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Club de Lectura Bi: Hunger

istock/Andyborodaty

marzo 11, 2018 · por Talia Squires

Bienvenido al Club de Lectura Bi. A veces estoy leyendo un libro y de repente me doy cuenta: “Wow. Esto es tan bi.” Entonces me pregunto: “¿Con quién puedo compartir esto y cómo?” El Club de Lectura Bi es la respuesta. Hablaremos de libros que ofrecen personajes bi matizados, conversaciones sobre la bisexualidad y modelos a seguir bi impresionantes. Primero, habrá una descripción breve, en gran parte libre de spoilers, del trabajo del libro y por qué deberías leerlo. Luego, habrá una GIGANTE ALERTA DE SPOILERS seguida de una descripción más detallada del libro.

Las memorias de Roxane Gay (#Bi2) de 2017, Hunger: A Memoir of (My) Body, es lo que me inspiró a comenzar esta columna. Empecé a leerlo ayer porque me lo encontré en la biblioteca y me parecía un libro que debería leer. Me gusta la escritura de Roxane Gay, sé que es bi, vagamente recuerdo haber leído reseñas del libro cuando salió, así que, ¿por qué no leerlo? Cuando lo terminé esta mañana, quedé impresionada. Creo firmemente que esto debería ser una lectura obligatoria para todas las mujeres y cualquiera que interactúe con mujeres.

Roxane apoyada en una columna sonriendo.
Roxane Gay

En el libro, Roxane Gay rastrea su relación con su cuerpo a través de su infancia, y hasta la edad adulta. Describe la experiencia traumática de ser violada cuando solo tenía 12 años. Explora lo que significa ser gordo, ser mujer, ser negro, ser kinky y ser bi en los EE. UU. hoy en día. Es dolorosamente honesta acerca de sus propias dudas e inseguridades pero, al final de cuentas, esa honestidad es liberadora para ella y para el lector. Escuchar a una mujer exitosa e inteligente hacer eco en tantas cosas que he pensado, pero que nunca me atreví a decir en voz alta, me obligó a contextualizar y reconsiderar mis propias inseguridades. Básicamente, deberías leerlo; es muy bueno.

ALERTA GIGANTE DE SPOILERS:

Hablaré sobre el contenido del libro. Creo que el libro seguirá siendo muy agradable incluso si lees esto antes de leer Hunger.

Roxane Gay es gorda y yo también. No soy tan gorda como ella ni siquiera soy lo que ella llama “gorda como Lane Bryant”, pero cada vez que voy al médico me dan un folleto explicando que debería hacer más ejercicio, comer más alimentos integrales y tratar de bajar de peso.

Uno pensaría que las diferencias en nuestra gordura cambiarían nuestros monólogos internos, que nuestras dudas serían diferentes, pero no lo son. Hay cosas de las que no tengo que preocuparme porque soy más pequeña que ella: puedo subir escaleras, caber en sillas, caminar rápido. Pero el deseo más profundo de hacerme pequeña, de no invadir el espacio de los demás, de ser invisible, de ser aceptable, era dolorosamente familiar.

Aparte de ser gorda, estoy saludable. Soy activa. Como muchas verduras y pocos dulces. En el pasado he perdido peso, solo para descubrir que no me hace más feliz. Uno de mis recuerdos más vívidos de lo que considero los malos tiempos consiste en ir al gimnasio por la noche para correr (ya había hecho mi entrenamiento de resistencia matutino) solo para descubrir que había olvidado meter mi sostén deportivo en la bolsa del gimnasio. Tenía 20 o 21 años, estaba sentada en mi automóvil en un estacionamiento en Pensilvania, hablando por teléfono con mi madre en Oregón, llorando histéricamente porque me iba a perder un entrenamiento. En ese momento, estaba haciendo entrenamiento de resistencia cinco mañanas a la semana y carreras largas por la noche tres días a la semana. Estaba comiendo 800 calorías al día. Evitaba las situaciones sociales porque no podría medir y registrar con cuidado todo lo que comía. No era flaca pero estaba más delgada. Bajé a un “peso saludable” haciendo esto. El médico me felicitó, mi familia y amigos me felicitaron, la gente fue más amable conmigo. Seguía siendo talla ocho, una talla saludable, pero no era una talla en la que la gente empieza a preocuparse por los trastornos alimentarios.

En este momento, mientras estoy aquí sentada, tengo sobrepeso, una talla 12/14, pero nunca querría volver a tener una talla 8 o tener un “peso saludable”, especialmente si eso significa que tengo que ser esa mujer de 21 años, llorando de nuevo en el coche.

Mi historia es completamente diferente y, sin embargo, exactamente igual a la de Roxane Gay. Trabajé tan duro para disciplinar mi cuerpo rebelde. Lo hice de la manera más insalubre e improductiva, pero eso no importó, igual me felicitaron por disciplinar mi cuerpo.

Eso fue lo que aprendí de Hunger. La sociedad nos dice que disciplinemos nuestros cuerpos rebeldes. Las personas “body positive”, las feministas y los espectadores bien intencionados nos dicen que celebremos nuestros cuerpos rebeldes, pero muy pocas personas nos dicen cómo vivir con nuestros cuerpos rebeldes. Amarte a ti mismo es maravilloso, pero ¿cómo te ayuda eso cuando literalmente no cabes en una silla, cuando la gente asume que eres menos debido a tu color, tu forma o tu género? ¿Cómo se supone que debemos navegar en un mundo que es tan intrínsecamente inhóspito para nosotros?

Imagen en blanco y negro de Roxane parada con confianza con los brazos cruzados y vistiendo una chaqueta de cuero. Su tatuaje en su brazo está expuesto.
Instagram/Roxanegay74

Aunque Hunger continuamente vuelve a los temas de la gordura y el trauma, en realidad no se trata de ninguna de esas cosas. Se trata de crear una vida: relaciones, romance y felicidad. Cuando Roxane habló de su bisexualidad, me emocioné. Primero se declaró gay ante su familia — por una multitud de razones. Ella creía que era gay. Sabía que le atraían las mujeres, por lo que debía ser gay. Sus sentimientos se complicaron por el hecho de que todavía tenía miedo de tener relaciones con hombres, pero fundamentalmente había interiorizado el mensaje que muchos de nosotros hemos recibido: si te atrae el sexo opuesto, eres heterosexual; si te atrae el mismo sexo, eres gay. Como muchos antes que ella, creía que era una lesbiana “mala” porque todavía se sentía atraída por los hombres y fantaseaba con ellos. Al igual que su cuerpo, su sexualidad es rebelde. Como es la mia.

En el libro, Roxane Gay explora todas las formas en que su cuerpo es rebelde — sus tatuajes, su altura, su sexualidad, su tamaño, su raza, su género — y los obstáculos que estos crean. Ella no pide nuestra simpatía: de hecho, usa estas experiencias para empatizar con los dueños de otros cuerpos rebeldes y para obtener una apreciación más profunda de los obstáculos que enfrentan. El libro no ofrece soluciones simples; no hay una manera fácil de navegar en una sociedad que es hostil a tu cuerpo, que quiere que tu cuerpo sea disciplinado, que desaparezca, que sea algo más de lo que es. Pero las palabras de Gay me aseguraron que no estoy sola; que mi propia relación conflictiva con mi cuerpo está lejos de ser única, y que me permite reconocer y explorar las ventajas y desventajas de mi cuerpo rebelde sin vergüenza ni culpa.