Como una niña de los 90s, crecí esperando con anticipación los viernes para poner el canal de ABC, pasando tiempo con personajes como Cory y Topenga, Steve y Laura, y Sabrina y Harvey. Sabrina la Bruja Adolescente (1996-2003), basada en un cómic de Archie en 1960 del mismo nombre, fue un programa sobre una estudiante de preparatoria extravagante quien está intentando tener una vida “normal” mientras que es una auténtica bruja. En la edición de los 90s, ella a menudo se encontraba en situaciones cómicas, drama de adolescentes, y un desacuerdo con dos de sus guardianes brujas quienes son sus tías.
Entonces, cuando la serie original fue anunciada, El mundo oculto de Sabrina, en el 2018, de inmediato me intrigó.
Modernizada primero como la nueva serie de Archie Cómics, esta edición de Sabrina está situada en Greendale — el mismo universo al de Archie, Jughead, y la banda de Riverdale — y adopta un tono mucho más oscuro. Es un show que explora el tema de la identidad sin miedo, pero en una manera juguetona incluso.
Y ahora, una advertencia: habrá algunos SPOILERS. Esta revisión examinará en una manera breve El mundo oculto de Sabrina en acuerdo con la forma en que la bisexualidad es representada y las sorprendentes formas en que un show sobre brujas, magos, y magia pueden capturar la batalla interna sentida por esos quienes se identifican como bisexual. Si gustas, puedes recibir un recordatorio de la Escala del Unicornio aquí.
Lo que me gustó:
Sabrina es una serie basada alrededor de la la pregunta, “¿Quién soy?”. Sabrina nació de un padre brujo, y una madre mortal, y fue criada por sus tías brujas, Zelda e Hilda — después de la trágica muerte de sus padres en su infancia. Sabrina tiene que escoger entre una vida como bruja o una vida como mortal cuando cumpla 16 años. Ella es esperada en abandonar uno y comprometerse al otro. Aunque no está relacionado con su bisexualidad, esto está relacionado a la batalla de “escoger un lado” que seguro suena familiar. ¿Eres gay o heterosexual?

En este dilema, Sabrina (no tan) simple dice, sí. Soy una bruja y una mortal. Cuando ella está con sus amigos — Roz (Jaz Sinclair), Susie (Lachlan Watson, a quien llegamos a conocer como Theo en la segunda parte), y su novio Harvey (Ross Lynch) — Sabrina de cualquier manera es una bruja. Cuando ella estudia entre brujas y los brujos en la Academia de las Artes Oscuras, Sabrina permanece mortal.
El show captura como las personas bisexuales se sienten en una posición donde constantemente tenemos que declarar quienes somos a el mundo alrededor de nosotros, así como una falsa dicotomía que está situada sobre las personas a “escoger” una orientación sobre la otra. En el final de la primera parte, Sabrina determina que ella no necesita, ni hará, alguna elección. Ella acepta que para ser verdadera con su identidad ella tiene que aceptar y amar quien ella es como persona — una bruja y una mortal, ambas al mismo tiempo.

Varias identidades son representadas a través de los diferentes personajes en Sabrina, incluyendo el género, la orientación sexual, el pertenecer a tu familia y la herencia, así como la vocación. Aunque la bisexualidad no es explícitamente discutida en el show, es presentada a través de algunos personajes principales. Ambrose Spellman (Chance Perdomo), el primo que no sale de casa y quien se proclamado como pansexual, está enamorado de su compañero brujo, Luke (Darren Mann). Pero sobre la desaparición de Luke, Ambrose encuentra comodidad en la artera bruja, Prudence (Tati Gabrielle), quien también parece no discriminar en sus preferencias sexuales. En un episodio nos atravesamos con varias brujas y brujos en medio de una orgía ceremonial antes de un sacrificio donde Ambrose y Prudence participan.

Lo que no me gustó:
Sin embargo, fuera de estos dos personajes secundarios, las parejas heterosexuales parecen ser la norma. Mientras que el show no es enteramente heteronormativo, las relaciones tienden a serlo. En otras palabras, la bisexualidad, o la forma de ser queer en general, son más restringidas a las interacciones sexuales y relaciones de los personajes, en vez de ser mostrada en un aspecto romántico o emocional.
Brevemente en una discusión sobre el poliamor, Padre Blackwood (Richard Coyle), un sacerdote de parte de la Iglesia de la Noche, menciona la rara expectativa de la monogamia que los mortales tienen, y comparando la forma de no ser monógamas que las brujas y brujos adoptan. Pero de cualquier manera toma lugar en un contexto de las relaciones heterosexuales.

Nicolas Scratch (Gavin Leatherwood), un brujo quien se convierte en el interés romántico de Sabrina en la segunda parte, también juega con los límites de la monogamia cuando él le cuenta sobre su relación con las Hermanas Raras (un trío de brujas que incluye a Prudence). Incluso, también desafía las normas monógamas cuando enfrenta a Sabrina sobre sus lazos románticos con Harvey y él mismo. Ella tiene dos naturalezas, él dice, ¿entonces por qué no estar en dos relaciones? Esto podría llevarnos a una discusión sobre la comparación a la bisexualidad y la ficción de “elegir” a la hora de escoger una pareja, pero como es presentado en el show, solo se trata sobre una pareja heterosexual.
La calificación:
Sin duda, El mundo oculto de Sabrina es un show que captura la fluidez de la identidad y la sexualidad, y lo hace bien. La identidad y la sexualidad son presentadas como preguntas que requieren elegir entre uno y el otro, pero son respuestas con un “ambos” en vez. Vemos a personajes bi en partes de la vida cotidiana. Vemos la sexualidad como algo que forma una parte importante de la identidad de una persona – una parte que es celebrada y disfrutada (ve el Capitulo 14, “Lupercalia”). Sabrina captura bien como es ser bisexual en una sociedad heteronormativa, hasta cuando no usa la sexualidad explícitamente como una forma de abarcar sobre estos sentimientos.
Al final de la segunda parte, los televidentes son finalmente otorgados con un vistazo de lo qué o quién Sabrina está destinada a convertirse. En breve, aprendemos que ella es exactamente quien nació a ser en su vida descabellada, complicada y a menudo misteriosa. ¿Acaso eso no es verdad para todos nosotros; bisexuales o no? No necesitamos escoger entre un género o el otro. Simplemente escogemos a ser exactamente la persona que somos.

Por suerte, eso incluye el ser bisexual. Y esa es la magia.
