(Con la tonadita de Ilana) ¡Escri-i-i-ibo, escribo, escri-ibo!
¡Bienvenidos de nuevo, mis amores! ¿Qué tal va su verano? Yo ya saqué mi ropa de verano y mis lecturas de playa.
Con la llega del calor también llegó el final de grandes series de televisión, y este año marcó el final de muchas. Juego de Tronos (2011-2019) respondió por fin a la pregunta de quién reinaría Westeros. Veep (2012-2019) nos enseñó qué fue de Selina y sus empleados malhablados. Incluso Deadwood
(2004-2006) finalmente tuvo su conclusión fílmica (con su propia Escala del Unicornio).

Pero entre las hurras finales, acabó también una historia muy innovadora por su propio mérito: el homenaje a la amistad femenina que fue Broad City
(2014-2019). La quinta y última temporada siguió a las audaces veinteañeras Abbi
(Abbi Jacobson) e Ilana (Ilana Glazer) dándose una última vuelta por la Gran Manzana. Ahora, ya habíamos hablado de Broad City
por aquí anteriormente, así que ¿por qué regresar? ¿Apareció un nuevo personaje bi?
Antes de seguir adelante, tengo que dar las advertencias de cajón a todos pero todos los presentes, de ahora en adelante, este artículo tiene SPOILERS de la temporada final de Broad City. Así que, si tienes curiosidad por ver qué sucedió en último episodio de esta serie de Comedy Central, ahora es buen momento para ir a echártelo. (También está en Hulu.) Mas si eres tan necio como para seguir adelante y leer esta reseña, pero nunca habías leído La Escala del Unicornio, te hará falta un repaso. Por lo que te sugiero darle una ojeada al primer artículo sobre esta serie que les dejo por aquí. También encontrarás una entrada sobre este programa en nuestra nueva sección Bi Media.
La temporada final de Broad City alcanza a nuestras queridas BFFs Abbi e Ilana experimentando algunas molestias por ser “adultas en crecimiento”. Tras la gran desilusión política de la temporada pasada y ante el miedo de no estar logrando todo su potencial, Abbi e Ilana se plantean si no estarán dando vueltas en círculos, tanto por sus excentricidades como por sus trabajos. Esto no significa para nada que el dúo dinámico haya dejado de enredarse en infortunios descabellados. Pero ambas empiezan a sentir que están topando con pared por sus rutinas absurdas. Eso significa que se adentrarán en nuevas direcciones y para Abbi, eso implica salir con la doctora Leslie (interpretada por Clea DuVall).
Así es — el sueño húmedo de Ilana se hizo realidad — Abbi ha empezado a explorar las relaciones queer.

Lo que me gusto:
Me gustó la naturalidad con la que la nueva relación de Abbi se entrelazó a su vida. La actriz Abbi Jacobson es bi, y siempre me imaginé que eso ayudaría a escribir orgullosamente la sexualidad bi de Ilana. Así que, aunque me sorprendió que la serie quisiera mostrar una incursión de Abbi en las relaciones del mismo sexo, me encantó ver cómo se desarrollaba. La relación se da cuando Abbi está llegando a una encrucijada en su vida, preguntándose si puede convertir su arte en una carrera a tiempo completo.
Su adorable encuentro con Leslie pareciera no ser tan solo un tropiezo, aunque resulta natural dentro del mundo de Broad City pues sucede cuando Abbi se lesionó asistiendo a una gala de arte en la que también debía ser mesera. Su encuentro no se siente como algún experimento sino como la continuación natural de la búsqueda de Abbi por desarrollarse como persona. Aun así, su relación conlleva errores y se termina porque Leslie no ve que Abbi sea lo suficientemente madura, sin embargo, no parecería que Abbi se fuera a negar a explorar algo parecido en el futuro.

Aprecio el hecho de que ni siquiera tengo que preguntarme si Abbi es un personaje bien desarrollado, pues ha sido uno de los personajes principales durante las primeras cuatro temporadas de la serie. Está llena de esperanzas, ambiciones, miedos y debilidades. Tiene sentimientos y hobbies y se siente como un personaje totalmente natural. El descubrimiento de su bisexualidad latente se percibe como una parte importante de su identidad, pero no como algo que la caracterice. No existe simplemente para despertar el interés de otro personaje o para actuar en un papel de villano queer malvado — un motivo que se vuelve rápidamente algo del pasado respecto a la representación en cine y las series de televisión de lo bi. Abbi es desordenada y tiene sus fallas — hay hasta un momento en esta temporada cuando se queda atrapada entre dos edificios — pero nunca se vuelve un personaje unidimensional.
También, la reacción natural de Ilana ante su nueva relación con una mujer resulta ser compleja, pero de mucho apoyo. Ilana se ha sentido atraída por Abbi la mayor parte de la serie (en el primer episodio de la temporada, Ilana le regala a Abbi un montaje hecho con imágenes cándidas de su trasero). Abbi entiende esta atracción, la acepta, y ni siquiera puesto en peligro su amistad, más bien convirtiéndose en un componente de la misma. Por eso, la reacción es fácil de entenderse para cualquiera que haya vivido una situación parecida.

Afortunadamente, los celos de Ilana sólo duran un episodio más o menos — su amistad con Abbi significa más que eso, y sigue dispuesta a llamarle la atención a su amiga cuando piensa que Abbi no está siendo fiel a quien es. Incluso al tratarse de algo tan poco importante como querer convertirse en una “chica de sombreros” porque su nueva novia le regaló uno. Eso es ser amigas de verdad.
Lo que no me gustó:
Si la memoria no me falla, Abbi nunca usa la palabra “bi”. Esto parecería una tontería, pues Broad City no ha tenido problemas utilizando el término o mostrando el caótico lado bi — aunque con mucha seguridad en sí misma — de Ilana.
También, casi me ofende la forma de terminar la relación entre Abbi y Leslie — con el rechazo a Abbi por falta de madurez — pero es muy congruente con el tono de la serie y termina por encajar a la medida. Además, el progreso que Abbi logra en su relación queer la empuja a crecer, siendo parte de la evolución natural del personaje. Así que no debería quejarme demasiado, supongo.
La calificación:
Broad City fue una serie innovadora — nos presentó una mirada moderna y feminista de la amistad entre dos mujeres, siendo en sus inicios un hallazgo muy raro en el panorama televisivo de la época. No tuvo miedo de ser grotesca ni muy tierna siempre que correspondía. Recientemente leí una reseña que nombraba a la serie “nuestra versión del siglo XXI de Laverne & Shirley (1976–1983) con sexualidad positiva”, y no podría estar más de acuerdo. Aunque esta vez, tanto Laverne como Shirley disfrutan un poquito acostándose las dos con personas del mismo sexo. Y eso nada más, es una mejora grandiosa.

