Skip to content

Jaclyn Moore: bi pionera de la televisión queer

Jaclyn Moore tiene una forma extremadamente encantadora para vincularse a su público. Lo podemos ver en su innovador trabajo en Dear White People de Netflix, en la recreación del programa Queer As Folk de Peacock, o en sus satíricas opiniones y sexys selfies en Twitter. Moore tiene una deliberada manera de ser queer — alegre, desmadrosa y de otras maneras — como su tema central.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con Moore sobre todo tipo de temas, desde cómo la noción del género se está expandiendo, el amor y la orientación sexual, hasta la experiencia de su transición siendo una poderosa creadora en Hollywood. Lee más sobre nuestra conversación a continuación.

Imagen/Matthias Clamer

Jennie Roberson: ¿Cómo llegaste a identificarte como bi o queer?

JACLYN MOORE: Para mí, identificarme como bisexual siempre fue más como un proceso de eliminación. Durante mucho tiempo pensé: “Sé que me gustan las mujeres”. Y luego empecé a salir con chicos también, crecí como un niño antes de mi transición. En ese entonces cuando me acostaba con un chico, después tenía un momento de crisis en el que decía: “supongo que soy gay, debo de ser gay”. Y después hablaba con mis amigos gay y les preguntaba: “¿sabes a lo que me refiero cuando quieres tener sexo con los hombres, pero también te gusta comérsela a las mujeres?”

Y ellos decían: “No, absolutamente no nos gusta eso. No podemos relacionarnos con esa idea”. Y luego pensaba, “Oh, supongo que no soy gay. Hum.”

Pero la bisexualidad no era algo de lo que se hablaba, especialmente entre los hombres jóvenes. Creo que con el tiempo te haces todas estas preguntas. “¿Qué significa que me gusten las mujeres?, ¿qué significa que me gusten los hombres?, ¿soy heterosexual?, ¿esto me convierte en gay?” Y al final, te das cuenta de que la respuesta a todas las preguntas es sí, y la respuesta a todas las preguntas es no, y la respuesta a todas las preguntas es: quizás no necesites hacer tantas preguntas, está bien que te gusten todos.

Entonces para mí, se siente menos como un momento de claridad en las personas de darse cuenta que son gay, y más como un momento de iluminación en donde dices algo así como: “creo que nunca va a haber una respuesta”, o “todo es la respuesta”, si esto tiene algún sentido.

Ah, sí, el periodo de discernimiento puede ser tenso e hilarante al mismo tiempo.

JM: Sí, y luego la transición le pone encima esta otra capa en la que de repente te das cuenta de que siempre te has sentido así, pero ahora tiene más sentido, se siente “más gay”. Siempre me ha parecido más gay acostarme con mujeres, incluso cuando me identificaba como un hombre, y acostarme con hombres me parecía más, como…

¿Heteronormativo?

JM: ¡Sí! Me parecía heteronormativo. A pesar de que en ese entonces era un adolescente o apenas tenía veintitantos años.

Así que aún había una capa como de identidad que faltaba por desenterrar para averiguar porqué yo era así. Y ahora, obviamente, tiene mucho más sentido … como que te jode la mente cuando más tarde te das cuenta: “oh, sí, es muy hetero de mi parte cuando me acuesto con los chicos.”

¿Cómo ha sido tu experiencia como artista bi? ¿Has encontrado aceptación en tus comunidades y espacios de trabajo?

JM: Sí. Lo interesante es que creo que esta es una de las cosas en las que la transición ha cambiado ligeramente mis sentimientos sobre ellos; creo que la invalidación bisexual por parte de los heterosexuales y, a veces también, por parte de los gays, es un problema que afecta a todos los géneros. Pero creo que el problema es — después de experimentarlo en ambos lados — significativamente más presente para los hombres bi que para las mujeres bi. La invalidación hacia las mujeres bi es algo con lo que todavía tengo que lidiar, y la gente todavía duda a veces, pero no es nada, nada comparado con la forma en que se descarta la bisexualidad en los hombres, porque la bisexualidad de los hombres es rechazada instantáneamente con un simple: “[sólo] eres gay”. Y, también, por otro lado, nosotros como cultura, simplemente asumimos la primacía del pene.

