Siempre me han fascinado las películas e historias desde que tengo memoria y actuaba en cualquier oportunidad que podía. Básicamente era un fastidio en mi tienda local de rentar películas, haciendo amistades con los empleados y viendo los catálogos de las películas de nivel Tarantino. Y debido a que siempre he estado escribiendo cuentos desde antes de que pudiese subirme a una bicicleta, la apreciación a menudo se manifestaba viendo un montón de shows de premios — mucho antes de que me mudase a Los Angeles para trabajar en mi carrera de crear películas. Y, por supuesto, el gran show que siempre me aseguraba de ver eran los Oscars. Y no estoy sola, aún cuando la ceremonia del año pasado tuvo menos audiencia viéndola, las festividades de Hollywood atraen a más de veinte millones de espectadores.

He practicado haciendo mi propia aceptación de un premio Oscar con un cepillo en mano en frente del espejo desde que era un adolescente torpe y rara. Me encantaba ver los discursos pero más que nada, me encanto ver a mis favoritos del gran cine estar entre las selecciones para ser reconocidos dentro de su misma industria. Más que la fama de los discursos más inspiradores (o notorios), fue el hilo común de reconocimiento y estima de los colegas creativos que hacían mi interés más grande.
Ahora que vivo en Hollywood y entiendo las maquinaciones políticas (e historia) del show mucho mejor, por supuesto, ha tomado un significado diferente para mí. Cada año hay unos ignorados, y cada temporada hay personas quien yo y otros pensamos que fueron “robados“ de un premio — y la sociedad definitivamente se ha dado cuenta de los temas inquietantes en común detrás del proceso de selección. Estoy hablando, por supuesto, no solamente de #OscarsSoWhite (un tema en común de dar premio Oscar a gente blanca por la mayor parte) pero de los MUCHOS otros fracasos en reconocer el esfuerzo y narrativas de las comunidades marginalizadas de las cuales no tengo el espacio para cubrirlas en un artículo — aún cuando se trata de un sitio digital.
No voy a hacer un argumento de que los Oscars son justos o que lo han sido desde sus días más tempranos de heráldica, aún cuando hacen historia. El pasado de la academia a menudo es fea y traumatizante para ambas las comunidades artísticas y otros grupos que quieren que sus historias sean contadas. Pero no se puede negar la influencia profesional o cultural; hasta aquellos quienes rechazan todo el drama de la temporada de premios a menudo salen de ver una película exclamando, “Qué le den un Oscar ya.“

Pero el problema de cualquier manera se reduce a la visibilidad; no solamente las películas menos conocidas conseguirán algo de atención después de una victoria, pero frecuentemente los cuentos que no han sido contados son arrojados hacia la conciencia colectiva. Esto trae un entendimiento más grande, empatía, o emociones a través de las fronteras. Entonces si es que nos guste o no, por bueno o mal, esas estatuas de oro ejercen una enorme cantidad de poder cultural.
¿Por qué estoy hablando sobre el relámpago que son los Oscars? Debido a que en la década pasada, varias películas sobre personajes bi han sido reconocidas (y hasta han ganado) en la categoría de Mejor Actor/Actriz.
Esto puede ser considerado como algo sin importancia, pero es crucial tomar en cuenta la historia compleja de Hollywood y su problema con reconocer y premiar a las historias queer. Claro, han habido varios actores bi quienes han ganado premios prestigiosos por sus trabajos (Marlon Brando, Alec Guinness). Pero la lista de películas que han ganado un Oscar es más que nada de películas heterosexuales. Eso no es decir que los Oscars no han reconocido figuras históricas queer (Lincoln viene a la mente; la biografía de Judy Garland del año pasado), pero las películas no hacen el tiempo para incluir el aspecto queer de sus historias.
Hasta dentro de los últimos treinta años, la mayoría de la actuación que ganan reconocimiento muy seguido incluye la tropa #KillYourGays que incluye los personajes y la gente por igual — considerando el hecho de que no solamente las nominaciones de Brokeback Mountain y George en A Single Man de Colin Firth, pero también ganadores como Nicole Kidman personificando a Virginia Woolf en The Hours y Rami Malek como Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody. Cada de estas nominaciones se aseguraron en incluir la desaparición de al menos un personaje queer — y usualmente uno a quien su actuación ganó reconocimiento de la Academia.

Aún así, hasta cuando hemos llegado a obtener esas victorias infrecuentes, hay poca mención sobre la bisexualidad de ellos — a pesar de como claramente influye el trabajo y sus personajes. La mayoría quienes han ganado desde el año 2000 (Kidman, Penelope Cruz, Natalia Portman, etc.) no hacen ninguna mención en algunos de sus discursos de aceptación. La desafortunada adición a esto es Malek, quien, a pesar de que en una escena en Rhapsody donde Mercury dice que él es bisexual (algo que fue dicho en una conversación en la vida real), llamó a Freddie gay en su discurso de aceptación. Hasta cuando ha habido otras nominaciones desde la década de los 2000s de personajes y figuras queer, el resultado final es un montón de borradura bi lo cual es difícil de aceptar.
Pero no pierdo la esperanza. Debido a que las historias bi (y más) están recibiendo nominaciones y aparte de tener a personajes queer, ellos sobreviven hasta el fin de la película (por ejemplo Timothée Chalamet como Elio en Call Me By Your Name), y sus relaciones son mostradas en plena luz — sin ser rechazadas con una sola frase o consideradas como un sueño de fiebre.
Las ganadoras de la categoría de mejores Actrices de este año incluyen no solo una sino dos actuaciones muy importantes y detalladas de mujeres Queer negras. Esto incluye a la actuación de Viola Davis en la epónima Ma Rainey’s Black Bottom y Audra Day como The United States Vs. Billie Holiday. La Academia parece finalmente haber aprendido que las historias queer que son interseccional y complejas ofrecen mucha oportunidad para actuaciones excepcionales — valen más que una mención rápida y merecen la atención de ambas la industria de Hollywood y el mundo.

Por supuesto, la representación bi mostrada en las películas, en general, no son tan prolíficas o detalladas como lo que estamos viendo en la televisión y en los servicios de shows en este momento, los cuales están teniendo un “golden age”. (E incluso esas historias: ¿hay suficientes o son lo suficientemente buenas?) Pero lo que estoy tratando de decir es que al ser una observante por ya un largo tiempo de estos patrones es que finalmente veo un progreso real. Considerado el hecho de que, hasta los noventas, había unas cuantas historias queer que recibieron éxito y reconocimiento en el mundo (Dog Day Afternoon, The Crying Game, y Philadelphia siendo los más celebrados de esas pocas), para ver muchas historias tocando el más alto escalón artístico en los últimos años, junto con la inclusión nueva de los estándares para elegibilidad de la Academia me da esperanza para el futuro.

Creo que es muy claro cuáles actuaciones estaré apoyando este año. Solamente espero que continuemos en tener más historias bi en los años que vienen,y que sean apropiadamente etiquetadas y visibles. Hasta ese entonces, te veré en el cine.