Los orangutanes son únicos. Ningún otro gran simio pasa más tiempo de su vida en los árboles y, fuera de los humanos, ningún primate tiene una vida tan larga en estado salvaje ni dedica tanto tiempo en el cuidado de sus crías. También son de los menos sociales de todos los grandes simios y pasan gran parte de su vida solitarios, especialmente los machos. Y no hay que olvidar su apariencia tan llamativa. Sin embargo, los orangutanes todavía tienen mucho en común con sus parientes primates (y con más de 1,500 especies animales que han sido estudiadas): cuando estos habitantes pelirrojos de los árboles no están descansando entre las hojas, se relacionan sexualmente con individuos de ambos sexos.
Los científicos han documentado comportamientos entre individuos del mismo sexo en orangutanes al menos desde la década de los sesentas, aunque durante mucho tiempo se resistieron a reconocerlos como tales. Por ejemplo, como parte de un simposio realizado en 1964 en la Sociedad Zoológica de Londres, un investigador se refirió a una pareja de orangutanes machos que pasaban mucho tiempo juntos y practicaban repetidamente sexo anal como un ejemplo de una “anomalía sexual irreversible”. En su libro de 1980, Orang-utan Behavior, otro zoólogo especuló que dos orangutanes machos que se practicaban sexo oral de manera regular quizá lo hacían en busca de nutrición y no por placer sexual. Tal vez no estaban recibiendo suficiente vitamina D.
Con el paso del tiempo, los expertos comenzaron a cambiar de opinión. En 1978, el investigador y conservacionista H. D. Rijksen, mientras estudiaba orangutanes de Sumatra en su hábitat natural, observó interacciones entre individuos del mismo sexo entre una pareja de machos llamados Sibujong y Bobo, las cuales describió como homosexuales. En su compendio de 1999 sobre la diversidad sexual en animales, Biological Exuberance, el biólogo Bruce Bagemihl reunió décadas de investigación que mostraban la increíble variedad de conductas bisexuales en los orangutanes, incluyendo sexo anal y sexo oral mutuo entre machos, así como frotamiento genital, sexo oral y estimulación manual entre hembras. Incluso se ha observado a algunos machos intentando penetrar el pene de otros machos, lo cual parece complicado y bastante doloroso.
También se sabe que los orangutanes compiten entre sí por la atención de parejas del mismo sexo y que eligen voluntariamente parejas del mismo sexo incluso cuando hay parejas del sexo opuesto disponibles (a menudo eligiendo a ambas). De manera similar, forman vínculos estrechos con individuos del mismo sexo, que incluyen acicalamiento mutuo, abrazos, besos, compartir comida y participar en juegos físicos o luchas que pueden volverse sexuales. Como señaló Bagemihl:
“Aproximadamente el 9% de todos los encuentros sexuales de orangutanes en algunas poblaciones involucran a machos montando a otros machos; la proporción de actividad entre individuos del mismo sexo probablemente sea aún mayor, ya que los contactos orales-genitales entre machos y los encuentros homosexuales entre hembras no están incluidos en esta cifra”.
Durante mucho tiempo se creyó que los orangutanes presentaban comportamientos bisexuales principalmente en cautiverio y que estos ocurrían con menor frecuencia en la naturaleza. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que los orangutanes son igual de bisexuales en la selva tropical que en los zoológicos. Como señaló un estudio de 2001 publicado en el American Journal of Primatology, el comportamiento entre individuos del mismo sexo en orangutanes “no es un artefacto del cautiverio ni del contacto con los humanos”.
Lamentablemente, las tres especies de orangután — el de Borneo, el de Sumatra y el de Tapanuli — están consideradas en peligro crítico de extinción, principalmente debido a la deforestación y la pérdida de su hábitat. Lo que la humanidad haga en las próximas décadas podría determinar el futuro de uno de nuestros parientes más cercanos y de uno de los habitantes de los árboles más extraordinarios de la naturaleza.