Así que si eres un hombre bi, todo el mundo dice: “sí, eres gay”. Y si eres una mujer bi, todo el mundo te dice: “sí, eres heterosexual”. La parte que siempre es inválida trata de lo opuesto.

Pero creo que hay suficiente espacio cultural para las mujeres bis — aunque éste no es el ideal ni de cerca. Creo que ahora, como mujer bisexual, la gente entiende lo que es y lo acepta más. Sigue habiendo rechazo, pero no parece tan agresivo. No te invalida tanto como el rechazo que reciben los hombres bisexuales.

Creo que la relación de nuestra sociedad hacia las mujeres trans y hacia los hombres trans es muy diferente. Ambas partes tienen problemas y la invalidación ocurre en ambos lados, y la invisibilidad de la transmasculinidad es un problema absoluto y real, y no es algo que se deba ignorar. Pero nuestra sociedad trata a las mujeres trans con agresividad y acusaciones como: “eres una depredadora” y “tenemos que deshacernos de ti”.

Cuando hablamos del debate sobre los baños, cuando hablamos del debate en los deportes, estamos hablando de las mujeres trans. La gente persigue a las mujeres trans. Similarmente, creo que las mujeres trans y los hombres bisexuales socavan la cultura dominante del mismo modo que lo hacen las mujeres bisexuales y las personas transmasculinas. Hay una agresión por el hecho de que no se trata con el mismo nivel de hostilidad. Hay un (tono) condescendiente, como de: “oh, qué lindo”, “lo haces para llamar la atención”, o “ay, en realidad no importa tanto, esto no nos afecta a nosotros”. Y esa es su propia forma de discriminación, y una manera horrible de ser.

Pero siendo ahora tratada como una mujer bi, es realmente interesante la diferencia de cómo era la ira de la gente hacia mí cuando era un hombre bi. Una mujer con la que salí tres veces me dijo que era bisexual en una de las citas. Y yo le dije, “oh, Dios mío. ¡Tienes que averiguar más sobre esto, no te quedes con la curiosidad!, te lo debes a ti misma. Es súper importante. Confía en mí, lo he vivido, he pasado por eso.” Y ella me dijo: “¿qué quieres decir con que ‘has estado ahí?” Y esta mujer terminó enloqueciendo y gritándome en voz alta “mari–n” en un bar en Brooklyn. ¡Y esto vino de una mujer bisexual!

Tenemos que admitirlo, esto es homofobia interiorizada, hay mucha hostilidad cuando dicen: “Si eres un hombre y has estado con alguien que tiene un pene, eres gay”, además de esto tenemos que enfrentarnos a los peligros de la homofobia en términos como: “no es seguro tener relaciones sexuales contigo, ya que ahora de repente eres [un] riesgo directo de VIH”, todas estas cosas que ignoran la ciencia y la existencia de la pastilla PrEP o del sexo seguro.

Esto es tratado con tal hostilidad que, para ser sincera, no es algo con lo que tengo mucha experiencia ahora con mi bisexualidad. Ahora tengo experiencias con una hostilidad similar hacia mi transexualidad, pero mi identidad queer ya no es motivo que le preocupe a nadie. [Se ríe]

¿Cómo te ves a ti misma como artista y cómo se integra en esto el hecho de ser bi?

JM: Creo que, en mi caso, conozco a mucha gente que se identifica como bi o pan y, sin embargo, su representación en los medios de comunicación es muy escasa. Siento la responsabilidad de representarla, sobre todo de contar historias objetivas sobre alguien que podría enamorarse de cualquiera de las personas que conoce. Hay algo realmente hermoso en la idea de que las personas bisexuales y pansexuales están abiertas a encontrar el amor en cualquier parte; que estamos abiertos a la posibilidad de que cualquier persona puede ser digna de ser amada.

