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La escala del unicornio: The Last of Us (Temporada 2)

Imagen/HBO Max

junio 11, 2026 · por Luis Gallegos

Mientras que en la vida real solo tuvimos que esperar un par de años para el regreso de The Last of Us, la serie nos sorprendió con una elipsis temporal de cinco años desde la última vez que vimos a Joel (Pedro Pascal) y Ellie (Bella Ramsey). Y por supuesto que estábamos listos para una segunda temporada que nos trae la adaptación de HBO de uno de los juegos más comentados de años recientes: The Last of Us Parte II. Como jugador del videojuego original, mi curiosidad era inmensa respecto a saber cómo adaptarían esta segunda parte en tan solo siete capítulos.

¡Bienvenidos a la Escala del Unicornio donde esta vez analizaremos cómo la serie aborda la bisexualidad y sus relaciones más allá de la supervivencia!

Advertencia: si no has visto la temporada o jugado este título todavía, este artículo estará repleto de SPOILERS sobre la espiral de venganza y las complejidades morales de este mundo postapocalíptico. Si esta es tu primera vez leyendo La escala del unicornio, ojalá te guste, y considera consultar nuestra rúbrica de calificación aquí. También puedes echarle un ojo a nuestra entrada de Media Bi sobre esta serie, por acá.

¡Comencemos!

Imagen/HBO Max

Esta temporada nos reencuentra con Joel y Ellie quienes se asentaron en la aparente paz de una comunidad de sobrevivientes del condado de Jackson, pero debido a los secretos de Joel, los reencontramos distanciados emocionalmente. De forma paralela, en Salt Lake City, nos enteramos de que Abby Anderson, un nuevo personaje quien es hija de un médico que Joel asesinó, planea tomar venganza junto a su grupo de supervivientes. Durante una tormenta de nieve, Abby localiza la comunidad de Jackson y, tras forjar una alianza para combatir una horda de infectados, revela su identidad y ejecuta su brutal venganza: golpea hasta la muerte a Joel con un palo de golf enfrente de Ellie, causándole un profundo y devastador impacto, orillándola también a emprender un peligroso viaje lleno de violencia y en busca de su propia venganza.

Lo que me gustó:

Lo más impactante para mí fue cómo esta temporada logró elevar el protagonismo de Dina (Isabela Merced), quien es el personaje bi de esta franquicia. Incluso, hay momentos clave en los que, a comparación del juego, la serie le otorga un tipo de visibilidad más sólida, permitiendo que se de una conexión más profunda con la audiencia.

Desde su primer beso con Ellie en la fiesta de Jackson, la serie establece la bisexualidad de Dina con naturalidad. Los co-creadores Neil Druckmann y Craig Mazin tomaron decisiones audaces, como reemplazar al personaje de Tommy en el videojuego por Dina en la escena donde ocurre el trágico encuentro con Abby, un cambio que podría redefinir futuros arcos narrativos.

Además, su personaje está construido de forma compleja, y su historia personal se explora con mucho cuidado. Ella nos revela que desde niña sabía de su atracción por ambos sexos, pero la negativa impuesta por su madre (“No. A ti te gustan los chicos”) la dejó atorada por mucho tiempo, incluso después de que ella muriera. Su relación fallida con Jesse tampoco se toma a la ligera y no se minimiza como un error del pasado, pues Dina lo describe como “un chico realmente bueno pero no el indicado”, subrayando su lucha por romper patrones y vivir su vida de la mejor manera sin sacrificar su autenticidad.

También sobresale el cuarto episodio, “Día Uno”, que se centra en su relación Ellie. En este vemos su llegada a un barrio LGBT en Seattle, decorado con banderas del arcoíris, así como los momentos de tranquilidad que comparten en la tienda de música, los cuales contrastan de forma increíble con la crueldad del resto del mundo, y por un breve instante se nos recuerda que, a pesar de todo, ellas son solo dos jóvenes capaces de compartir una conexión humana como cualquiera otra persona.

Imagen/HBO Max

Lo que no me gustó:

Pese a sus aciertos, la relación de Ellie y Dina se limita a dos episodios, omitiendo escenas clave del juego que eran fundamentales para poder entender su relación y para verla como algo verosímil. Por ejemplo, el momento en la biblioteca — cuando comparten un cigarro, coquetean y se besan — fue reemplazado por una secuencia que se sintió muy apresurada. Definitivamente, desarrollar la química que hay entre ambas pudo ayudar mucho a la historia.

También resulta poco creíble que Ellie y Dina ignoren el significado de una bandera del Pride, pese a vivir en una comunidad diversa donde Joel tuvo amigos abiertamente gay (Bill y Frank) y a pesar de que Ellie tuvo una relación con Riley. ¿Nadie les habló de los símbolos de la lucha LGBT? Parecería ser nada más que un guiño forzado para enfatizar su “descubrimiento”, restándole autenticidad a la representación queer en general.

La calificación:

Le doy 3 unicornios y medio. La serie logró algo excepcional al presentarnos un personaje bi con bastante autenticidad y un pasado complejo, consiguiendo visibilizar la bisexualidad como raras veces está presente en producciones de esta escala. Sin embargo, la ausencia del término “bi” (incluso durante su confesión de Dina), y las escenas apuradas de su relación durante su tiempo en la biblioteca impide que tenga una calificación perfecta.

Como señaló Kate Herron, directora de “Día Uno”, en la serie se buscaba abordar su sexualidad “de manera natural” — y en realidad lo consiguieron. Pero aún queda mucho camino por recorrer. Esperemos la próxima temporada y, con suerte, veremos una mejora significativa en lo que respecta a la representación bi y el desarrollo futuro del personaje de Dina, quizás con un papel más central en la historia también. ¡Hasta entonces, unicornios, resistan y sobrevivan!