Los lobos han acechado desde siempre los bosques oscuros de los cuentos de hadas y de la imaginación humana. Si bien es cierto que son de los cazadores más inteligentes del reino animal, la verdad es que no representan un gran peligro para los humanos. De hecho, ha habido solamente 25 ataques de lobos a humanos en América del Norte en los últimos 70 años. En comparación, los perros domesticados — el mejor amigo del hombre (y el más bi) — matan a más de tres docenas de estadounidenses al año. Claro, los perros descienden de los lobos, por lo que no debería sorprendernos que estos cánidos incomprendidos también son muy bis.
Resulta que los lobos no son esos monstruos malvados del folclor ni tampoco los típicos símbolos del macho “alfa”. Durante muchos años se creyó que las manadas de lobos estaban lideradas por un macho dominante que había tenido que pelear para llegar a esa posición. Sin embargo, cuando los científicos comenzaron a estudiar a los lobos salvajes más de cerca, descubrieron que las manadas casi siempre son familias. En algún momento después de alcanzar la madurez, la mayoría de los lobos “se dispersan”, es decir, abandonan su manada y viven de forma solitaria hasta que encuentran pareja, forman un vínculo y tienen a sus propias crías, con lo que crean una nueva manada. La pareja reproductora no son los llamados “alfas” que dominan al grupo con un supuesto temperamento de “macho alfa”; son padres que crían y guían a sus hijos. Los lobos, resulta, son mucho más rutinarios de lo que la gente piensa. Y también, resultan ser más traviesos de lo que pensarías.
Los lobos forman parte de ese amplio grupo de animales en los que se ha documentado la presencia de comportamientos homosexuales entre individuos del mismo sexo; esto incluye a los lobos grises de Norteamérica, Europa y Asia, así como al lobo africano del norte y del oeste de África.

El libro Biological Exuberance (1999) recopila décadas de investigación y detalla el fascinante comportamiento bisexual de los lobos. Los machos se aparean entre sí sin dejar de mostrar interés sexual por las hembras. En muchas ocasiones, incluso ignoran a las hembras de menor rango para aparearse con otros machos. Este comportamiento entre individuos del mismo sexo se presenta con mayor frecuencia cuando hay hembras cercanas en celo. Al parecer, cuando los lobos machos observan el apareamiento heterosexual en su entorno, esto los excita y los lleva a tener interacciones sexuales entre ellos. En algunos casos, se ha observado a lobos machos montando a otros machos mientras estos se aparean con una hembra. Asimismo, las hembras a veces adoptan la posición dominante y son ellas quienes montan y empujan a los machos, lo que se conoce como la monta inversa. Se podría decir que los lobos presentan conductas de voyerismo y sexo bi en tríos MMF, además del equivalente lupino al pegging. Eso es suficiente para que cualquiera le aúlle a la luna.
El biólogo J. B. S. Haldane escribió una vez: “mi sospecha es que el universo no solo es más queer de lo que suponemos, sino mucho más queer de lo que podemos suponer”. Cabe señalar que, al escribir en 1927, Haldane usaba queer en su sentido más arcaico como sinónimo de “peculiar”. Pero el mundo animal en general, y los lobos en particular, muestran que tenía más razón de la que podría haber imaginado, y de muchas más formas de las que se podrían contar.