A veces esto se confunde con ser “fácil” y con la idea que te puedes enamorar de todas las personas. Y yo quiero 1) hacer esa distinción en [mi] arte, pero 2) también captar esa hermosa idea de que el amor puede estar en cualquier parte, [que] la persona que buscas podría ser cualquiera de las personas que conoces. Creo que hay un “Romance” con R mayúscula en eso y un optimismo sobre el mundo, que creo que es infeccioso y que realmente quiero capturar.

Me recuerda a la historia de un hombre que acudió con rabino al darse cuenta de que podría ser bisexual y le preguntó: “¿qué significa esto?”. Y el rabino le dijo: “significa que tienes el doble de poder [de] amar“. Y él dijo: “¿eso es todo?”. Y el rabino dice: “eso es todo”.

JM: Sí. Me encanta. Creo que es muy cierto.

Mi bisexualidad es una parte muy importante de lo que soy… Llevo quince años siendo abiertamente bisexual, quizá un poco más, como 17 años, y ahora me parece mucho más natural de lo que fue durante mucho tiempo. Y creo que obviamente la transexualidad juega un papel en eso.

Quiero tener mucho cuidado con cómo digo esto…

Claro.

JM: Creo que la bisexualidad es aburrida. No lo digo con mala intención, sino con un sentido de “que importa”. Por supuesto, es muy importante que las personas bisexuales se identifiquen y se vean a sí mismas y todo eso, pero la idea de que a alguien le importe que alguien sea bisexual es la cosa más aburrida del mundo; es una tontería tener que identificarse. Por supuesto, lo hacemos, porque hay un millón de razones por las que lo hacemos. Pero se siente tan trillado que a alguien le importe. Me parece una tontería que sea controvertido de cualquier modo, forma o manera.

He trabajado en programas de televisión donde la gente ha dicho cosas como “los hombres bi no existen”. Incluso la mujer que me gritó en el bar cuando le dije, “pero acabas de decir que-” – y ella me dijo– “es diferente para las chicas, ya sabes, eso”. Creo que nuestra sociedad trata de manera diferente a la bisexualidad en las mujeres y en los hombres. Creo que existe la idea de que hay más espacio para la exploración en la feminidad que en la masculinidad. Pero incluso eso es una visión tan reducida de ambos conceptos. Me he encontrado en muchas situaciones en las que la gente dice: “Bueno, todo el mundo sabe que si un chico se involucra con otro chico significa que es gay”. Y eso, a mí, me parece una tontería.

Durante mucho tiempo, cuando me identificaba como hombre, solía decir que yo era el único hombre bisexual que conocía, pero me cogía a muchos heteros.

Pero creo que la bisexualidad está mucho más cerca a la norma de lo que la gente cree. La gente se encasilla todo el tiempo. Incluso dentro de la comunidad queer lo hacemos; nos categorizamos a nosotros mismos de maneras como: “soy un activo, soy un pasivo”, cuando la verdad es que conozco a muy pocas personas que sean exclusivamente algo. Y en la práctica, todos somos mucho más abiertos al mundo.

¿Hay algo sobre ti que te gustaría que la gente supiera y que quizás no forma parte de tu imagen pública? ¿Hay algo sorprendente sobre ti que la gente no esperaría?

JM: Soy un libro abierto sobre muchas de estas cosas, pero creo que una vez que la transición entra en esta ecuación, tu visión del género cambia radicalmente. Y creo que una vez que tu visión del género cambia tan radicalmente, incluso debatir sobre la bisexualidad parece retrógrada. Esto no quiere decir que la bisexualidad pierda importancia, sino que es lo más normal. Es, en cierto modo, la cosa más sencilla que hay.

Yo me identifiqué como un hombre, y me gustaban tanto los hombres como las mujeres y todos los demás, así que me identificaba como bisexual porque bisexual vs heterosexual es, en mi opinión, un argumento logístico sobre cómo quiere identificarse la gente. Pero esto cambia fundamentalmente cuando dices: “Bueno, yo me identificaba como hombre, pero no era un hombre; era una mujer. Pero soy una mujer que tiene un pene.”

