escuela, corriendo hacia Charlie, agarrándole de la mano y huyendo juntos.
Mientras. Todos. Los miraban.
Sin embargo, de alguna manera, al día siguiente nadie sabe que Nick y Charlie son pareja y todo el mundo piensa que Nick es heterosexual. Todavía no puedo decidir si eso es una horrible escritura o una brillante descripción de la invisibilidad bi — la capacidad de la gente de ver ejemplos en carne y hueso de la bisexualidad justo delante de ellos y no ver nada.
Aunque me encanta esta serie y admiro cómo evita hipersexualizar a los adolescentes como la mayoría de las series, a veces está demasiado desexualizada para ser creíble. Por ejemplo, uno de los momentos que sobresalen de esta temporada es un viaje que ambas escuelas Truham (la escuela de chicos) y Higgs (la escuela de chicas) hicieron a París. Lejos de sus padres y con sólo dos acompañantes, los alumnos sienten la oportunidad de explorar su sexualidad. Y, sin embargo, cuando lo hacen, apenas parecen ser adolescentes llenos de hormonas.
A lo largo de la serie, el sexo consiste esencialmente en besarse. Llegando a ser casi una parodia de la cultura del consentimiento, durante una sesión de besos en el quinto episodio, Nick le pide permiso a Charlie para besarle en el cuello. Charlie da su consentimiento, y de alguna manera al instante termina con un enorme chupetón que se convierte en un gran punto whodunit de la trama (descubrir quién lo hizo) cuando el resto de la clase se da cuenta.
Cuando les asignan sus cuartos de hotel, los amigos de Nick y Charlie impiden sin pensarlo dos veces que la pareja comparta una cama. Comprensiblemente, Nick y Charlie se sienten profundamente frustrados y se consuelan quedándose dormidos agarrados de la mano a través del hueco entre las dos camas dobles. Cuando por fin tienen un momento a solas en la habitación, comienzan a tener una pelea de cosquillas y almohadas, seguida de una breve sesión de besos que acaba con ambos declarando que aún no están preparados para “hacerlo” y aprovechando su precioso tiempo a solas en la cama para… hablar. Se parece más a la ficción de slash (un género creado en gran parte por las mujeres y que satisface más a los apetitos de las mujeres, que a menudo buscan específicamente representaciones más seguras de la sexualidad) que a cualquier cosa cercana a una representación precisa de la lujuria y el deseo adolescente entre jóvenes bi/gay. Si sólo se tratara de Nick y Charlie siendo tímidos y sin querer tocarse en torno al sexo, tal vez podría entenderlo. Pero hasta ahora, todas las parejas de Heartstopper se comportan así.
La calificación:
Dada la representación bi en Heartstopper, que se gana una estrellita dorada, y su capacidad para evitar la hipersexualización que plaga la mayoría de los programas que son ambientados en la preparatoria, estoy feliz de perdonar la representación a veces demasiado aséptica de la sexualidad en su material de origen y en la serie de televisión. Además, encaja con el tono y ánimo general de la serie. La segunda temporada de Heartstopper ya ha dado a nuestra comunidad un nuevo mantra: “¡En realidad, soy bi!” y por ello merece nada menos que una puntuación perfecta de 4 unicornios.
