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Club de Lectura Bi: Obviamente, Imogen

Image/HarperCollins

mayo 29, 2025 · por Natalie Schriefer

Quizás hayas oído hablar de citas falsas, pero ¿qué hay de un ex falso? Esa es la situación de Imogen Scott, estudiante de último año de preparatoria quien visita a su mejor amiga, Lili, en la novela de Becky Albertalli, Obviamente, Imogen (2023). Lili, quien recientemente salió del clóset como pansexual y se siente avergonzada por su falta de historias románticas y les dijo a sus amigos de la universidad que Imogen es su ex (con quien está en buenos términos). Imogen podría haber logrado mantener el engaño, excepto que Lili también afirmó que Imogen es bi, mientras que Imogen, según la contraportada del libro, es “desesperadamente heterosexual”.

O al menos eso siempre había asumido. Mientras Imogen pasa tiempo con los amigos queer de Lili en la universidad, especialmente con Tessa, una lesbiana carismática, comienza a cuestionarse si es tan heterosexual como creía. Lo que se desarrolla es una historia compleja sobre amistad, madurez y salir del clóset, ambientada en un fin de semana universitario lleno de noches de trivia, chats grupales y conversaciones reveladoras.

¡ALERTA DE SPOILERS! Es imposible analizar Obviamente, Imogen de manera significativa sin revelar detalles importantes, así que regresa ahora si prefieres evitar spoilers. También puedes darle un vistazo nuestra entrada de Bi Media sobre la serie en caso de que busques una sinopsis concisa.

Image/HarperCollins

Gran parte de la novela transcurre dentro de la cabeza de Imogen, explorando la bifobia, lo que significa ser una aliada, la presión social y el espectro de la identidad queer a través de su narración introspectiva. Esto crea un sentido conmovedor de aislamiento, incluso en medio de escenas sociales bulliciosas, mientras Imogen lidia con el abismo entre quién siempre pensó que era y quién podría ser realmente. Su monólogo interno es desgarradoramente sincero, lleno de sobre análisis que da compasión aunque resulte ser desgarrador. Como era de esperar, gran parte de esta crisis se centra en la sexualidad, la identidad y el complacer a los demás, culminando con el cada vez más innegable entendimiento de que Imogen es bisexual.

Aunque las ansiedades de Imogen están elaboradas con fineza, lo que más resonó para mí fue cómo su confianza en sí misma se desmoronaba mientras su identidad queer se iba volviendo más clara. Ella misma se hace las mismas preguntas una y otra vez: ¿Cómo no lo supe antes? ¿Cómo no me di cuenta? Las cuales también fueron preguntas que me hice a mediados de mis 20 años, aturdida por décadas de señales pasadas por alto. Gracias a presiones sociales más amplias como la heterosexualidad obligatoria y el borrado bi, asumí que todo el mundo era un poco gay; no podía ser que yo, específicamente, fuera bi. Descarté amistades femeninas confusas e intensas como platónicas. Asistí a eventos queer, leí libros queer y me sentí atraída por personas queer porque, como Imogen, me consideraba una aliada. Y luego, como Imogen, tuve lo que innegablemente era un enamoramiento queer.

Aquí es donde nuestros caminos divergen: yo nunca dudé del enamoramiento en sí. Cuando lo supe, lo supe. Lo que me aterrorizaba eran las reacciones de los demás. Mi diálogo interno cambió de ¿Cómo no vi esto? a ¿Y si también estoy equivocada sobre otras cosas? ¿Y si esto trastoca toda mi vida?
Había tenido tan pocos enamoramientos al crecer que cuando finalmente me gustó un chico, me aferré al alivio de encajar en la heterosexualidad, prueba de que no estaba “mal” ni me estaba quedando atrás. De adulta, admitir una atracción queer se sintió como salir de una caja fuerte, de un lugar sofocante, incluso después de empezar a reconocer lo mal que siempre me había sentido.

Albertalli maneja la autoexploración de Imogen con muchos matices y bondad. Aunque la novela educa a través de diálogos entre personajes, nunca se sienten como sermones. Ojalá hubiera tenido este libro antes de salir del clóset, aunque solo fuera por su exploración franca de la heterosexualidad obligatoria y la bifobia. ¿Habría eso acelerado mi propia epifanía? Quizá no, pero me habría ofrecido un mapa para la pregunta caótica pero también honesta: ¿Cómo se empieza siquiera a examinar la propia sexualidad? Aunque Imogen es ficticia, su historia hace eco de la propia experiencia de Albertalli al salir del clóset, como revela la nota “Querido lector” en el blog de la editorial. Saber estos paralelismos de la vida real quizá me habría impulsado a examinar mi historia un poco antes.

Más allá de los conflictos internos de Imogen, la novela aborda cómo se vive lidiar con presión externa y amistades en cambio, principalmente a través de Gretchen, la otra mejor amiga de Imogen, una adolescente orgullosamente bi que desde siempre pareciera entenderse a sí misma a la perfección. En momentos donde Lili es cálida y flexible, Gretchen es rígida y crítica, a veces rozando la toxicidad (un defecto que otros personajes confrontan en la historia también). Su dinámica es crucial, dándole a Imogen, y a los lectores, espacio para explorar discursos queer conflictivos y las formas en que las amistades cambian mientras vamos creciendo.

En muchos sentidos, Obviamente, Imogen se siente como la contraparte juvenil de la novela para adultos Old Enough de Haley Jakobson. Aunque sus temas difieren, ambos libros examinan cómo las amistades revelan nuestros yos cambiantes, a veces dolorosamente. Es difícil percibir el crecimiento en tiempo real, pero las amistades actúan como espejos, destacando las brechas entre quiénes éramos y en quiénes nos estamos convirtiendo, una verdad que resuena para Imogen, Sav (la protagonista de Jakobson) y, sin duda, también para los lectores.

Obviamente, Imogen es una historia sobre salir del clóset que celebra a las personas queer en toda su complejidad, con especial ternura para quienes cuestionan su sexualidad más tarde de lo “esperado” en su propia línea del tiempo. Imogen y sus amigos nos recuerdan que la identidad es un espectro, y que no hay fecha de caducidad para el autodescubrimiento.