Empieza a sentirse como si tuvieras “llantitas de entrenamiento” para poder participar en una conversación sobre el género. El género es muy amplio, y el amor también. Por ejemplo, si un hombre heterosexual quiere salir conmigo, ¿acaso él es heterosexual?

Esta es una pregunta que se hace constantemente en la comunidad trans. Sí. En cierto modo. Pero si a ese hombre hetero le gusta darme sexo oral, y se está metiendo un pene en la boca, ¿eso le convierte en queer?, ¿lo convierte en bi?, ¿lo hace heterosexual?

Cuando digo que la bisexualidad se convierte, en cierto modo, en lo más aburrido de mí, o en la versión más simple, no es para hacer menos a las personas bisexuales y decirle: “eres aburrido”. Es todo lo contrario. Creo que es más preciso decir: “Las personas bisexuales tienen la visión más evolucionada y normal sobre roles de género de todo el mundo. Cosa que de verdad no importa. Simplemente te gusta la gente con la que sales.” Y en contraste, definir la bisexualidad como oposición, definirnos a nosotros mismos en oposición a un sistema … Eso se siente tonto y reductivo. Mi existencia demuestra lo reductivo que es ese sistema. Porque si una muchacha sale conmigo, ¿ella es heterosexual? Si un muchacho que sale conmigo, ¿él es heterosexual? No sé ni cómo empezar a hablar de eso.

Quiero ser clara: no quiero que parezca que rechazo a la bisexualidad, porque en realidad siento exactamente lo contrario. La bisexualidad me parece la forma predeterminada de movernos por el mundo.

Yo creo que salir con alguien como una persona trans totalmente ha cambiado la manera en que me siento sobre este tema porque en Grindr, chicos gays tienen interés en mí; voy a Her, y lesbianas se interesan en mí; estoy en Tinder, y hombres y mujeres heterosexuales tienen interés en mí. Y todas estas personas se identifican tajantemente de esa manera. Sin embargo, yo cruzo todas esas cosas en su mente, lo que demuestra que la gente es bisexual aunque no utilicen esa etiqueta. Ser una persona trans es como tener una llave maestra en el discurso de la sexualidad, porque entonces: ¿sólo salgo con personas bisexuales?

Da la sensación de que todas estas etiquetas no son más que historias que usamos. Son historias que nos contamos a nosotros mismos para que nuestras vidas sean más fáciles de vivir y para que el mundo sea más fácil de procesar para nosotros. Pero al fin y al cabo, no importan más allá de eso. ¿Te enamoras de quien te enamoras, sales con quien quieres salir?

Cuando digo que quiero contar historias sobre personas bisexuales, ni siquiera sé si quiero decir que quiero contar historias sobre personas que se identifican como bisexuales. Quiero contar historias sobre gente que ve el mundo de esta manera tan amplia. Porque la gente con la que me cruzo, la gente que conozco, ve el mundo de esta manera tan abierta. Creo que hay más gente que ve al mundo de esta manera que la que no, y creo que mucha gente que conozco ahora, como persona trans, se ve obligada a empezar a reconocerlo debido a cómo me ven a mí y debido a que tengo partes de ambos géneros. Me identifico únicamente como mujer, no me identifico como no binaria; soy una mujer. Pero soy una mujer que tiene pene, y mucha gente lo considera como algo de la masculinidad. Tengo tetas grandes y un pene. Uso maquillaje y mido 1.90 metros. Hay todas estas cosas que, de alguna manera, son un poco de ambos, e influyen en cómo soy procesada.

¿De dónde vino tu amor por la escritura?

JM: Desde que era muy pequeña me encantaba contar historias. Cuando estaba en segundo o tercer grado, empecé a escribir historias … No me limitaba solo escribir el resumen de un libro, también escribía nuevas historias sobre el libro; ese tipo de cosas. Y me enamoré de las películas, los libros, las obras de teatro y todas eso, así que siempre estaba recreando eso. Siempre estaba tratando de contar mi propia historia.

