Skip to content

Me tomó mucho tiempo aceptarme, ahora entiendo que también debo dárselo a los demás

Historias Bi

Durante muchos años, viví con una verdad que decidí esconder, incluso de mí misma. Desde pequeña sabía que me gustaban las mujeres, pero no estaba preparada para enfrentarlo. En lugar de admitir que sentía atracción, lo disfrazaba como “admiración”. Decía que me fascinaban, cuando en realidad, era algo mucho más profundo.

Recuerdo claramente cuando, a los nueve o diez años, mi mamá me preguntó si me gustaban las mujeres. Me tomó muy por sorpresa, y aunque una parte de mí quería gritar “¡Sí!” — me ganó el miedo. Le dije que no, y seguí negándolo durante mucho tiempo. Negarlo era más fácil que aceptar la verdad y todo lo que eso implicaba.

Con los años, empecé a notar que ya no tenía que ocultarme tanto. Mi entorno comenzó a cambiar, las personas a mi alrededor eran más abiertas y, poco a poco, me permití dejar de “hacerme tonta”. Fue un proceso gradual, pero eventualmente acepté lo que siempre había sabido: soy bi.

Salir del clóset no fue un momento dramático ni épico, como podría haberlo imaginado. De hecho, sucedió en plena pandemia, cuando el mundo parecía haberse detenido. Les dije a mis amigos, y su respuesta me tranquilizó mucho: “Dinos algo que no sepamos.” Con mi familia, en cambio, fue más complicado. Mi mamá tardó en procesarlo, lo cual entendí, porque durante años, había tenido una imagen de mí, unas expectativas sobre mi vida, y esta revelación no encajaba con lo que ella había imaginado. Recuerdo un momento clave que me marcó profundamente. Después de varios meses de haber salido del clóset, la paciencia se me agotó un día y le dije: “¿Por qué te cuesta tanto aceptarlo? Da igual, soy así.” Y su respuesta fue tan honesta que me paralizó: “Si tú no te lo aceptaste por tantos años, dame a mí también un poco de tiempo para procesarlo.”

Esa frase cambió completamente mi perspectiva. Mi madre tenía razón: yo me había tomado años para aceptar quién soy, ¿cómo podía exigirle a ella que lo hiciera en un abrir y cerrar de ojos? Es un proceso, y aunque a veces el camino es incómodo o doloroso, también es humano. Me di cuenta de que, al igual que yo necesitaba tiempo para conocerme y aceptarme, las personas que nos rodean también merecen ese espacio para procesar y aprender.

A lo largo de este viaje, he aprendido que la aceptación propia es el paso más importante, incluso más que esperar la aprobación de los demás. Si no te aceptas a ti misma, difícilmente podrás navegar el rechazo o la incomprensión externa. La clave está en darte la gracia para cometer errores, para dudar, para no tener todo claro de inmediato. Nadie más puede caminar ese camino por ti, y una vez que te sientes cómoda con lo que eres, el resto del mundo importa un poco menos.

Al final, tuve más apoyo del que esperaba, y eso me hizo sentir increíblemente afortunada. En cuanto a mi trabajo, nunca sentí la necesidad de poner mi orientación sexual sobre la mesa, pero también es cierto que he tenido suerte. Trabajo en España, donde el ambiente es más inclusivo que en México, donde también he trabajado. Mi jefa es lesbiana, y muchas mujeres en posiciones de poder en mi entorno también forman parte de la comunidad LGBT, lo que siempre me ha dado una sensación de seguridad.

La bisexualidad es fluida, y creo firmemente que es importante no encerrarse en etiquetas rígidas si no te sientes identificado al 100%. Mi propio proceso me ha llevado a entender que la sexualidad no es algo estático, y he aprendido a aceptar esa fluidez en mi vida. Lo que soy ahora puede evolucionar y cambiar, y eso está bien.

Si algo he aprendido en este viaje es que el autoconocimiento es una herramienta poderosa. Aceptar mi bisexualidad me ha hecho más resiliente. Cada día descubro más sobre mí misma, y eso me ha hecho más fuerte. Ahora sé que no se trata de encajar en una etiqueta o en las expectativas de los demás, sino de aceptar y abrazar quién soy realmente.

Si pudiera darle un consejo a alguien que está empezando a descubrir su bisexualidad, sería este: todo va a estar bien. Puede que no encuentres aceptación en todos lados, pero siempre habrá un lugar donde te sientas comprendida. Lo más importante es que te aceptes a ti misma primero, porque eso hará todo el proceso mucho más sencillo.

Si pudiera regresar el tiempo, me diría a mí misma: no había necesidad de ocultar esta parte de ti durante tanto tiempo. Me hubiera gustado poder aceptarme desde antes, sin miedo, sin dudas. Pero, al mismo tiempo, entiendo que cada paso que di, por pequeño o grande que fuera, me trajo hasta aquí. Ahora, al fin, puedo decir que me acepto como soy hoy, y acepto los cambios que vengan a futuro. Y aunque ser bi no define todo lo que soy, es una parte fundamental de mí que nunca más volveré a esconder.

Si deseas compartir tu propia historia bi, envíanos un correo electrónico a [email protected].