En el 2019, la diputada británica Dawn Butler llegó a los encabezados al afirmar que “el 90% de las jirafas son gay“. Butler estaba haciendo argumentos a favor de los derechos LGBT y oponiéndose a la noción de que a las personas “se les enseña a ser gay“, pero una vez sacado de contexto por la prensa, el comentario provocó un debate no sobre los derechos humanos, sino sobre la sexualidad de las jirafas. Resulta que la afirmación de Butler no es del todo cierta.
En primer lugar, casi todos los comportamientos homosexuales documentados entre las jirafas se dan entre machos, por lo que la cifra del “90%” es un tanto engañosa (más adelante hablaremos de esto). Más sorprendente es que ignora el hecho de que, como señala el Museo de Historia Natural del Reino Unido, “la mayoría de las jirafas se aparean con el sexo opuesto si se les da la oportunidad”. En otras palabras, la mayoría de las jirafas macho no son “gay”, sino bi.

Gran parte de lo que sabemos sobre las jirafas se lo debemos a Anne Innis Dagg, una de las primeras biólogas en estudiar el comportamiento de las jirafas en libertad. Llamada “la Jane Goodall de las jirafas” a pesar de haber llevado a cabo sus revolucionarias investigaciones años antes que Goodall. Su investigación de 1958, “El comportamiento de las jirafas“, nos dio la primera visión detallada de la fascinante vida de estos mastodontes de cuello largo en estado natural. En ella, Dagg observó que “el comportamiento homosexual es mucho más evidente que el heterosexual”. Esto solía ocurrir en el contexto de una práctica conocida como “necking”. En palabras de Dagg, el “necking” es “el roce suave de la cabeza o el cuello de un macho sobre la cabeza de otro macho, o a lo largo de su cuello o cuerpo, [que] es muy común y con frecuencia excita a un macho hasta el punto de que se colocará detrás y montará a [otros] machos”. A partir de ahí, entra en varios detalles muy gráficos, pero creo que se lo imaginan.
El biólogo Bruce Bagemihl, en su libro de 1999, Biological Exuberance: animal homosexuality and natural diversity (“Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural”), señaló que “entre las jirafas y otras especies, este tipo de actividades a veces implican a varios animales interactuando simultáneamente en casi ‘orgías’ de contacto corporal”. Es una imagen que se le queda a uno grabada en la cabeza.
Ha habido cierto debate entre los expertos sobre qué significa exactamente el necking. ¿Es un acto sexual o un acto agresivo para afirmar la dominación? El hecho es que los investigadores tienden a tener un doble estándar a la hora de evaluar el comportamiento del mismo sexo frente al sexo opuesto en las jirafas y otros animales. Como explica Bruce Bagemihl:
Cuando una jirafa macho olfatea el trasero de una hembra — sin montarla, erección, penetración o eyaculación — se dice que está sexualmente interesado en ella y su comportamiento se clasifica principalmente, sino exclusivamente, como sexual. Sin embargo, cuando una jirafa macho olfatea los genitales de otro macho, se monta en él con el pene erecto y eyacula, está teniendo un comportamiento “agresivo” o “dominante”, y sus acciones se consideran, en su mayoría, sólo secundariamente o superficialmente sexuales.
Un estudio de 1967 por parte del la Revista de Zoología lo expresó novedosamente en términos claros: “En las jirafas, la erección del pene, montarse, e incluso, posiblemente el orgasmo, dejan pocas dudas sobre la motivación sexual de estas acciones”. También se reforzó la idea del hallazgo de Dagg afirmando que el comportamiento entre animales del mismo sexo era prácticamente sólo entre machos con otros machos. De hecho, un estudio sobre jirafas en Tanzania que implementó alrededor de 3,200 horas de observación, descubrió que el 94% de todas las montas sexuales documentadas se daban entre los machos. Este parece ser el origen de la idea errónea de que “el 90% de las jirafas son gay”. Pero dado que el comportamiento homosexual observado entre jirafas hembras ha sido muy raro, no es exacto aplicar esto a las jirafas en general. Otras investigaciones han descubierto que el comportamiento homosexual de las jirafas se da con más frecuencia entre animales jóvenes, presentándose comportamientos más heterosexuales a medida que envejecen.
¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué es tan común el comportamiento homosexual entre jirafas macho? ¿Podría deberse a la escasez de hembras? Parece que no. Como señala Bagermihl, “en poblaciones de jirafas con más de un 60% de hembras, la homosexualidad masculina sigue presentándose”. Y lo que es aún más notable: “En poblaciones de jirafas con mayoría de machos, por ejemplo, las hembras no se ven inundadas de atención heterosexual, y las oportunidades de apareamiento con hembras a veces incluso son ignoradas. En lugar de eso, hay relaciones homosexuales y otras actividades que prefieren hacer.” El corazón pide lo que quiere.

El estudio del Journal of Zoology antes mencionado descubrió que el comportamiento de los machos al entrelazar sus cuellos y el comportamiento homosexual “sugiere fuertemente una dinámica de vinculación sociosexual” que le permite a los machos jóvenes conocer sus impulsos sexuales, refuerzando la cohesión del grupo, ayudando a los machos a evitar peleas graves entre sí, además de funcionar como una especie de proceso de clasificación en el que los machos más con más energía, sexualmente, se acercan más a los grupos de hembras para aparearse. Según un estudio de la universidad estatal de Pensilvania, del 2021, las jirafas macho tienen conexiones sociales más estrechas entre sí que con las hembras. Cuando eres un macho orgulloso de cinco metros y medio que pesa casi dos toneladas, y pasas la mayor parte del tiempo en compañía de otros gigantes orgullosos como tú, las tensiones se pueden elevar — y los enfrentamientos pueden ser fatales.
La mejor manera de suavizar las cosas quizás sea la estrategia más exitosa de la naturaleza para desescalar los conflictos: el sexo. Si pueden elegir, la mayoría preferiría ser amantes bi a ser peleadores.