Hay ese momento en el que empiezas a darte cuenta de la presencia del autor: “oh, esto no es sólo un libro, es un libro de Stephen King”. En la preparatoria me enamoré de Billy Wilder como guionista y director. Y así comencé a reconocer: “oh, esta es una película de Billy Wilder, así suenan sus películas”. O a Aaron Sorkin en programas de televisión: “así es como suena este personaje, así es como suenan estos autores”. La idea de enamorarme de la voz de un autor me hizo querer tener la mía propia.

Antes solías escribir sobre política para GQ. ¿Cómo diste el salto de la escritura a la televisión?

JM: Esas cosas sucedieron simultáneamente. Había dado el salto a la televisión antes de trabajar para GQ. Básicamente empecé a escribir para GQ cuando no estaba trabajando en un programa; a un editor le había gustado lo que escribía y le había gustado mi trabajo en Twitter y en la televisión, entre otras cosas. Así que sucedió al revés.

Previamente había trabajado en algunas empresas de comunicación; trabajé para Buzzfeed, donde escribía sobre deportes y política. Me encantaba. A veces me encanta escribir ese tipo de cosas.

Sobre tu trabajo en Dear White People, ¿cómo llegaste de ser una guionista a ser la directora de la serie, y cuál es la diferencia de trabajar como directora de una serie de ser una escritora para ella?

JM: Justin Simein, creador de Dear White People y uno de los directores de las cuatro temporadas de la serie, además de ser el guionista y director de la película, me contrató para escribir la primera temporada. No nos conocíamos. Simplemente leyó un guión mío y le gustó. Tuvimos una reunión bastante amena y nos terminamos llevando muy bien.

Así que en las primeras tres temporadas de la serie, sólo trabajé como guionista y productora. Justin y yo teníamos pensamientos muy similares, por lo que me dio más y más responsabilidad a medida que avanzaban las temporadas. Al final de la tercera temporada, me dijo: “si volvemos para la cuarta temporada, me encantaría que hicieras la serie conmigo, si quieres”. Y lo hice. Y estoy muy agradecida, siempre estaré agradecida por esa oportunidad.

Hablando de las diferencias, eran muy similares en algunos aspectos. El trabajo del showrunner es ayudar a dirigir la voz de la serie; tienes un poco más de esa voz de autor. En ese caso, Justin era la voz de autor, pero yo ayudaba a facilitar esa visión, que siempre fue mi objetivo, pero de repente se convirtió en más responsabilidad en ese trabajo.

Hiciste pública tu transición durante la pandemia, al final de la producción de una serie y al inicio de tu trabajo en otra, lo que te brindó un privilegiado punto de vista como creadora trans de Hollywood que trabaja junto con los altos mandos de la producción.

¿Qué cambios hubo en la forma en cómo te trataban otras personas del medio durante este periodo, o sobre la percepción que tienen de ti o de tu trabajo? ¿Cómo te gustaría que cambiaran esos tratos para otras personas que sigan tus pasos?

JM: Desde luego, ha habido gente con la que he trabajado, tanto antes como después de la transición, cuyo trato hacia mí ha cambiado drásticamente, y no para mejor; ahora despreciaban más mis ideas o la idea de que sabía lo que hacía. Creo que habían cosas que, cuando me identificaba como chico, las fingía hasta que lo conseguía y todo el mundo creía que sabía lo que hacía.

Y luego, una vez que hice la transición, sabía realmente lo que hacía; llevaba unos ocho años dedicándome profesionalmente a ello [escribir y producir], realmente sé lo que hacía. Y, de repente, la misma gente que le creyó a ese joven Jack, que pretendía saber lo que hacía, empezó a dudar de Jaclyn, quien sí sabía lo que estaba haciendo, sabía hacerlo.

