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Club de Lectura Bi: Some Girls Do

Image/Putnam

febrero 5, 2024 · por Natalie Schriefer

La novela romántica juvenil publicada en el 2021, Some Girls Do, de Jennifer Dugan, es un encuentro clásico: Morgan, una lesbiana declarada y orgullosa, persigue el coche de su hermano mayor por un estacionamiento lleno cuando Ruby, una reina de certámenes de belleza con la reputación de ser muy dura, casi la atropella. Tal vez no se trate de un encuentro clásico, pero sirve al mismo propósito narrativo: dos personajes, cuyas vidas nunca se habrían cruzado de otro modo, se encuentran. Después de eso, nada vuelve a ser igual para ninguna de las dos.

Some Girls Do alterna entre los puntos de vista de Morgan y Ruby. Ambas son dos mujeres en el último año de la preparatoria, la primera es una corredora élite que se vio obligada a cambiar de escuela a causa de su sexualidad. Mientras sus padres hacen una demanda por discriminación, Morgan se muda a la casa de su hermano mayor para empezar desde cero. Ella se viste con arcoíris y frases sáficas en sus playeras, es voluntaria en el centro local del Pride y su nombre está por todo el Internet debido a la demanda de sus padres. Morgan no podría ocultar su sexualidad aunque quisiera.

Imagen/Putnam

Ruby, por su parte, vive una doble vida: una para su madre, obsesionada con los certámenes de belleza, y otra para sí misma, una chica a la que le encanta trabajar en su coche. Es el complemento perfecto para Morgan, ya que está tan metida en el clóset que al principio ni siquiera sabía que lo estaba. A primera vista, Ruby parece ser heterosexual: es amiga con derechos con el capitán de lacrosse, Tyler, y no parece interesada en nada (ni en nadie) más. Pero Ruby, como poco a poco irán descubriendo los lectores, está tomando ventaja de la invisibilidad bi. Ella deja que circulen rumores sobre ella y Tyler porque ha aprendido, en casa, que la heterosexualidad es algo seguro.

Es hasta la primera cuarta parte del libro que Ruby reconoce una intensa amistad en su infancia con una chica llamada Katie; y es hasta la mitad del libro cuando Ruby muestra su estación de trabajo en el garaje, donde tiene pósters de modelos posando con coches — todas mujeres. Y con los rumores que circulan sobre ella y Tyler, es fácil convencer a los demás de que a ella le gustan esas fotos sólo por los carros en ellas.

Esta dicotomía entre Ruby y Morgan — quienes tienen hobbies, orígenes y entendimientos diferentes de su propia identidad queer — da lugar a una tumultuosa historia de atracción opuesta. Estos dos personajes no podrían ser más diferentes aún si lo intentan y sus intentos de relacionarse entre sí a veces se vuelven difíciles, llenos de pasos en falso. Morgan y Ruby luchan consigo mismas. Luchan entre sí. Luchan con el modo en que el mundo les afecta, Ruby con la homofobia de su madre y Morgan con la política de los derechos de los queers, y todas estas son las cosas que le dan realismo a su narrativa. No parecen personajes unidimensionales. Se sienten como personajes completos y complejos, nunca monótonos.

Esto es cierto incluso cuando Ruby, quien está explorando su sexualidad, se inclina a encarnar el estereotipo del bisexual desastroso, el tropo de la bi confundida e incluso el estereotipo de la bi en la que no se puede confiar — aunque Dugan incluye cada uno de estos estereotipos en la novela, también los refuta mostrando la plenitud del personaje de Ruby. Por ejemplo, varios personajes tachan a Ruby de ser un desastre y en muchos aspectos de su vida ella es un desastre al principio de la novela, pero a medida que avanza la historia, la vemos formular, por primera vez, un plan propio; en lugar de seguir con la gira de certámenes después de su graduación, como desea su madre, Ruby se da cuenta de que quiere ahora asistir a un curso automotriz. Es así como empieza a trabajar en un plan para conseguirlo y de paso toma las riendas de su propia vida. ¡Adiós, bi desastrosa!

La única queja que tengo sobre Some Girls Do no es la novela en sí, sino la solapa del libro. Simplifica a Morgan y Ruby a ser la “estrella del atletismo abiertamente gay” y la “reina de belleza adolescente bisexual en el clóset” respectivamente, y estaría bien si estas descripciones fueran ciertas. El uso casual de la palabra “bisexual” en la cubierta del libro nos hace pensar que Ruby está segura de su sexualidad desde el principio — de que está segura pero la oculta.

Pero eso no es del todo exacto: Ruby tiene bastantes dudas sobre las etiquetas. Esta incertidumbre es, por supuesto, válida, pero la cubierta del libro parece engañosa. Anuncia una experiencia queer (estar en el clóset y ser bi desde el principio) mientras que ofrece otra (durante el transcurso de la novela se da cuenta de que podría ser bi y que está en el clóset). De hecho, la bisexualidad sólo aparece dos veces en la novela, ambas en la segunda mitad de la novela, y las dos veces sólo como una posibilidad: una vez cuando Ruby sale del clóset con su ex padrastro “Puede que sea bisexual o algo así”, y otra vez cuando Ruby le dice a Morgan que no está segura de cómo llamarse a sí misma “¿Bi? ¿Pan? Las etiquetas todavía me asustan”. Esta incertidumbre parece más la de una reina de la belleza adolescente que explora la bisexualidad que la de una reina de la belleza adolescente que es bi.

De nuevo, no hay nada malo en tener esa exploración, pero me da la sensación de que la cubierta del libro habla por Ruby de una forma que no encaja con su personaje. Es importante que ella elija una etiqueta para sí misma — una declaración que es menos importante para Ruby, quien es un personaje ficticio, pero muy importante para las personas reales que necesitan tiempo y espacio para explorar y comprender su identidad queer.

Que quede claro: mi queja se refiere a la cubierta del libro, no a la novela de Dugan. El despertar bi de Ruby, a pesar de los obstáculos con los que se tropieza, está ilustrado con ternura, matices y emoción. Muchas de mis lecturas recientes — incluyendo Time to Shine, de Rachel Reid, Old Enough, de Hayley Jakobson, y Perfect on Paper, de Sophie Gonzales — presentan personajes que se sienten cómodos con su bisexualidad desde la primera página. Me encantan muchas cosas de este tipo de libros; como alguien que salió del clóset a los veintitantos, me pasé años buscando personas bi seguras de sí mismas que me ayudaran a construir mi propia confianza. Pero no hay una única forma de salir del clóset, ni una única forma de ser bi y Ruby nos recuerda que no pasa nada si una etiqueta no te parece perfecta de inmediato — o si nunca lo hace. No pasa nada si no te gustan las etiquetas. No pasa nada si no estás seguro de dónde encajas. Ojalá la cubierta del libro reflejara este matiz con más precisión.