Cuando BioWare anunció Mass Effect 5, me di cuenta de que, de alguna manera, me había perdido por completo la serie original. Como fan desde hace mucho tiempo de los juegos Dragon Age de BioWare (que también he calificado aquí en Bi.org), sabía que tenía que investigar por fin su otra franquicia insignia de videojuegos RPG. Durante los últimos meses, jugué las cuatro primeras entregas: la trilogía original Mass Effect (2007-2012, remasterizada en la Edición legendaria en 2021) y Mass Effect: Andromeda (2017).
Llegué a la serie con grandes expectativas. Me encantan los RPGs, pero normalmente me atraen menos los shooters, y los juegos de Mass Effect son famosos por combinar ambos géneros. Para mi sorpresa, rápidamente me encontré disfrutando no solo de los elementos tradicionales de los RPG que esperaba de BioWare, sino también de la mecánica de disparos en tercera persona, que me pareció emocionante, estratégica y gratificante una vez que averigue como jugarlo.
Al empezar, también sabía que Mass Effect tenía fama de incluir a la comunidad LGBT, especialmente la representación bisexual. A menudo se le hace referencia como una de las franquicias de videojuegos más favorables a la bisexualidad enla industria, ya que tanto el personaje del jugador como varios de los compañeros principales están escritos como bisexuales. Pero jugar por primera vez me hizo apreciar de nuevo lo profundamente que esta representación está entretejida en la construcción del mundo y la narración de la serie.
Lo que me gustó
Jugar Mass Effect hoy en día es un poco como leer una novela clásica por primera vez, algo cuya influencia has sentido en todas partes, pero que solo ahora puedes tener como experiencia de primera mano. Aunque no había jugado la serie cuando salió por primera vez, en cuanto empecé, comprendí por qué se había convertido en una de las franquicias más importantes de los videojuegos. Después de Dragon Age: The Veilguard, que acababa de terminar y me había gustado mucho, Mass Effect me pareció como volver a visitar la edad de oro de la narrativa de BioWare.
En el contexto de la industria moderna de los videojuegos, el enfoque de Mass Effect hacia la inclusión LGBT resulta refrescantemente natural. Los personajes tienen personalidades completas, historias y complejidades morales, y su sexualidad es un rasgo más sin que los defina. Las conversaciones sobre la sexualidad nunca se asimilan a un sermón ni son artificiales; simplemente fluyen de la esencia de los personajes. Esa sutileza hace que la representación sea más fuerte, y no una más débil, ya que se siente honesta.
Los personajes bisexuales, en particular, están muy bien desarrollados. El comandante Shepard, el personaje del jugador, puede entablar relaciones con hombres o mujeres, lo que refleja el respeto de la serie por la identidad y la elección del jugador. Liara T’Soni, la científica asari y experta en los Prothean, aporta un equilibrio entre su intelecto, inocencia y profundidad emocional. Kaidan Alenko, un disciplinado oficial de la Alianza con habilidades bióticas, basa su fuerza en la compasión y la integridad. Kelly Chambers, la ayudante de Normandy, aporta calidez y alegría en medio del peligro constante. Diana Allers, corresponsal de guerra, añade una perspectiva desde fuera de la cadena de mando. Morinth, la seductora y letal asari marginada, subvierte por completo el tropo del romance, ofreciendo un destello de peligro en lugar de amor.
En Andromeda, la lista de personajes bisexuales se amplía aún más. Scott y Sara Ryder, los protagonistas gemelos, tienen diversas opciones de relaciones con otros personajes que parecen orgánicas en este mundo. Peebee, una exploradora asari impulsiva y curiosa, se roba casi todas las escenas en las que aparece. Jaal Ama Darav, un angaran sensible y filosófico, desafía los estereotipos sobre la masculinidad alienígena. Vetra Nyx, una contrabandista turian pragmática, combina la dureza con la lealtad. Reyes Vidal, un oportunista pícaro, complica la línea entre aliado y adversario y, en mi opinión, se roba el show entero como uno de los romances mejor escritos y más divertidos de la serie. Keri T’Vessa, una periodista turian, demuestra que la atracción puede coexistir con la tensión moral y profesional.
Lo que más me gustó fue que no todos los personajes de Mass Effect son bisexuales. Algunos son heterosexuales, otros son homosexuales, y esa variedad hace que el mundo resulte más creíble. En algunos juegos, los desarrolladores llevan la “elección del jugador” tan lejos que socavan el realismo al hacer que casi todos los personajes sean románticos. Pero Mass Effect respeta los límites. Los personajes bisexuales destacan porque su sexualidad encaja de forma natural en sus historias, en lugar de servir como algo para complacer a los fans.
Por supuesto, la representación por sí sola no basta para que una serie sea excelente; solo importa si los juegos en sí valen la pena jugar. Afortunadamente, la trilogía Mass Effect y Andromeda lo hacen sin duda alguna. Jugar con el mismo protagonista a lo largo de tres historias interconectadas, en las que las decisiones se traducen y determinan los resultados futuros, crea una sensación de continuidad que pocos juegos pueden igualar. La escritura es ingeniosa, la construcción del mundo es vasta y compleja, y las relaciones parecen reales. Incluso ahora, Mass Effect 3 destaca como una de las experiencias más intensas y emocionalmente gratificantes que he tenido en los videojuegos. Su historia de una galaxia en guerra, luchando por sobrevivir contra todo pronóstico, sigue impactando años después.