Y eso creo que es muy frustrante. Creo que, en cierto modo, se trata de la transexualidad y, en cierto modo, de ser mujer y ver la misoginia desde ambos lados. Es el peor tipo de euforia: la euforia de género, es cuando alguien está siendo misógino hacia mí. “Ah, me ven como una mujer, eso es lo que quiero. Pero tratan de esta manera a las mujeres. Eso sí que está horrible.”

Así que me encantaría que la gente no tratara así a las mujeres. Creo que eso es una gran parte de ello.

Voy a hacer un poco de asociación de palabras con algunas de mis preguntas restantes:

Queer As Folk. Roxane Gay. Ruthie.

Dime en qué piensas cuando oyes estas palabras.

JM: Ooh, bueno. Esto es difícil.

Voy a empezar con que Roxane Gay es una delicia. Me encantó trabajar con ella. Ella es tan brillante, tan buena escritora. Tuvimos mucha suerte de que formara parte de la serie. Stephen Dunn, quien creó esta versión de Queer As Folk, sé le encantó, igual que a mi, trabajar con Roxane.

Estoy muy orgullosa de Queer As Folk. Estoy muy triste de que sólo durará una temporada. Tuvimos muy buenas críticas en general, pero creo que no conseguimos que la vieran las suficientes personas, y eso es una lastima. Espero que la gente la descubra con el tiempo, porque estoy muy, muy orgullosa de las historias que contamos en ese programa. Historias sobre la tragedia y el trauma, la alegría que surge de la tragedia, y sobre la invencible alegría queer que sobrevive a este tipo de historias difíciles a las que todos nos enfrentamos como comunidad.

En particular, puse mucho de mí en el personaje de Ruthie. Crear ese personaje con Jesse James Keitel y Stephen Dunn, encarnar a ese personaje y contar una historia trans complicada y desordenada, y permitir que una mujer trans no fuera perfecta, pero que aún fuera digna de ser narrada. Ser digna de ser lo principal, a pesar de haber cometido errores, engañar a su pareja y no siempre manejar las cosas de la mejor manera. Estoy muy orgullosa de ello, y para mí es muy importante poder contar complejas historias trans y queer.

Y Jesse James Keitel es una actriz brillante. Tengo tanta suerte de que ahora sea una de mis mejores amigas y espero poder contar más historias junto a ella algún día, porque es una mujer brillante.

¿Qué te depara el futuro? ¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos del que puedas hablarnos? ¿Algo que estés esperando con impaciencia para los próximos años o todo está bajo acuerdos de confidencialidad?

JM: He trabajado en la segunda temporada de Nine Perfect Strangers de Hulu, que se estrenará probablemente en el futuro. No creo que esté bajo acuerdo de confidencialidad, pero aún no la hemos rodado. Y esto es con Rachel Shukert, que es una escritora brillante. Ella es fantástica.

Aparte de eso, todo está en las primeras etapas. Hay cosas en marcha, pero no puedo hablar de ello.

Imagen/Matthias Clamer

¿Tienes algún consejo para los que recientemente comenzaron a identificarse como bi o queer, y/o algún consejo que te gustaría haberle dado a tu yo más joven antes de salir del clóset?

JM: Si sientes que eres bi o queer, no es tanto drama como piensas que es. Esa sensación antes de salir del clóset, yo desde luego tuve esa experiencia cuando salí del clóset, se siente como la cosa más complicada del mundo, y la verdad es que cuanto más vivas como tú, menos grande te parecerá. Obviamente, a veces salir del clóset tiene sus peligros, y tienes que asegurarte de que estás a salvo para hacerlo. Y nunca animaría a nadie a salir del clóset si está en un ambiente inseguro. Puede parecer una montaña demasiado alta para escalar, pero la verdad es que puedes escalarla.

Y si tienes miedo de perder a cierta gente por salir del clóset, tu vida será mejor sin esas personas. Creo que casi siempre esto es cierto. Si alguien no va a estar ahí para cuando vivas tu verdadera vida, entonces no es alguien a quien debes darle prioridad en tu vida.

*** Esta entrevista ha sido editada para su brevedad y claridad.