La reinterpretación de un clásico siempre es una aventura interesante. Algunos autores modifican la historia original, convirtiendo al héroe en villano. Otros optan por transportar a los personajes a través del tiempo y el espacio. A veces, los escritores deciden dar protagonismo a personajes que apenas tuvieron voz en la obra original. Reader, I Murdered Him (2022), de Betsy Cornwell, pertenece a esta última categoría, al dar vida y un pasado a Adèle Varens, personaje secundario en el clásico Jane Eyre (1847) de Charlotte Brontë. Cornwell desarrolla a figuras que antes servían sólo como herramientas narrativas, otorgándoles voces e historias antes inexploradas. Advertencia: este texto contiene algunos spoilers de ambos libros, así como menciones de agresión sexual, autolesión y, como sugiere el título, asesinato.
Antes de adentrarnos en Reader, I Murdered Him, vale la pena repasar brevemente Jane Eyre. Este clásico atemporal y muy querido narra la historia de Jane Eyre, una institutriz que llega a Thornfield Hall para cuidar a la joven Adèle, pupila de Edward Rochester, un hombre oscuro y melancólico con un pasado complicado. Jane y Rochester se enamoran, pero su romance se ve ensombrecido por un secreto: la existencia de Bertha Mason, la esposa de Rochester, quien sufre de enfermedad mental y está encerrada en el ático. La historia es un intenso relato sobre el amor, la moral y los obstáculos que separan a dos personas destinadas a encontrarse.
En la versión de Cornwell, Adèle es la protagonista. El libro es casi como un diario, con algunos momentos en que la cuarta pared se rompe. Comienza con los recuerdos de infancia de Adèle y de sus primeros años en Thornfield Hall. Cuando llega el momento de que inicie su educación formal, entra en la historia la institutriz Jane.
Jane es una figura en general benévola: firme pero cariñosa con Adèle. La joven destaca en sus estudios, aunque necesita mejorar su inglés. Para ayudarle, Jane y Rochester le sugieren escribirle a su primo Eric Fairfax. Ambos desarrollan una amistad profunda y, con el tiempo, inventan una historia juntos, alternándose para narrarla. Adèle suele fantasear con la idea de una vida al lado de Eric.
Al concluir sus lecciones con Jane, Adèle es enviada a un internado, donde conoce a Hannah, una chica de la que pronto se enamora. Adèle se siente dividida: tiene afecto por Eric, pero no sabe cómo interpretar esos sentimientos mientras Hannah está ahí, presente, y Eric está lejos.
En un baile escolar destinado a presentar a las alumnas con posibles pretendientes, Adèle participa a regañadientes y termina disfrutando de un inesperado baile con un misterioso desconocido. Cuando su amiga Hannah desaparece, Adèle la encuentra siendo agredida y, al defenderla, empuja accidentalmente al atacante desde un balcón. Aterrada pero fortalecida, jura proteger a sus compañeras.
Poco después, Adèle descubre que la persona con la que bailó es en realidad una mujer llamada Nan, integrante de una banda criminal compuesta principalmente por personas marginadas LGBT. Nan recluta a Adèle para que actúe como su conexión dentro de la alta sociedad, y ambas se enamoran. Su felicidad se ve interrumpida cuando Adèle es llamada de vuelta a la propiedad de Rochester, donde se entera de que su verdadero padre, moribundo, es Eric — el propio Rochester —, quien le declara su amor y le pide matrimonio. Cuando Adèle se niega, él la ataca, y ella lo empuja por la ventana en defensa propia. Finalmente, Adèle y Nan se reencuentran y permanecen juntas.
Puede ser fácil perderse entre los giros de esta historia al tratarse de una reimaginación, pero conviene aclararlo: Adèle es el personaje bisexual. El ejemplo más claro aparece justo antes del baile, cuando le regala un vestido a Hannah y se siente aún más atraída por ella. Ese mismo día recibe una emotiva carta de Eric. Adèle reflexiona sobre sus sentimientos y reconoce: “Fue en ese momento que supe que los amaba a ambos”. También queda implícito en que se sintió atraída por Nan incluso cuando se presentaba como hombre, pero la amó igualmente al conocer su verdadera identidad.
La representación bisexual en este libro es excelente. Los lectores jóvenes que están descubriendo su bisexualidad podrán identificarse con la historia y con la aceptación que Adèle muestra hacia su orientación sexual. Es un tipo de “salida del clóset” reconfortante, que puede ayudar a las personas a sentirse en paz con sus propias vivencias. En el siglo XIX, nadie se declaraba abiertamente; la heterosexualidad era la norma, y cualquier otra identidad se castigaba, incluso con la muerte. Sin embargo, el pequeño club al que Nan invita a Adèle es un espacio donde todas las orientaciones son bienvenidas y celebradas. Aunque hoy vivimos en un mundo más abierto, la idea de estos lugares privados y seguros sigue siendo profundamente significativa. Además, La historia bisexual está tratada con gran cuidado.
En cuanto a la trama, Reader, I Murdered Him ofrece un inicio cautivador, lleno de intriga y energía. La primera mitad atrapa al lector con el misterio que rodea la relación entre Eric y Adèle. A medida que avanza, el tono se inclina hacia la acción y el empoderamiento, destacando la creciente fortaleza e independencia de Adèle. Aunque el ritmo se acelera y algunas transiciones resultan abruptas, esa velocidad puede atraer a lectores jóvenes que disfrutan de historias dinámicas y con giros dramáticos.
En última instancia, Reader, I Murdered Him logra darle a Adèle una voz propia y representa con sensibilidad la bisexualidad en una reimaginación histórica. Su ritmo aventurero y su tono emocional encajan bien con un público juvenil, aunque los lectores más experimentados tal vez deseen una progresión más pausada.