¡Bienvenidos de vuelta, lectores! Esta reseña será intensa, ya que la película en cuestión es muy polarizante para la comunidad. Es una película memorable, indeleble y, dependiendo de tu perspectiva, la amarás o la odiarás. Así es, finalmente vamos a hablar de uno de los grandes villanos de la representación bisexual en el cine: Bajos instintos.
Esta elección surgió porque mi editor y yo estábamos hablando sobre todo el espectro (por así decirlo) de la representación queer a lo largo de los años en el cine, y sobre esta columna en particular. Sé que en los últimos meses he analizado principalmente retratos más positivos y multidimensionales de personajes queer en películas y series de los últimos cinco a diez años. Y eso es fantástico. Pero también creo que es importante mostrar algunas de las historias menos agradables que también dejaron una marca en nuestra idea colectiva de esa época. Al menos, puede demostrar cuánto hemos avanzado culturalmente desde entonces. Por eso, una de las primeras que vino a mi mente fue la infame película de Paul Verhoeven.

Bajos instintos se centra en un detective bastante sórdido de San Francisco de nombre Nick Curran (Michael Douglas), asignado al escabroso y brutal asesinato de una ex estrella de rock, apuñalado hasta la muerte con un picahielos mientras tenía relaciones sexuales. Las pistas apuntan a una de sus amantes, la escritora bi especializada en historias criminales, Catherine Tramell (Sharon Stone), quien casualmente escribió una novela donde un personaje muere de la misma manera que su examante.
Debo admitir que ha pasado al menos una década desde la primera vez que vi esta película. A lo largo de los años, he visto el infame clip del interrogatorio (y sus parodias) varias veces, pero solo recordaba fragmentos de la trama. Sin embargo, a medida que me sentía más cómoda siendo bi y mientras más me movía en círculos queer, noté que la película recibía muchas burlas por cómo retrataba a los personajes bi. ¿Sería tan mala como decían? ¿O hemos condenado al olvido a un thriller erótico neo-noir perfectamente aceptable? Decidí investigar para ver si los personajes podían redimirse… o si preferiría borrarme la memoria con un picahielos después de volverla a ver.
Antes de continuar, debo hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, esta reseña debería incluir una advertencia de contenidos: hay escenas de agresión sexual en esta película. Además, habrá SPOILERS por si algún lector no la ha visto antes. Finalmente, si no estás familiarizado con la métrica de la Escala del Unicornio, quizá quieras leer el artículo original. ¡También puedes revisar nuestra entrada sobre esta película en nuestra sección Bi Media!
Lo que me gustó:
Vaya, Bajos instintos fue mucho más difícil de ver de lo que recordaba. Y aún más difícil es encontrar algo que me gustara, especialmente en cuanto a su representación bisexual. Catherine parece ser bi pero homorromántica. Es agradable ver muestras físicas de afecto entre personas del mismo sexo en pantalla con confianza y sin vergüenza, algo raro incluso hoy y prácticamente inaudito en el cine en voga en el año de 1992. (Aunque debo aclarar que, si bien estos gestos parecen surgir de la pasión, ninguno transmite calidez). Aún así, es difícil tomarse en serio a esta película cuando esa atracción se nos presenta con Catherine agarrando los senos de Roxy frente a Nick en su primera escena juntas. Esta película no es una de arte.
Bueno, hay algo que admitiré a regañadientes: en una de sus escenas de sexo, vemos a Nick practicando sexo oral a Catherine. En algunos círculos se considera softcore, pero fue interesante ver ese acto en una película mainstream, al menos priorizando el placer femenino durante unos siete segundos.
Lo que no me gustó:
Por. Dónde. Empezar…
Quería disfrutar esta película. De verdad. Me encanta ver cine como quien puede apreciar lo “camp” (formas estéticas pasadas de moda), y dada la premisa, Bajos instintos parecía perfecta para eso. Pero había tanto que me resultó irritante o directamente repulsivo que fue difícil terminarla.
Todos los personajes bi, queer o remotamente no heterosexuales perpetúan el estereotipo en la ficción de que los bisexuales son malvados o manipuladores o infieles. Todas las escenas bisexuales de Catherine son filtradas por la mirada masculina de Nick o desde un ángulo donde se pueda explotar su “atractivo”. Y ni siquiera los personajes heterosexuales salen bien parados. Hay una escena repugnante donde (al menos en la versión que vi) Nick viola a otro personaje, ignorando sus súplicas (me sorprendió este giro y me hizo sentir malestar, físicamente).

Además, el sexo duro ocurre sin consentimiento o comunicación. Las tendencias BDSM tampoco se practican con seguridad o preocupación básica. Para variar, hay quizá un total de dos personas de color en toda la película, a quienes ignoran o les cierran puertas en la cara (San Francisco no era tan blanco en 1992, créanme). Y, honestamente, la trama es tan enredada, recargada y ridícula que es obvio que el guionista la escribió en 13 días.
Quizá lo más triste de todo esto es cuán indeleble fue la huella de Bajos instintos en la representación bi en la cultura. La película desató una ola de clichés sórdidos, y sus estereotipos siguen siendo referencia para los bifóbicos dentro y fuera de la comunidad queer. La fetichización de la sexualidad de Catherine (y la de otros personajes bi) no beneficia a nadie, y menos a la comunidad. Ahora que la he visto de nuevo, entiendo por qué hubo hasta protestas en su contra, incluso antes de su estreno.
La calificación:
A pesar de todas sus escenas sórdidas de sexualidad, nadie usa el término “bisexual” en la película. Solo vemos la explotación de esta orientación sexual — y de mala manera — para el beneficio de la trama. Y honestamente, ni siquiera es una película divertida, incluso cuando no la estaba analizando como activista queer. Bajos instintos sigue siendo una lástima respecto a la representación bi, y cuando terminó, solo quería ducharme. Lo único bueno que obtuve de esta revisión fue un renovado agradecimiento por la mejor representación bi disponible el día de hoy para el público contemporaneo. Ahora voy a ver GIFs de Rosa Díaz en Brooklyn Nine-Nine para quitarme el mal sabor de boca.
