Si alguien te pidiera que nombraras al bi más grande de todos los tiempos, ¿quién te viene a la mente? ¿Quizá Halsey, Alan Cumming, Billie Eilish o Billie Joe Armstrong? ¿O tal vez Megan Fox? Todas son buenas opciones. La respuesta más popular en internet probablemente sería Lady Gaga, y con razón. Después de todo, ella es una mega estrella internacional. Pero si hablamos de tamaño, el verdadero título del bi más “grande” lo tienen las criaturas bi más titánicas de todos los tiempos: las ballenas.
Las ballenas no solo son enormes, sino también enormemente bisexuales, algo que sabemos desde hace décadas, pero que, hasta hace solo unos años, no teníamos mucha evidencia directa. Como gigantes de las profundidades oceánicas, las ballenas pueden viajar hasta 18,500 kilómetros al año, cubriendo vastas distancias a profundidades difíciles de rastrear para los humanos. Hay tanto sobre estos majestuosos animales que aún desconocemos, porque seguirlas requiere expediciones, equipos especializados, además de enormes y costosos vehículos marinos. Sin embargo, poco a poco, hemos ido reconstruyendo una imagen fascinante de cómo es la vida de las ballenas. Y bajo el mar, las cosas, bueno… fluyen.
Apenas en el 2024, se logró capturar las primeras imágenes documentadas de ballenas jorobadas macho, muy pero muy erguidas. La foto de una ballena jorobada macho penetrando a otro macho con su pene de dos metros de largo es, sin duda, una imagen que no se puede borrar de la memoria. Pero no son solo las jorobadas. Se ha documentado comportamiento entre personas del mismo sexo entre orcas y ballenas beluga (también conocidas como ballenas blancas). Es más, se ha descubierto que este comportamiento es especialmente común entre machos. Tanto las belugas como las ballenas blancas pasan la mayor parte del tiempo — y tienen la mayor parte de su actividad sexual — con otros machos. En un estudio publicado en la revista de investigación científica Polar Research, científicos observaron durante 800 horas un total de 910 “empujones” de ballenas blancas en su ambiente natural. A partir de su meticulosa investigación, descubrieron que el 59.7% de estos fenómenos sucedieron entre machos y sólo el 40.3% fueron entre machos y hembras. De hecho, el “comportamiento sexual sin fines de concebir” — incluyendo el comportamiento homosexual — se ha documentado en al menos 35 especies de cetáceos (la categoría de mamíferos donde se encuentran las ballenas).

Un aspecto de estas investigaciones que sigue siendo en gran parte un misterio es el comportamiento homosexual entre las hembras, que ocurre, pero está mucho menos documentado y suele quedar eclipsado por las, digamos, exhibiciones vistosas
de los machos. Como cita un artículo en The Guardian:
El Dr. Conor Ryan, investigador honorario de la Asociación Escocesa de Ciencias Marinas, señala: “Es fácil identificar visualmente el sexo ‘homosexual’ masculino cuando un pene extruido puede medir dos metros de largo. Es menos fácil diagnosticarlo cuando se ven hembras de cachalote “abrazándose”.
Dada la inteligencia y sociabilidad de las ballenas, los científicos han sugerido varias funciones importantes que puede tener este tipo de comportamientos, como la comunicación, el placer, para vincularse, establecer dominancia o simplemente podría ser un tipo de juego. El hecho de que las ballenas vivan en grupos enormes, sean muy longevas y, en su mayoría, sean demasiado grandes para ser molestadas por la mayoría de los depredadores (sin contar a los humanos), les brinda amplias oportunidades para todo tipo de travesuras submarinas.
Resulta irónico que a pesar de ser los animales más grandes que jamás hayan existido en la tierra — la colosal ballena azul es más grande que cualquier dinosaurio o monstruo marino prehistórico — sepamos tan poco sobre ellas. Pero cuanto más aprendemos, más maravillosas, complejas, sofisticadas y, al mismo tiempo, más extrañas se vuelven las ballenas. Lamentablemente, las poblaciones de ballenas están en declive en todo el mundo debido a colisiones con barcos, la caza furtiva y la transformación de los océanos del planeta en un vertedero por parte de los humanos. Mientras tanto, los bisexuales más grandes del mundo solo quieren deslizarse por el océano, comer toneladas de krill y pasar el rato juntos. Como dice la frase: “Salven a las ballenas”. O, por lo menos, que Liberen a Willy.