El mundo, la historia y la naturaleza están repletos de bisexuales notables. Nuestro creciente archivo en Bi.org cataloga miles, y apenas estamos abarcando la parte que se conoce. Pero nunca ha habido un bisexual que fuera al mismo tiempo del reino animal, una celebridad entre las personas y parte viviente de la historia como es el caso de Jonathan la Tortuga terrestre.
Jonathan nació en 1832, en un mundo irreconocible para nosotros el día de hoy. Nació antes de que Darwin viera un pinzón o escribiera sobre la evolución. Andrew Jackson era presidente de los Estados Unidos. El Reino Unido aún no abolía la esclavitud. Y el nombre más famoso en la música era Gioachino Rossini (¿cuántas estrellas actuales serán tan desconocidas en el futuro como Rossini lo es hoy?).
Cuando Jonathan nació, ¡se alquilaba una casa de tres pisos en la ciudad por 38 dólares al mes! Jonathan vivió el ascenso y la caída del Imperio Alemán y también de la Unión Soviética. Ha existido durante el 77% de la historia de los Estados Unidos, y a sus 192 años, posee el récord Guinness no solo por ser la tortuga más vieja registrada, sino también por ser el animal terrestre más longevo. Según su veterinario, tiene “buena libido” y “no muestra señal de detenerse”.

¿Su secreto? No decimos que sea por ser bi… pero tampoco lo negamos.
Desde 1882, Jonathan vive en la residencia del gobernador de la isla Santa Elena (mar Atlántico del sur). Cuando llegó a su residencia, ya tenía 50 años de edad. Acaparó titulares cuando su compañera Frederica resultó ser un macho (renombrado Frederic). Entre sus romances se encuentran Emma y Emily, ambas hembras y mucho más jóvenes. ¿Qué decir? Puede que casi haya perdido la vista y que no tenga olfato, ¡pero Jonathan aún tiene su encanto! Como dice Teeny Lucy, su cuidadora: “Es un encantador ancianito caballeroso. Realmente lo es”.
Pero Jonathan no merece todo el crédito de su prolífica vida sexual. Las tortugas terrestres parecieran venir programadas para salirse de lo convencional. Un estudio del 2016 en Behavioral Ecology (que observó tortugas en Macedonia por siete años) reveló que estos reptiles son todo menos lentos y prudentes a la hora de aparearse. La población estudiada (principalmente machos) demostró que no son muy exigentes. En palabras de los investigadores: “Los machos cortejaban y montaban a otros machos más que a las hembras. Incluso exhibían comportamientos sexuales extravagantes […] Se les observó montando crías, machos muertos y hasta restos (caparazones vacíos de otros machos). Dos incluso intentaron copular con piedras que vagamente parecían tortugas”.

Las tortugas evolucionaron con una estrategia reproductiva, el “sí”: se aparean desde muy jóvenes, seguido y prácticamente en cualquier oportunidad que tengan, aunque su pareja fuera una roca. Son la versión reptil de Alec Baldwin en la película El precio de la ambición (1992): SCET, “Siempre cierra el trato”. Los investigadores creen que el comportamiento homosexual en tortugas puede ser más común cuando las hembras son escasas. Como se explicó en la revista New York Magazine en el 2016, los machos tienen tanta energía sexual que, ante la falta de hembras, se vuelven “menos selectivos”.
Desde el punto de vista evolutivo, este comportamiento no presenta grandes inconvenientes y, por lo tanto, no se considera algo que deba corregirse mediante los costosos y laboriosos procesos de la evolución durante incontables generaciones y mediante “estructuras neuroendocrinas específicas que filtran selectivamente nuestro [comportamiento homosexual]”. Lo cual, si vemos el caso de Jonathan, bien podría ser el secreto de su longevidad. Al menos, sin duda lleva una vida más placentera.