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Club de Lectura Bi: Dead Witch Walking

Unsplash/Mark Tegethoff

octubre 27, 2020 · por Siobhan Ball

Esta revisión contiene algunos spoilers.

En el mundo de The Hollows, la autora Kim Harrison construye un entorno de fantasía urbana ricamente detallado en el que demonios de líneas ley, elfos corporativos y vampiros bisexuales se cruzan entre sí para resolver disputas milenarias y crímenes contemporáneos.

La serie comienza con Dead Witch Walking (2004), donde después de que un virus mutante diezmara la población humana, brujas, vampiros, entre otras criaturas míticas salieron de las sombras y se integraron a la sociedad humana. Ahora que constituyen una cuarta parte de la población, ellos tienen que enfrentarse, al igual que los demás, a los mismos policías corruptos, políticos codiciosos y magnates desalmados (probablemente de forma literal). Es un entorno sorprendentemente profético de nuestra realidad actual, pero no te preocupes, no es tan deprimente como la nuestra.

Rachel, bruja de la tierra e hija de un policía, descubre que en realidad odia trabajar para la policía mágica. La cosa es que una vez que formas parte de la policía no puedes abandonarla — a menos que puedas pagarle a los asesinos que son contratados para matar a los miembros que se van — y Rachel no tiene el dinero para hacer eso. Encuentros fortuitos llevan a Rachel, junto con su compañera vampira bisexual Ivy y su pequeña hada Jax, a arriesgarse a renunciar a su trabajo de todos modos y montar su propio servicio de investigación privada en una iglesia abandonada. Aunque Ivy podría llegar a comprar la seguridad de Rachel así como su libertad, no lo hace, obligándola a esquivar a los asesinos del gobierno además de sus otros problemas.

Portada del libro con una mansión oscura y misteriosa en primer plano y una mujer posando con las manos en la cintura.

Y Rachael tiene muchos problemas, desde ser convertida en un visón y entrar en un círculo subterráneo de lucha contra roedores hasta invocar sin darse a un demonio y liberar a una princesa elfa que lleva cientos de años atrapada. Igual de problemática es su relación con Ivy, a quien, a pesar de ser compañeras, Rachel no le cae del todo bien y además le tiene un miedo enorme. A medida que la historia avanza, las dos arreglan sus diferencias, se enfrentan a un multimillonario traficante de drogas y consiguen tener suficiente influencia para escapar definitivamente del largo alcance de la policía mágica para siempre.

En una refrescante forma de alejarse del cliché de fantasía urbana de vampiros emocionalmente distantes y hombres lobo rudos, la trama principal romántica de Rachel es divertida y cálida. Harrison le escribe a ella un hombre inteligente y competente que también es completamente consciente y al que no le importa el hecho de que ella pueda superarlo en poder.

Aunque el libro, como el resto de la serie, es muy divertido, no todo fue arcoíris y unicornios. Aunque Ivy es un personaje interesante, complejo y, en ocasiones, relacionable, también es un horror en lo que respecta a la representación de la bisexualidad. Gracias a una infancia y adolescencia problemáticas, Ivy es incapaz de separar su impulso sexual de su impulso por consumir víctimas, y la única forma de interrumpir sus fatales frenesíes alimenticios es que la situación se convierta en sexual.

Harrison le quita toda la diversión a “todos los vampiros son bisexuales” y lo lleva a sus bifóbicos orígenes con la desafortunada inclusión del abuso infantil como factor instigador — un factor que las personas poco tolerantes llevan señalando como causa de la homosexualidad y la bisexualidad desde hace más de un siglo. Si a eso le añadimos que Ivy suele ser insistente con Rachel sobre sus sentimientos hacia ella en libros posteriores, el efecto general se acerca mucho al clásico ejemplo del “bisexual malvado”. Hay que decir que nada de esto es deliberado por parte de Harrison, más bien parece ser el resultado de vivir en una cultura que todavía está saturada de tropos bifóbicos y sus opacos fundamentos. También hay un poco de putofobia en el monólogo interior de Rachel al principio del libro, y si bien se siente auténtico en contexto, sigue siendo incómodo de leer.

A pesar de los problemas que tiene en cuanto a la representación de la bisexualidad, la serie The Hollows en general y Dead Witch Walking en particular nos dan una lectura divertida y rápida que incluye bisexualidad y romances bi. Puede que Dead Witch Walking no termine con un despertar bisexual de Rachel terminado en un romance con Ivy, pero su relación es gratificante a su manera. Después de todo, para muchos de nosotros, la idea de que un amigo heterosexual no huya tras descubrir que su amigo bi está interesado en él es incluso más fantástico que cualquier cosa que implique brujas y elfos.