Aunque los fans y los críticos suelen considerar Andromeda como una entrega más floja en comparación con la trilogía original, hay aspectos que personalmente me han gustado mucho. Como gran fan de los juegos sandbox, la exploración de su mundo abierto me ha resultado muy satisfactoria. Incluso se lo he recomendado a mi esposa, a quien también le encantan los sandbox, ya que ambos disfrutamos de Dragon Age: Inquisition por esa misma razón. Andromeda es, sin duda, el juego más parecido a Inquisition en estructura y espíritu, y aunque su historia y su guión son menos memorables, la libertad para explorar y la mejora en la mecánica de combate hacen que valga la pena jugarlo para cualquiera que disfrute de los juegos de mundo abierto. También me pareció que la premisa en sí era ingeniosa e incluso oscuramente divertida ya que se trata de un conjunto de arcas financiadas con fondos privados, construidas y vendidas a pasajeros adinerados como una forma de escapar de la amenaza de los Reapers, que despiertan en una nueva galaxia llena de desastres y peligros. El hecho de que sus benefactores retrasen la reanimación de los colonizadores que les han pagado hasta que la crisis esté controlada añade una capa de sátira mordaz que eleva la construcción del mundo más allá de lo habitual en la ciencia ficción.
Lo que no me gustó
Aparte de los problemas técnicos que conlleva jugar juegos antiguos, realmente no puedo decir nada negativo sobre la trilogía original de Mass Effect. En pocas palabras, es una obra maestra. La narración, el ritmo y los arcos emocionales son tan coherentes que incluso sus asperezas se suman a su encanto en lugar de restarlo.
Andromeda, que sigo recomendando que jueguen, en algunas ocasiones sufre de querer darnos una representación que resulta un poco vergonzosa o que trata de darnos un sermón sobre la sexualidad. Salió al mercado al comienzo del periodo “woke” en los videojuegos, y eso se nota, aunque no tanto como en títulos posteriores como Dragon Age: The Veilguard. La diferencia es notable. Mientras que Veilguard a veces explica en exceso su inclusividad al jugador, Andrómeda la deja respirar de forma natural, con solo algunos momentos que parecen forzados.
Y aunque me encantó el personaje de Reyes Vidal, quizás especialmente porque me gustaba mucho, yo, como muchos fans, me sentí decepcionado que no apareciera más. Como no forma parte de tu tripulación, su capítulo de la historia se siente demasiado breve y no se puede desarrollar esa relación de forma significativa. Esa sensación de potencial inconcluso captura lo que yo considero el mayor problema de Andromeda: es mejor que el 90 % de los juegos que hay allá afuera, pero no es un 99 % como la trilogía original. Es un gran juego, pero no uno de los mejores de todos los tiempos.
También hay un detalle persistente de la serie anterior que vale la pena mencionar. En el lanzamiento original, Kaidan Alenko no fue retratado como bisexual hasta Mass Effect 3. No tener un personaje masculino bisexual aparte del propio Shepard, si el jugador elegía una versión masculina, se convirtio en una oportunidad perdida. Dicho esto, no veo necesariamente la representación posterior de Kaidan como un pedazo de información creado de la nada, sino como un reflejo de algo real: la fluidez sexual. La sexualidad de las personas y su percepción de ella pueden evolucionar con el tiempo, y el cambio de Kaidan encaja en ese marco. Aun así, cabe señalar que los primeros juegos de la serie mostraban más cautela, lo que probablemente reflejaba la bifobia cultural hacia los hombres bisexuales que era más pronunciada en aquella época.
Y, por supuesto, Mass Effect, más que Dragon Age, se creó para un público ligeramente más masculino. La combinación de ciencia ficción y mecánica de disparos lo hacía parecer más machista, lo cual formaba parte de su marca. Pero hoy en día, creo que la gente entiende mejor que ser bisexual, o incluso gay, no hace que alguien sea menos masculino o heroico.
La calificación
Le doy a la franquicia Mass Effect cuatro unicornios, la máxima puntuación en la escala. Incluso Andromeda, a pesar de su ocasional torpeza en la representación, sigue mereciendo cuatro unicornios en mi opinión cuando se compara con el juego medio. Esto se debe a que el gran número, la diversidad y la calidad constante de sus personajes bisexuales siguen siendo impresionantes, especialmente para una importante serie de ciencia ficción que ayudó a establecer el estándar de la narrativa inclusiva en los juegos AAA.
Lo que destaca, tanto en la trilogía como en Andromeda, es que los personajes bisexuales no están escritos como modelos a seguir ni como villanos. Tienen defectos, son desordenados, luchan y crecen, al igual que el resto del elenco. Incluso los personajes más oscuros o antagónicos son complejos y (en algunos casos) tienen dimensiones comprensibles. Ese nivel de matices es lo que lleva a la franquicia a tener el puntaje más alto en la Escala del Unicornio.
No se puede subestimar el impacto de tener una representación bisexual importante en una de las series de videojuegos más aclamadas por la crítica, más jugadas y más queridas. Para muchos jugadores, verse reflejados en estas historias es importante. Mass Effect no solo lo permite, sino que lo eleva.
Estoy emocionado por jugar y evaluar a Mass Effect 5 cuando llegue. Si mantiene este nivel de inclusión y, al mismo tiempo, impulsa aún más la narrativa, la mecánica y la construcción del mundo, espero que vuelva a sobrepasar los límites de la excelencia. Pero, por ahora, la franquicia se ha ganado su lugar como la meta referente de la inclusión bisexual en los videojuegos.